Histórico
13 enero 2012Francisco Ortí

Patrick Blondeau, la importancia de la lealtad

Los bajos fondos de Marsella se estremecieron al escuchar la noticia. Francis Vanverberghe, el ‘belga’, uno de los padrinos más peligrosos de la mafia marsellesa había sido asesinado. A plena luz del día y en una transitada cafetería de los Campos Elíseos de París, el mafioso fue tiroteado a sangre fría por dos encapuchados. Pocos días después también murió su guardaespaldas y dos de sus aliados más próximos. Nunca se descubrió quien orquestó el asesinato, pero todos sospecharon de una nueva mafia que quería imponerse por la fuerza en Marsella. En esos momentos, cualquier relación con el ‘belga’ podía ser una condena de muerte.

A Patrick Blondeau esto no le importó en absoluto. Obviando cualquier recomendación, el futbolista francés acudió al entierro de quien consideraba como un padre y fue uno de los portadores del féretro. Impuso la lealtad a su seguridad personal. Esa ha sido siempre una de las características que ha definido a Blondeau. La lealtad está por encima de todo, algo en peligro de extinción en el mundo del fútbol. “Siempre soy  legal y mi palabra es sagrada. Son dos cosas que hay que respetar siempre“, asegura quien fuera uno de defensas más duros del fútbol francés durante la década de los noventa.

Duro, intimidador y, en ocasiones, violento, Blondeau se convirtió en uno zagueros más temidos en la Ligue 1 desde que comenzó a asentarse en la élite vistiendo la camiseta del AS Mónaco, donde llegó en 1989 procedente del Martigues. Su fama de ‘tipo duro’ comenzó a construir desde su infancia, en las calles de Viste, uno de los barrios más conflictivos de Marsella. “Allí hay que saber defenderse, de lo contrario acabarás mal”, explica Blondeau, quien considera que sus orígenes han marcado el indomable caracter que le acompañó durante sus casi 20 años como profesional al primer nivel, proclamándose campeón de la Ligue 1 con los monegascos.

Paradójicamente, donde es más recordado es en el Olympique de Marsella. Apenas jugó tres años en el Velodrome y se marchó con las manos vacías (su mejor registro fue llegar a una final de la Copa de la UEFA en 1999 y perderla), pero caló hondo en la caliente afición marsellesa. Sus orígenes, su caracter siempre en ebullición y, sobre todo, su enconado odio al Paris Saint-Germain, le convirtieron en el símbolo del sector más radical de la grada. Y es que Blondeau fue uno de los jugadores que mas contribuyó a alimentar la enemistad entre el Olympique de Marsella y el PSG durante finales de los noventa.

Uno de sus episodios más célebres lo vivió frente a Marco Simone. Antes de saltar al terreno de juego en un duelo entre PSG y OM, Blondeau fue a buscar al delantero italiano y se encaró con él. “Sólo quería demostrarle quien mandaba. Con este tipo de jugadores, los bufones, hay que dejarles las cosas desde el principio, en el túnel del vestuario. Para tranquilizarles a veces hay que amenazarles“, bromea Blondeau. No se sabe que le diría a Simone, pero funcionó. El delantero italiano no apareció en todo el partido. Blondeau ganó el duelo psicológico por goleada.

Su duelo con Simone es solo uno más en el dilatado historial delictivo del defensa marsellés, que ha sido capaz de pegar un cabezazo a un policia con casco al considerar que ejercía mal su trabajo, o ensañarse con varios compañeros de equipo cuando se enteró que habían estado robando en el vestuario. “Todo el mundo me respeta y sabe como soy. Soy indisciplinado, tengo caracter, pero no soy malo“, explica Blondeau, quien actualmente ejerce de director deportivo en el US Créteil-Lusitanos y está casado con Véronika Loubry, una estrella de la televisión francesa. En estos momentos en los que el Olympique de Marsella sufre una temporada irregular, recuperar el espíritu de lealtad de Blondeau podría ser una guía para reverdecer laureles. Él la antepuso por encima de todo. Incluso por encima de su propia vida.

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