Histórico
1 noviembre 2011Jose David López

Viktoria Plzen: La ‘Pale Lager’ original

Varios descubrimientos independientes entre sí pero con la similitud de exponer al aire diferentes jugos de frutas o extractos de cereales, engendraron la base para el nacimiento de las bebidas fermentadas. Las civilizaciones Egipcia-Babilónica introdujeron sus primeras mejoras que, Atenas-Roma posteriormente, se encargaron de comercializar al pueblo. Había nacido el mercado de la cerveza que, por entonces, resultaba singularmente atractivo en aquellos entornos de vida bohemia y placentera, gentes que quedaron hipnotizadas ante la capacidad embriagadora de aquella euforia alcohólica. Desde 1945 la industria cervecera ha logrado un gran desarrollo, duplicando su producción mundial en sólo dos décadas y convirtiéndose ya hoy en seña identificativa en países de diversas costumbres.

Que su consumo sea notable en países tan diferenciales y distintos entre sí como Japón, Rusia, México o España, refleja la naturaleza libre de su sabor, la facilidad para embaucar a quienes la probaron y su capacidad para convertirse en indispensable allá donde existan celebraciones, momentos de alegría o reuniones entre amigos. Un mesón español, un pub irlandés, una terraza entre canales belgas y, sobre todo, una pivo en ese dédalo de calles primorosas que compone el centro de la desconocida Pilsen. Epicentro privilegiado para disfrutar como en ningún otro lugar del mundo de una cerveza exclusiva, la ‘Pale Lager’ (con mucho gas carbónico, natural o añadido) que fabrica Pilsner y que aún hoy, supera en seguimiento y fama al otro ‘gigante’ comercial de la ciudad, el Viktoria Plzen.

Y es que mientras la cerveza ya provocaba delirios en sus sigilosos bulevares y germinaba su particular núcleo mercantil en la ciudad, el fútbol pasaba de puntillas y sin protagonismo por el suroeste de la República Checa. Casi una década le costó al entonces SK Victoria encontrar un estadio donde concentrar su trabajo diario en busca de la profesionalidad, y cuando lo consiguió, vagabundeó entre alquileres institucionales para seguir citando a sus escasos seguidores en un enclave siempre humilde. Como maleficio a su inútil pelea, el modesto estadio fue bombardeado en 1945 por aviones estadounidenses y las pocas redes que había logrado extender, quedaron apagadas en el incendio.

Con hasta siete denominaciones diferentes en su historia, producto de la citada inestabilidad directiva y de la necesidad de patrocinadores que impulsasen su propuesta deportiva, el Viktoria Plzen (reconocido como tal desde 1993), siempre fue actor secundario ante el dominio de mitos capitalinos. Y es que en Praga, primero el Dukla-Bohemians y después Sparta-Slavia, siempre han estado los grandes protagonistas futbolísticos del país, los que ambientaban la competitividad de la Gambrinus Liga (otro nombre cervecero derivado de la multinacional Pilsen). Por ello, la simple capacidad del Viktoria para desarrollarse en el ostracismo de una ciudad de apenas 165.000 habitantes y de plantar cara hasta superar a sus grandes enemigos nacionales, supondría un avance plausible dentro de la regularidad de un fútbol académico y sin estridencias desequilibrantes. Desde hace varios años, en el coqueto y modesto Stadion města Plzně (de menos de 7.500 espectadores), no sólo retaron al dominio de Praga, sino que rebasaron cualquier osadía soñada al levantar la Pohár ČMFS (Copa Checa) en 2010 y destrozar mitos un año después, en este 2011, conquistando la primera Gambrinus Liga de su historia.

El discreto coeficiente del campeonato checo obligaba a cumplir varios milagros consecutivos para alcanzar la fase final de la Champions. Dos fases previas que salvó ante Pyunik yRosenborg (vencer a los noruegos estaba fuera de todo objetivo real), pero sobre todo la ronda final ante un equipo que venía de conseguir grandes titulares meses anteriores en toda Europa, el Copenhague. Una osadía positiva fuera de cualquier somnolencia cervecera que se convirtió en el asalto definitivo al continente, que desde hace unas semanas ha sido capaz de situar Plzen en el mapa futbolístico. Tan humilde sigue siendo su ‘morada’, que la UEFA les obligó a partir de esa citada ronda ante los daneses, a trasladarse a Praga, para celebrar sus partidos en el vanguardista Stadion Eden, que actuó de ‘salvavidas’ pero que alejaba el fútbol de máximo nivel a aquellos que lucharon para ver a su equipo en el primer plano justo en su aniversario.

Consiguiendo un solitario punto en el partido más accesible ante el BATE Borisov (1-1) y evitando ser avergonzado ante gigantes inalcanzables como Milan (2-0) y Barcelona (2-0), el modesto fútbol checo asume su rol. Sin opciones competitivas y consciente de sus limitaciones, el reto de los chicos de Pavel Vrba es, como poco, mostrar al planeta que las noches Champions en la República Checa se disfrutan con marisco, ensalada o canapés, pero desde luego, con una ‘pale lager’, una cerveza tan original y exclusiva como su fútbol.

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