Histórico
26 enero 2012David De la Peña

Clásico (II): Cuando la indecisión no es un problema

Después de este clásico todo el mundo se pregunta porqué el Real Madrid no planteó este tipo de partido también en la ida. Es la pregunta fácil, la ventajista, la del análisis superficial y la descontextualización como recurso. Aquel día hablábamos de la indecisión de Mou. Sin lugar a dudas como algo lógico, teniendo en cuenta que el hecho de enfrentarte a una semana en la que preparas un partido contra este FC Barcelona es un reto sin parangón. La cantidad y calidad de recursos que es capaz de ofrecer el equipo de Pep Guardiola, a diferentes alturas, provoca que cualquier decisión pueda parecer errónea. Por un lado, dejar a Leo Messi recibir a sus anchas en la espalda de los mediocentros, o por otra, dejar al Barça vivir en ataque posicional con lo que ello supone, teniendo en cuenta que este equipo cuenta con apoyos y rupturas del nivel de Iniesta, Xavi, Alexis, Alves, Fabregas o el propio Leo. Cualquier opción es partir en desventaja, porque lo que tienes enfrente es tan difícil de superar, que la expresión más repetida de los resignados hinchas rivales, es un: “es imposible”. Y eso es lo que provoca la indecisión, la lógica indecisión.

Pero esa indecisión se deshace cuando la duda rebasa el punto de no retorno, y ese punto de no retorno se rebasó en el momento en el que el partido de ida llegó a su fin. Con un marcador adverso, no había otra opción. El Madrid tenía que tratar de hacer algo tan sencillo como vivir el mayor tiempo en campo contrario, y generar el mayor número de ocasiones posible, porque así había más posibilidades de alcanzar los, al menos, dos goles necesarios. Tan ‘sencillo’ como eso. Pep dijo en la previa que “el problema de este partido es que ya estamos clasificados, ellos eliminados, pero el encuentro aún hay que jugarlo”. Y fue un fiel reflejo de la realidad. El Barcelona se vio superado en muchas fases, porque tenía enfrente a un rival absolutamente desatado con unos argumentos futbolísticos arrolladores. Este hecho se antojaba casi impensable hace una semana, por lo que estando el Barça, un equipo de tal magnitud enfrente, dio lugar a un partido vibrante, magnífico en todo su conjunto, con grandes detalles que analizar por los dos bandos.

I. La presión del Real Madrid. Mourinho cambió por completo la fase defensiva. Mientras que en la ida la obsesión era cerrar todos los espacios que hacen de Messi algo imparable, ayer lo era recuperar lo más cerca posible del área rival. Mientras que en la ida Puyol-Piqué-Busquets iniciaban cómodos, en la vuelta les fue imposible. Y además, el Madrid lo hizo de manera armoniosa, haciendo de su presión un arma lateral, basculando bien e inhabilitando el cambio de orientación. Los más cercanos presionaban con agresividad y los más lejanos equilibraban el equipo. Encima, Mourinho cuenta con una pareja de centrales que es capaz de achicar a una altura bestial, y que además tiene la capacidad de correr hacia atrás con garantías por sus condiciones naturales. El Madrid jugó muy bien sin balón. La única pega es que enfrente estaba Leo Messi.

II. Messi. El hecho de que el Madrid no permitiese al Barça transitar como más le gusta, hace que Guardiola esconda un puñal bajo el tapete. Si en el partido de ida el achique de la defensa y la escasez de metros con respecto a los centrocampistas, provocaban que el astro argentino se ahogase entre esas dos líneas, la propuesta del técnico luso en el día de ayer hacía que Leo corretease por la espalda de los mediocentros a sus anchas. Y en el caso de que la línea anterior del Barça filtrase algún pase relevante, podía llegar la hecatombe. Campo abierto, conducción insuperable y recurso divino cuando se trata de ejecutar a esa velocidad y en tiempo récord. Así llegó el 1-0, que en realidad, cambiaba la tendencia anímica, puesto que la distancia de los blancos seguía siendo de dos goles. Tendencia anímica, que, quién sabe, cosas de los campeones, se transformó en un 2-0 tras un disparo bestial de Alves, suerte que la fortuna le negó a Özil con el 0-0 en una prueba que era también, de complicado éxito.

III: Özil. Pero el genio alemán no solo apareció en ese maravilloso disparo que no se coló de milagro. El partido de Özil es una clase magistral, fue una batería móvil que cargaba las pilas de sus compañeros cada vez que intervenía. Ofrecía ventajas al poseedor, daba tiempo con acciones técnicas sibilinas, y otorgaba continuidad a cada jugada de manera apabullante. Con Kaka’ transitando en el carril central, él recibía acostado en el carril derecho, donde se escapaba de las redes del genio Busquets, y hacía fuera-dentro o gestionaba el exterior según procediera. Y con una facilidad para la elección bestial. Özil está mejor físicamente, y su cabeza no tiene que preocuparse ya de eso, va a más, y el Madrid lo nota. El equipo aun espera que su mejor versión se encuentre a la vez con la de Di María, Cristiano y Benzema. Y cuando eso suceda, a por el paragüas. El chaparrón de fútbol puede ser incontrolable.

IV: Xavi. Si el Madrid pudo hacer todo eso, fue porque Xavi no ofreció su mejor versión. Por momentos, tuvieron más peso en la circulación Busquets y Fabregas, y eso es algo impensable estando en el terreno de juego el de Terrassa. Lo que sorprende todavía más, es que la interpretación del partido de Xabi Alonso fue bastante caótica. El Madrid se sirvió de una presión alta y de las embestidas de Lass sobre su zona para desactivarle demasiados minutos. Tampoco creo que la carga de Kaka’ sobre Busquets provocase daño a la recepción de Xavi, lo que lo hace aun, más preocupante. Preocupante hasta el punto de que no fueron ni una, ni dos veces las que Puyol batió líneas haciendo uso de su ímpetu, puesto que de veras, era difícil encontrar a Xavi. Es por eso que el hecho de que, como comentábamos, el achique Ramos-Pepe fuese más fácil ya que Xavi no tuvo el peso suficiente para habilitar más veces a Messi, Fabregas o Alexis en la espalda de los mediocentros, o incluso de los centrales, donde había espacio para correr.

El pase del Barça deja a las claras que la pegada del equipo de Guardiola es superlativa, y que aun encontrándose con enormes dificultades tiene recursos de campeón para salvar cualquier situación. Sin embargo, también deja un halo de esperanza, enorme además, para los madridistas, puesto que la versión que se vio ayer del Real Madrid en el césped del Camp Nou fue bastante buena. Ahora solo queda esperar al siguiente clásico, esperar su contexto, y descubrir como reacciona esta vez Mourinho ante la indecisión, porque esa próxima vez no habrá partido de ida. Habrá un 0-0 y un folio en blanco.

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