Histórico
23 noviembre 2011Jose David López

Milan: Pirlo, Aquilani y la reconversión improductiva

Por cuestiones lógicas de la edad, las personas mayores se jubilan y ponen fin a una larga trayectoria laboral. A su vez, la juventud no encuentra su lugar y desespera en la búsqueda de empleo, aunque sigue anulando posibilidades en puestos de trabajo que sí necesitarían continuidad debido al desgaste del círculo profesional. Allí donde un anciano finaliza sus obligaciones, queda una plaza libre que ocupar, pero sus labres, arcaicas y dependientes, exigen una vida dedicada en pleno a su desarrollo. El mundo agrario intenta encontrar jóvenes capacitados y motivados para incorporarse a explotaciones ganaderas, aunque se topa con la amenaza de abandono en el sector y la desaparición de industrias de las zonas desfavorecidas menos competitivas.

El principal objetivo es la viabilidad del futuro y la sostenibilidad del medio, algo que se enmarca por igual en las explotaciones lácteas de Galicia, que en Via dei Piccolomini de Milan (San Siro). Por un lado, los gallegos han iniciado un plan de reestructuración para conseguir un modelo de explotación óptimo, la solicitud de la financiación necesaria, la tramitación de las ayudas y la posibilidad de un relevo generacional. Por el otro, en Milan ya dieron el primer paso en su transformación hace justo un año (con la llegada de Allegri), no atraviesan un momento estable en su economía y buscan nuevos modelos de explotación comercial, aunque su principal problema, como en Galicia, radica en el relevo generacional de su creador, un modelo con un protagonista ‘esclavo’, Alberto Aquilani.

El perfil de mediocentro que sale de Trigoria, cumple la definición ideal de lo que en Roma entienden como un jugador que ocupe la posición determinante en cuanto a equilibrio, carácter, liderazgo y capacidad técnica. De allí salió el ahora ídolo Daniele De Rossi, enérgico, caracterial, de agresividad pero no exento de calidad y, sobre todo, con capacidad de llegada. Una cualidad esta, la de ofrecer un alternativa desde segunda línea apareciendo por sorpresa, la de concluir acciones ofensivas con disparos desde media distancia y la de incorporarse al ataque con potencia y descaro, que se convirtió en la mejor de las habilidades del posterior crack salido de la cantera de Trigoria, el propio Aquilani. Pocos años de margen entre dos jugadores consagrados poco a poco en el primerísimo nivel mundial, pero muchas diferencias y un castigado, pues mientras uno crecía adorado en el Olímpico, el otro era torturado por sistemas tácticos que intentaban reconvertirlo y readaptarlo a sus necesidades. Un error que, aún hoy, marca cada uno de sus partidos. Víctima de la falta de clarividencia global que vive el fútbol, vive atado a un sistema que intenta darle galones de organizador, una condición que no le pertenece, para la que no está preparado y quizás nunca lo esté.

Traspasado como uno de los últimos talentos del fútbol italiano al Liverpool hace ya dos campañas, no pudo encontrar su forma física en Anfield, lo que limitó muchísimo más una adaptación delicada a un estilo demasiado físico y aguerrido para sus cualidades. Potenciarlas estaba en manos de un Benítez que lo contrató como piedra angular para sus últimos días ingleses, equivocándose nuevamente en la base, pues Aquilani jamás pudo cumplir ese rol que, nuevamente, intentaba sacarlo de su mejor posición. Sin intenciones aseadas, demasiado directo y anhelando un jugador capacitado para dar sentido a la transición ofensiva de los Reds, el club decidió desprenderse del italiano cuando surgió la posibilidad de devolverlo a Italia.

Lo que parecía una salvación, acabó siendo un clon en un entorno igualmente hostil, demasiado presionado y con la tensión alterada por lo negativo de los acontecimientos que lo rodeaban. La Juventus, tampoco pudo encontrar en él su pilar constructivo, por lo que decidió dejarlo salir y seguir buscando para acabar contratando a Pirlo (curiosamente al que ahora suple en la Vecchia y el jugador al que intenta hacer olvidar en Milan), el iniciador de esa estirpe, el enclave concreto de un estilo que ningún otro improvisado mediocentro ha logrado reproducir. “¿Pirlo? Sería una comparación injusta. Somos dos jugadores completamente diferentes”, defiende el rossoneri, consciente de que ese peso no beneficia y de que ese rol no debe vincularse con el suyo, aunque nadie parece escuchar sus lamentos.

Pirlo, como Aquilani, tuvo que lidiar con entrenadores tácticos, esquemas que esclavizaban sus cualidades y años de readaptación que terminaron dando con la clave pues, al final, sí fue capaz de auto-convencer a todos como mediocentro en su más extenso significado (gracias a un entrenador que supo leerlo, Carlo Ancelotti). También nació tre-quartista, pero sus pies de seda no envejecen y siguen impartiendo clases cada semana, aquellas a la que el ahora milanista está obligado a asistir a diario, pues su opresión, es aún más radical. Uno consiguió hacer ver el camino. El otro, necesita quitarse de encima el castigo y romper con una etapa eterna de reconversión improductiva. Aquilani nunca será ‘il creatore’.

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