Histórico
13 diciembre 2011Jesús Camacho

Achmad Nawir: Fútbol tras el cristal

Indonesia 1938

La globalización es un fenómeno mundial que  tiene lugar en los campos del desarrollo, la economía, los escenarios sociales y las influencias culturales y políticas. Cada vez más naciones dependen de condiciones integradas de comunicación, del sistema financiero internacional y del comercio. Este fenómeno global afecta como dije a numerosos campos y el fútbol como fenómeno económico, cultural y social no ha permanecido ajeno a ello. En cualquier punto de nuestro planeta un niño sueña con ser como los grandes iconos del fútbol mundial y la pelota ejerce sobre ellos un poder de atracción tan grande que en muchos de los casos se les presenta como una de las únicas rutas de escapada de su penosa y dura realidad.

Por ello quizás en Indonesia, donde el 40% de la población, de 210 millones, vive por debajo de la línea de la pobreza, no hay otro deporte tan popular como el fútbol en la actualidad.  Y es que en este país que en la década de los setenta era una de las naciones más poderosas del fútbol del sudeste asiático, el balón rueda tan veloz como los umbrales de su pobreza. Lo que quizás muchos no conozcan es que Indonesia, país que en 1991 se adjudicó el triunfo en los Juegos del Sudeste Asiático y encuentra en los nombres de Ricky Jacob, Bima Satki y Kurniawan a sus futbolistas más conocidos, fue el primer país asiático y el único del sudeste en competir en un Campeonato del mundo.

Fue en el Mundial de Francia de 1938, cuando bajo bandera holandesa y como las Indias Orientales Holandesas compitió por primera y única vez en una competición de tal calado. Aunque las circunstancias fueron especiales, pues además de España, China y Japón (por evidentes razones bélicas) los países sudamericanos rehusaron su participación y boicotearon el evento al considerarlo como una afrenta de la FIFA, que por alternancia debería haber elegido un país del otro lado del charco, lo cierto es que Indonesia (por entonces las Indias Orientales Holandesas) aprovechó la carambola del destino y puso la nota exótica al citado mundial francés.

Cuentan que la expedición indonesia partió el 18 de marzo 1938 a bordo del MS Johan van Oldenbarnevelt de Tandjong Priok, desde Batavia hacia Holanda, primera escala en la que llevarían a cabo su preparación. Llegaron al puerto de Rotterdam tres meses después y tras un largo viaje en el que superaron duras tormentas por mar, jugaron varios partidos amistosos con suerte desigual para restaurar su estado físico y mental. Luego viajaron por tren hasta París alentados por los gritos de un grupo de partidarios, que cantaban el popular “Kora Kora, nee”.

Leopold KielholzEl seleccionador era el holandés Johannes Van Mastenbroek, que solía emplear un clásico y ofensivo esquema táctico de 2-2-6. Jugaron un solo partido en la Copa del Mundo, el disputado  5 de junio de 1938 en Reims (Estadio Velodrome Municipale) ante 9.000 personas. El rival fue la Hungría de Szalay, Zsengéller, Sarosi, Titkos, un equipazo que acabó subcampeón y pasó por encima de los indonesios endosándoles un incontestable 6-0. Van Mastenbroek hizo saltar al Estadio Velodrome Municipale  al once compuesto por Mo Heng Tan, Achmad Nawir, Hong Djien Tan, Frans Meeng, Tjaak Pattiwael, Hans Taihuttu, Suvarte Soedermadji, Anwar Sutan, Henk Zomers, Frans Hu Kon y Jack Samuels.

La apariencia física de los indonesios aportaron el toque exótico a la competición y las anécdotas se sucedieron en torno a ellos, entre los que destacaba sobremanera uno de los integrantes de aquella selección, aquella expedición. Al saltar al terreno de juego, junto a Sarosi, capitán húngaro un pequeño jugador ve el fútbol tras los cristales, su acusada miopía le obliga a portar unas gafas con las que pasará a la historia de los mundiales por convertirse en el segundo jugador en portar lentes en un Mundial. Su nombre era Achmad Nawir, futbolista del HBS Soerabaja y médico de profesión que se desenvolvía en la zona medular y repartía juego con su mirada de cristal.

Aquel mediocampista que repartía medicinas y juego en su Indonesia natal, en la que había nacido en 1911, se convirtió en símbolo e icono de una selección que cuentan protagonizó numerosas anécdotas en el único encuentro que disputó, pues dicen que el técnico holandés Van Mastenbroek, llegó a hacer varias sustituciones entre sus jugadores, aprovechando la similitud física, y el lógico desconocimiento acerca de sus características particulares. Las crónicas de la época resaltaron la superioridad del poderoso conjunto húngaro dirigido técnicamente por Alfréd Schaffer, pero no pudieron permanecer ajenas al vigor y exotismo de aquellos once pequeños futbolistas que perseguían a los húngaros liderados por un hombre, un futbolista y un doctor que veía el fútbol tras el cristal.

Jugaron tan solo dos encuentros a nivel internacional, aquel disputado en Reims y un segundo que disputaron ante Holanda tras el mundial en el que cayeron por otro contundente 9 a 0. Su trascendencia histórica queda por tanto en anécdota, pero no así su peso en el anecdotario histórico del fútbol mundial y en la historia de su país, pues en 1938 la Indonesia de Achmad Nawir paseó el nombre de Asia con gran modestia pero mucho orgullo. Un orgullo representado en la figura de Nawir, leyenda de su país que falleció en 1995 y quizás no viera el fútbol con la clarividencia magyar, pero que sí pudo verlo pese a su acusada miopía, tras aquellas gafas que se convirtieron en las segundas que se vieron en un Mundial, pues en Italia 1934 el suizo, Leopold Kielholz, marcó el primer gol de Suiza en un Mundial, e hizo dos más portando su leyenda tras unas gafas de contacto. Pasando a la historia del fútbol suizo como “el goleador de las lentes”, aquel que no tenía la portería entre ceja y ceja, pero marcó un hito en la historia del fútbol de su país al anotar 40 goles en la temporada 1932/33, jugando para el Servette del legendario Karl Rappan.

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