Histórico
17 enero 2012Jose David López

Copa África: Zambia, la sonrisa forzada

Zambia volverá a la Copa África 2012. Recuperamos su historia, la de superación tras un desastre aereo que lo desterró y que ahora disfruta con sus nuevas generaciones.

El fútbol africano tiene una facilidad enorme para protagonizar todo tipo de conflictos. La precaria situación política a la que la mayoría de sus países se ven sometidos, crea problemas eternos a la hora de organizar eventos deportivos de cierta relevancia. Además, la sociedad en general agoniza de cierta cultura lo que llevado al deporte rey se traduce normalmente en problemas con la violencia como telón de fondo. Lo hemos visto recientemente con Mali (cuyos jugadores fueron amenazados e incluso apuñalados en Togo) o en la mismísima final de la Champions Africana, donde el Étoile du Sahel recibía entre lanzamiento de proyectiles su corona de campeón.

Sin embargo, todos estos altercados son secundarios para uno de sus países, que vivió en sus carnes la pérdida de la mejor selección que jamás había disfrutado. No fue en un terreno de juego a ojos del pueblo, pero su adiós hubiera superado, con creces, una hipotética celebración por la Copa del Mundo. Zambia había caído en picado cuando buscaba una simple clasificación. Los Chipolopolo eran uno de los combinados más valorados en toda África desde que en 1988 derrotaran con rotundidad a Italia (4-0) en los Juegos Olímpicos de Seúl. Aquella cita, coronó al rápido y potente Kalusha Bwalya con un hat-trick que iba a significar, años después, el mejor recuerdo posible a una generación perdida.

Por entonces, Zambia gozaba de una extraordinaria mentalidad ofensiva, con un fútbol alegre que, aunque debatido en cuanto a resultados, les destacaba sobre el siempre defensivo y potente estilo africano. Allí, en gran medida, África se dio a conocer al mundo como un gigante refrescante en ideas, con mucho juego físico aunque igualmente ingenuo en lo que a tácticas se refiere. Aquella generación pasó a ser reconocida como ‘Equipo K. K.’.

Sin embargo, tras imponerse 3-0 a Islas Mauricio en partido de clasificación para la Copa África, la expedición marchó hacia Dakar, donde debía enfrentarse a Senegal en cita clasificatoria para el Mundial de Estados Unidos, que era el sueño a cumplir. Aquél ‘Buffalo’ (avión militar AF-319), repostó combustible en Congo y, más tarde, en el aeropuerto de Libreville (Gabón), donde surgieron algunos imprevistos que se debieron dejar a un lado (como que el piloto llevaba sin dormir casi dos días o que el avión necesitaba una pieza de repuesto en el motor y ésta no estaba a mano). Tras ello, el avión perdió un motor que prendió fuego hasta que cayó en picado a dos kilómetros de la costa, llevándose así a todo un país en el que, por situarnos en su extrema pobreza, aún perviven setenta y tres tribus.

El presidente de la federación, Michael Muape; el entrenador, Godfrey Chitalu; su ayudante, Alex Chola, y el médico Wilson Mtonga, así como los futbolistas Chabala, Muanza, Changue, Chomba, Kangua, Watiyakeni, Makinka, Mulenga, Mutale (máximo goleador de la liga nacional), Soko, Muila, Chansa, Muitua, Masuwa, Chikualakuala, Banda y Simamba, perdieron la vida en el momento. Aún hoy, para visitar sus tumbar, es necesario autorización porque, al parecer, los hinchas se llevaron hasta las flores como recuerdo. La tragedia salvó a los ‘europeos’ que se iban a unir a sus compañeros en la importante cita de Dakar días después. Musonda, del Anderlecht, Johnson Bwalya, del Bulle suizo y Kalusha Bwalya (el héroe de 1988 y mejor jugador), del PSV Eindhoven, nunca olvidarán que el destino quiso salvarles la vida, más allá desde luego, del dolor de haber perdido de un plumazo a todos los compañeros que luchaban por meter a su país en el Mundial. Un sueño que perseguían trabajando en las minas y cobrando unas 15.000 pesetas al mes.

Horas después, el ministro de Deportes zambiano, Dipak Patel, descartó que hubiera supervivientes y la desgracia se contagió en todo el país. Las familias pasaron meses demandando al gobierno por no haber parado aquel avión de pésimas condiciones (todo por no poder pagar cinco millones de las antiguas pesetas en contratar un avión a las líneas aéreas zambianas). La selección, sumida en un caos absoluto y con el 80% de sus jugadores totalmente desconocidos, prosiguió su camino mundialista -por las peticiones del pueblo a su estrella, Bwalya- con honra y tras ganar a Senegal (4-0) y a Marruecos (2-0), quedó a un solo punto tras perder ante Marruecos (1-0) en el partido final.

Justo un año después, con una selección completamente basada en sus juveniles, logró sorprender al conquistar el subcampeonato en la Copa África. Desde entonces, son sus jóvenes valores los que vienen dejando huella en los torneos inferiores pero con la llegada del Ghana 2008, la renovación se ha consumó para que, ahora, en Angola 2010, todo siga el camino hacia un crecimiento lento pero seguro. Zambia vuelve a sonreír, aunque sea a medias.

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