Histórico
14 diciembre 2011Jose David López

Al-Sadd, los anómalos ‘caprichos’ del destino

Al Sadd Campeón Champions Asia 2011

La precariedad del fútbol en algunos rincones del mundo, sigue recordándonos que el camino hasta la deseada competitividad global está aún lejos de alcanzar cotas reales. Malas administraciones, federaciones corruptas, falta de instalaciones en condiciones aptas y, sobre todo, un alarmante abuso de poder para quienes gozan de mejor suerte crematística. Obstáculos innegables para la pulcritud de toda competición, que erosionan y contaminan la honestidad del deporte rey. Una coraza suntuosa, sobre todo, allí donde el poder lo establecen manos que desgraciadamente encontraron pasatiempo en el fútbol. Y Asia, suelo fértil para el exotismo mercantil, también es accesible a servilismos. Los dólares bañados en petróleo moderan a su antojo jugadores, entrenadores y plantillas en todo el continente pero también competiciones, algo vilmente reflejado en la última edición de la ‘prestigiosa’ AFC Champions Asia.

La lejanía y abulia a una competición cuya única motivación en Occidente es conocer a final de año a su ganador (para desvelar quién participará en el Mundial de Clubes), evita que muchos de sus desfalcos anuales, tomen relevancia mundial. Al fútbol de primer nivel no le interesa que en el otro extremo del mundo la actualidad futbolística hable de fraudes, polémicas y artimañas irregulares, pero eso no esconde la realidad de lo ocurrido. Y es que el ahora rival del Barcelona en tierras japonesas, Al Sadd de Qatar, consiguió el título de coronación asiático envuelto  en una larga lista de argucias tanto en el césped como en los despachos. Pasó en meses, de no estar clasificado debido a sus nulos méritos deportivos, a levantar el trofeo más influyente y a la vez envilecido de la historia. ‘Caprichos’ de un destino quizás demasiado teledirigido.

Hace algo más de un año, la Federación Asiática de Fútbol, organizaba las bases de la fase de grupos de su competición estrella, una AFC dominada en la última década por clubes japoneses y sur-coreanos. Entre todos los campeones nacionales del continente, surgen problemas con la Asociación de Fútbol de Vietnam, que asegura no poseer toda la acreditación necesaria para que su único representante en el torneo, Song Lam Nghe An, cumpla los plazos establecidos. La organización del torneo decide eliminarles, prescindir de sus servicios, castigarlo y dar entrada en su lugar al Al Sadd de Qatar (el campeón de Vietnam no accede a la fase final, sino a una previa). La elección del club qatarí (con dos plazas ya otorgadas a su campeonato para los dos primeros clasificados), aún no tiene respuesta pues, además, Al Sadd había terminado en sexta plaza la campaña previa.

Jorge FossatiEn esa primera fase previa, un equipo dotado de jugadores con experiencia europea, recién reforzado con traspasos poderosos y consciente de la oportunidad de oro que le habían ‘otorgado’, iba a arrollar (5-1) al Al-Ittihad sirio, accediendo con facilidad a una fase de grupos donde hizo del empate su mejor virtud. Cuatro de ellos, bien sumados a dos victorias como local, le situaron en cuartos de final con la puntuación más baja de los líderes de cada grupo. En octavos, se derrotó por la mínima al Al-Shabab de Arabia Saudita (1-0) y se alcanzaron los cuartos de final, momento donde la máxima tensión iba a gozar de nuevo ‘favores’ hacia un combinado qatarí que no iba a desprenderse de la polémica hasta la final.

El Sepahan de Irán, un clásico en fases avanzadas de la Champions Asia, era el potente rival del equipo de Jorge Fossati. El partido de Ida se saldó con ventaja mínima para los iranís (1-0), pero varios días después, el comité organizador anunció que Rahman Ahmadi (portero), nunca debería haber podido actuar en ese partido porque había recibido dos tarjetas amarillas durante la fase de grupos jugando para su anterior club. Algo que el club iraní ya había comunicado a la administración y que le habían dado por aceptada. La sanción fue tan rotunda como exagerada y a Sepahan se le castigó con una derrota por 0-3 en ese partido (además de sanción al propio Ahmadi y 1.000 $). Y pese a la enorme injusticia sufrida, Sepahan se armó de fuerza contra las irregularidades y en un ejercicio de voluntad, fue capaz de vencer 1-2 en la Vuelta. Habían mostrado su superioridad ante un Al Sadd que acababa de fichar a su estrella, Mahamadou Niang, y que accedía gracias a sus grises movimientos en los despachos, a una semifinal.

El rival, el Suwon Bluewings sur-coreano, representaba la progresión de un fútbol que dominaba la competición en los últimos años. Dentro de un ritmo lento y de pocas ocasiones, Niang apareció en el tramo final para sentenciar con dos goles en contras bien definidas, justo lo que le faltó a los locales. Eso sí, el segundo tanto, con los coreanos volcados sobre el área visitante, llegó en una acción tan sucia como fuera de lógica. Suwon lanzó la pelota fuera para que atendieran a un rival supuestamente lesionado pero Al Sadd, en lugar de devolverlo limpiamente, decidió armar una contra rápida cuando nadie esperaba dicha reacción. Niang no sólo acabó marcando sin oposición, sino que la hinchada incluso amenazó con saltar al césped ante las injusticias que estaban presenciando. En la Vuelta, los qatarís, encerrados atrás desde que recibieron un gol en los primeros instantes, sacaron a relucir todo su potencial competitivo dentro de las artes menos agradables que permite este deporte si cuenta con la aprobación del colegiado. Pérdidas de tiempo, lesiones inventadas y nula intención ofensiva.

Así, se plantaron en la finalísima donde, más allá de ser un rival que espera, que coloca dos líneas muy juntas en torno a su área y que acumula efectivos como método defensivo, gozaron de la suerte necesaria para romper las previsiones. Jeonbuk Motors era el favorito. No sólo porque su experiencia y capacidad demostrada durante el torneo así lo presagiaban, sino porque la final se disputaba en su propio estadio. Con alternativas, cuatro goles y un arreón final de los locales que les permitió forzar la tanda de penaltis pese a merecer mucho mejor premio, Al Sadd había sobrevivido. A nivel individual, no sólo en el tiempo reglamentario sino también en los lanzamientos desde el punto de penalti, sus estrellas marcaron diferencias. Keita (ex Lyon), Niang (ex Marsella) o Belhadj (ex Lyon), no fallaron y la épica tarde del meta Mohamed Saqr, le llevaron a lo más alto en la final soñada.

Ahora, con la fama eterna de haber manipulado casi a su antojo la mayor competición asiática y haber formado a base de talonario una pequeña selección de ex jugadores de primer nivel, el equipo Al-Zaeem (significa el jefe, curiosamente), quiere protagonizar la mayor de sus victorias ante el mejor equipo del mundo. Los anómalos ‘caprichos’ del destino, ya chocan con lo imposible.

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