Histórico
29 noviembre 2011Jesús Camacho

Gary Speed, “Corazón de Dragón”

Gary Speed

Las calles de Huntington languidecen entre la niebla, las farolas dibujan una avenida de vapor mientras la ciudad despierta conmocionada bajo un cielo color ceniza y la bóveda brumosa de una fatal noticia. En su residencia de Huntington, uno de los mayores competidores de la historia de la Premier parece haber sucumbido a la competitividad de la mente y la vida. En circunstancias aún no aclaradas Gary Speed, el galés incombustible, aparece ahorcado en el garaje de su casa. La primera persona en verlo, su esposa Louis. Quizás superado por las emociones, solo quizás, puesto que aparentemente todo iba bien en su vida y la respuesta posiblemente resida únicamente en lo más profundo de su mente.

En aquel lugar en el que la madeja neuronal que teje nuestras emociones y sentimientos, encontró preguntas para las que eligió respuestas equivocadas. ¿No tiene sentido verdad? Pero desgraciadamente es así, en aquella irreparable escapada los cimientos de la Premier crujen en el silencio que sostiene las lágrimas del recuerdo. Cuentan que en el fútbol y en la vida la felicidad va subida en el carro del error y el acierto, dicen que es tan efímera como las letras del vapor del agua. En el deporte el recuerdo y el olvido delimitan la delgada línea que separa el éxito del fracaso, y como el fútbol se rige por olvido y recuerdo, quisiera dedicar estas líneas a aquel que por razones que aún se desconocen decidió dejar de competir con la vida a la edad de 42 años, poco tiempo después de colgar las acuarelas de su carrera en la leyenda de la Premier.

Y en aquella leyenda reside el perfil de un futbolista que durante 22 años paseó su nombre por los campos británicos, portando las camisetas de Leeds United, Everton, Newcastle, Bolton Wanderers y Sheffield United. Con 677 partidos disputados entre la Primera y Segunda División inglesa y 103 goles anotados, Speed que comenzó siendo un centrocampista zurdo con clase, gol y mucho carácter, fue moldeando su morfología física hacia la resistencia y la contención, para acabar convirtiéndose en la roca galesa y el animal competitivo que paseó su profesionalidad hasta la cuatro décadas de existencia y las dos de fútbol.

Una historia a la que dio comienzo en Mancot (Galés), localidad en la que nació un 8 de septiembre de 1969, y en la que fue forjando su afición por el fútbol y el Everton, club del que era seguidor. Y como uno de los mejores graduados de Flintshire Schoolboys y ex alumno de la Hawarden High School encauzó su carrera en 1988, cuando a la edad de 18 ingresó en las filas del Leeds United, club al que llegó para consolidarse en la media de lujo de un equipo que se coronó campeón de la Liga inglesa en 1992, un año antes de convertirse en Premiership. Una media que compartió junto a Gordon Strachan, Gary McAllister y David Batty, aquella que surtió de balones a Eric Cantona, futbolista que en los pocos meses que se enfundó la casaca de los whites les dio el gran salto de calidad que les permitió acometer metas por las que no luchaban desde aquel célebre Leeds de los años sesenta y setenta. Speed fue acero y gol en aquella media que tocó el cielo en el año 92, el mediocampista galés se enfundó la casaca white en 248 ocasiones y participó en la final de Copa perdida ante el Aston Villa en 1996. Año en el que el Everton, club del que había sido seguidor desde niño firmó su pase por 3,5 millones de libras.

Pese a que llegó a portar la capitanía del equipo entrenado por Howard Kendall, su pasó por el conjunto toffe resultó efímero, pues abandonó el club en circunstancias controvertidas, siendo capitán y por razones jamás reveladas. En cualquier caso Gary dio continuidad a su carrera en las filas del Newcastle United, donde le esperaba la mejor afición de Inglaterra para acogerle con cariño y pasión para la causa urraca. Allí se pudo ver a un futbolista consolidado en su rol de medio de contención, una roca que compartió tardes y fútbol junto a jugadores de la talla de Shearer y Shay Given, con los que perdió dos finales de la FA Cup, la primera ante el Arsenal en 1998 y la segunda ante el Manchester United, un año después.

Gary se convirtió en santo y seña de la media del Newcastle, un futbolista muy fiable y regular para todos sus técnicos, disputando 248 encuentros hasta que en el año 2004 se marchó al Bolton Wanderers, donde Speed consolidó su leyenda al convertirse en el primer jugador en alcanzar los 500 partidos en la Premiership desde su creación en 1993. Fue en la victoria 4 a 0 sobre el West Ham United en diciembre de 2006 y acabó estableciendo su cifra en 535 encuentros disputados en la categoría reina del fútbol inglés. Un año más tarde y tras la crisis que significó la destitución de Sam Allardyce, asumió el puesto de jugador-entrenador. En 2007 su gol al Reading le convirtió en el único futbolista en anotar en cada temporada en la Premier, un registro que igualó y superó poco después otra leyenda como Ryan Giggs.

Gary Speed fue y era un animal competitivo, una roca difícil de derribar, inquebrantable, con un carácter poderoso y el perfil de aquel que estaba dotado para asumir la personalidad en el terreno de juego del conjunto de todo su equipo. Quizás por ello nos sorprende tanto la triste noticia de su fallecimiento, la forma en la que se ha producido, pero en el fútbol como en la vida, tras el disfraz de la apariencia puede estar camuflado la piel frágil de la debilidad.  Aún así su carrera quedará para siempre en la memoria histórica de la Premier, aquella que recuerda que tras su paso por el Bolton siguió paseando su fortaleza en la medular del Sheffield United, equipo al que llegó en 2008 y en el que jugó hasta que una lesión en la espalda le retiró de la competición para entrar definitivamente en la leyenda de la Premier. Se resistió hasta el final, luchó como un jabato para seguir y aunque asumió la dirección técnica del equipo, siempre se reservó la posibilidad de volver al terreno de juego inscribiéndose como jugador. Una circunstancia que no fue posible y precipitó su adiós a la edad de 41 años, cuando dijo adiós de forma definitiva a su desempeño futbolístico para comenzar su carrera en los banquillos.

Y en la memoria de aquellos banquillos que dejaban paso a su futuro como entrenador, quedó para siempre la leyenda que atestigua que el futbolista de Mancot, fue un galés tan incombustible o incluso más que Ryan Giggs, pues se enfundó la casaca de País de Gales en 85 ocasiones, estableciendo records y luciendo los galones de la capitanía de la selección desde los tiempos de Ian Rush y Mark Hughes. Una selección de la que era máximo responsable desde diciembre de 2010, cuando sucedió a John Toshack, para mejorar sensiblemente sus resultados. Por ello la noticia de su fallecimiento ha causado tanta conmoción en las Islas, porque todos los que le conocieron le recuerdan como un tipo fuerte, de carácter sólido. Un futbolista, una persona, a la que se le había concedido el éxito y la victoria gracias a la constancia. Gracias a ese carácter de feroz caballo rampante que quizás condicionó los impulsos más salvajes y finales de un corazón herido. El rojo “Corazón de Dragón” de un hombre que posiblemente escondía recovecos que la apariencia disfrazó de fortaleza. Descanse en Paz Gary Speed.

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