Histórico
4 noviembre 2011Daniel Cana

Liga: De horarios y medias verdades

El primer partido al mediodía de Real Madrid o FC Barcelona está a punto de llegar. El próximo domingo 6 de noviembre el equipo blanco recibirá a Osasuna en el Bernabéu a las 12 horas, culminando el cambio horario iniciado por la Liga BBVA y el operador televisivo esta temporada. Bajo el paraguas de la rentabilidad, los nuevos mercados asiáticos, el marketing o el pay per view, y siempre con la comparación con la Premier League presente, el fútbol televisado se ha convertido en España en un producto despiezado y despachado de manera tan fragmentada que un domingo rozando la media noche se juega primera división, doce horas más tarde del inicio del primer partido del día.

Los responsables cuentan mucho pero explican poco. El ejemplo británico. En Inglaterra comenzaron a disputarse partidos antes del habitual y tradicional horario de las 3 pm (hora local) para intentar que los hooligans ingirieran la mínima cantidad de alcohol posible antes de entrar en el estadio. En los años 80 y 90 no era tan fácil o frecuente ver a familias enteras con niños en las gradas de los estadios. Luego la situación mejoró, llegaron las butacas seguras y obligatorias, la prohibición de venta de alcohol y de acceso al estadio en estado de embriaguez y, en general, la conversión del salvaje fútbol inglés a producto cómodo y casi elitista.

Que el horario de mediodía supusiera el prime time televisivo en Asia llegó después, mucho después, y como consecuencia, no como primer objetivo. Los precios han subido y los estadios ingleses no son muy grandes, pero están siempre repletos y casi todas las entradas vendidas. El hincha, aún con todo el énfasis mercantilista como el de las camisetas (bendita pasión, en cualquier caso) persiguiéndole, continua, si no mimado, sí respetado. Los horarios coinciden con la cultura del país, de su fútbol y de las costumbres de la gente que va al campo, que, aunque algunos parecen haberlo olvidado, son personas y no cuentas bancarias o tarjetas de crédito andantes.

Los equipos españoles, la clase media, en lugar de aprovecharse de compartir producto con Real Madrid y FC Barcelona (grandes ayer, grandes hoy, grandes en el futuro) a la hora de negociar los contratos televisivos, hicieron la guerra por su cuenta, sin reparar en el número ni en la calidad de sus ejércitos, solo preocupados de trampear en la batalla diaria perdiendo la guerra. El error del corto plazo. Así, el operador, Mediapro en este caso, trocea los horarios al disponer de un único canal y al tiempo facilita a D+ la explotación de la antigua y deficitaria taquilla con el duplicado Canal + Liga 2. Ahora cuatro o cinco partidos cada fin de semana son cobrados al precio de uno de pago de hace tres temporadas.

Lo que es (presuntamente) bueno para la TV, es un desastre para la radio. Independientemente del actual conflicto por los derechos y el accesos a los estadios, los antiguos programas con varios partidos a la vez dejan de existir. El pasatiempo para el oyente, que al tiempo que escuchaba a su equipo se enteraba de lo que hacían el resto.  Pero no es el verdadero problema. El aficionado reside en una ciudad, y en ella va al fútbol, a ver al club al que sentimentalmente está unido o al que la geografía le permite con una rutina más habitual. Y es este aficionado, de pago también, como el que se queda en casa viendo TV, el que está siendo sistemáticamente despreciado en España.

La gente va al fútbol porque es una pasión intrínseca de este país, y como tal conlleva su punto irracional. Vamos al cine, al teatro, a los auditorios de música clásica o las conciertos de rock con los horarios y entradas predeterminados y disponibles con semanas de antelación. En el fútbol esto es un columpio, que oscila, insisto, entre intervalos de doce horas de sábado a lunes (viernes para los sufridos espectadores de la Segunda División). Para los gestores del fútbol español, el aficionado consumidor de fútbol tiene un valor cercano a cero. Afortunados los fans asiáticos, parece que ellos son más considerados.  Y sin moverse de casa.

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