Histórico
20 diciembre 2011Jesús Camacho

One Goal, los mutilados de Sierra Leona

OneGoal - SierraLeona

Brilla un sol orgulloso de mediodía abriéndose paso y volando con una brisa que dibuja matices dorados sobre una playa atlántica de arenas blancas. Refleja sus brazos de luz sobre un mar que llora belleza a través de sus olas de azúcar. Y en su reverberante profesión de luz, un país de contrastes se muestra con toda la inmensidad de su belleza. En la playa de Lumley, en Freetown, la mano de un Dios pinta las acuarelas de un paisaje incomparable en el que un grupo de jóvenes se enfundan las vestiduras de la ilusión para hacer de Sierra Leona un inmenso campo de juego. Sobre aquellas arenas blancas por las que el tamiz del recuerdo establece la claridad invicta de la superación un joven de color dibuja sobre una pizarra de cartón la táctica de un partido para el que emplea el bélico lenguaje de la guerra.

Divide el campo entre norte y sur, y expone a sus compañeros las incursiones a realizar en el territorio del bando rival, los ataques por el flanco izquierdo, el repliegue por el flanco derecho. Pone todo su énfasis en remarcar la importancia del correcto despliegue de las posiciones ofensivas y la adecuada sincronización de las posiciones defensivas. Aquella charla táctica dibuja el discurso alentador, motivador de un nuevo comienzo, también una terminología cargada hoy de simbología, de metáfora, pero que ayer sembró de horror y verdad la vida de los  5.700.000 sierraleoneses. Pues no hace mucho tiempo la vida de todos ellos estuvo estigmatizada por una cruenta  guerra civil que acabó con más de 50.000 personas entre 1999 y 2002.

Afortunadamente ahora las balas no silban por encima de sus cabezas, la sangre que cubrió la selva tropical y las playas de Sierra Leona dejó de derramarse para fluir por unos corazones que baten con fuerza en el pecho de la esperanza. En corazones como los de aquellos chavales que decidieron dejar de volar con la imaginación para correr y sentirse libres con un balón que rueda por una arena, una tierra repleta de cicatrices.

En los ojos de Ibrahim aún combaten recuerdos de ceños ensangrentados y pesadillas de dientes afilados, aquel instante en el que con solo siete años la guerrilla destrozó su hogar, se llevó por delante a su familia y el arrogante rostro helado de la guerra atendió sus súplicas de clemencia. Si no fuera por aquellos ojos nadie conocería su historia pues aquel joven juega al fútbol con tanta ilusión como cualquier chaval que sueña con ser Rooney en cualquiera de los barrios lujosos de Manchester, de Inglaterra. Ibrahim es un grano de arena en una montaña de ilusiones, uno de los muchos jóvenes que componen la mirada poderosa de la superación en Sierra Leona.

Y en aquella Freetown en la que la libertad intenta abrir brecha entre la esperanza y el olvido el One Goal da lecciones de grandeza y superación desde el año 2001 para mostrarse por todo el planeta. Un planeta que únicamente se preocupó por los diamantes de las hermosa Sierra Leona, jamás por las condiciones de vida de la buena gente sierraleonesa, aquella que hace tiempo reaccionó para a través del fútbol dar una lección de vida a todos aquellos que a golpe de machete y balazos pretendieron acabar con la infancia de miles de niños y su existencia. Nadie podría imaginar la historia Ibrahim de no ser por aquellos profundos ojos y sobre todo porque aquel joven controla, pasa, regatea y corre con una sola pierna, pues forma parte del One Goal, equipo de Mutilados de Sierra Leona, aquel que consiguió transformar la realidad de todo un colectivo de jóvenes que dieron lecciones de vida y superación en cuanto alguien les mostró un poco de cariño, una ventana de luz y una puerta de esperanza por la que cruzar para salir de la desesperación y la mendicidad.

Una iniciativa que surgió de entre las cenizas de un campo de refugiados de la capital, en Freetown, donde un grupo de jóvenes marcados físicamente y con el alma tejida por un cordel de lágrimas, superaron su trauma con un balón blandiendo la poderosa bandera de la esperanza.  Un equipo, un proyecto que bajo el nombre One Goal fue evolucionando a la vez que el proceso de paz, hasta el punto de que aquellos chavales se convirtieron en verdaderos atletas. Futbolistas de verdad, que a una pierna y dos muletas demuestran habilidades que resultarían complejas para profesionales del balón con todas sus extremidades intactas. Todo un ejemplo de superación que pasea por todo el planeta su mensaje de paz, un equipo que hace año y medio tuvimos la oportunidad de ver en España. En otro tiempo iconos de una guerra y hoy iconos de una reconstrucción, una segunda etapa de existencia en la que por fin pueden soñar, sensibilizar y educar con su esfuerzo a su propio pueblo y a toda la sociedad.

Una asociación deportiva que crece y forma nuevos equipos en poblaciones de Sierra Leona, una historia hecha de aristas, muy verdadera y que pega fuerte en el corazón de la gente. Y es que desde que les vi jugar los párpados se me inundaron de pólvora y los ojos de mi memoria se poblaron de lágrimas, pues una admiración reconocible en mis años de infancia trajo consigo el equipaje del recuerdo. Aquel en el que jugando infructuosamente a ser jugador conocí a un entrenador que con una sola pierna y ayudado por sus muletas hacia malabares y regates al borde del equilibrio y al límite de la proeza. ¡Forza One Goal y sus mutilados de Sierra Leona¡

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