Histórico
23 noviembre 2011Francisco Ortí

Chelsea: Berezovsky y el pasado oculto de Abramovich

En el pasado de cada uno se encierran bajo llave secretos con la esperanza de que nunca sean revelados. El propietario del ChelseaRoman Abramovich, no lo ha conseguido. Su más oscuro secreto se llama Boris Berezovsky, ha reaparecido y está decidido a acabar con él a cualquier precio. Berezovsky y Abramovich construyeron juntos sus fortunas durante la década de los noventa bajo el permisivo gobierno de Boris Yeltsin. Eran inseparables hasta que Vladimir Putin se cruzó en sus caminos. Berezvosky tuvo que huir de Rusia y encontró cobijo en Londres, donde sobrevive como refugiado político. Abramovich, por su parte, se convirtió en la mano derecha del nuevo presidente, continuó engordando sus bolsillos, lavó su imagen y es uno de los hombres más influyentes de Londres como máximo accionista del Chelsea. Dos realidades opuestas que estos días se cruzan en el Tribunal Comercial de Londres.

Berezovsky ha llevado a Abramovich a juicio reclamándole casi 4.500 millones de euros, alegando que el ahora propietario del Chelsea le obligó a venderle sus acciones de la petrolera Sibneft por un precio muy inferior a su valor aprovechándose de su delicada situación política. El juicio se ha convertido en un combate de boxeo sobre un campo de minas. Los dos contendientes se golpean sin descanso, pero siempre prestando atención a que sus pies no pisen algo que juegue en su contra. Un frío intercambio de acusaciones medidas para no inculparse a sí mismos y con un nombre presente en todo momento: el de Badri Patarkatsishvili, el tercer propietario de Sibneft, que murió en condiciones sospechosas en 2008 en su mansión de Leatherhead y cuya sangre amenaza con manchar las manos de los dos protagonistas proceso judicial.

Las malas lenguas apuntan que la denuncia es un desesperado intento de Berezovsky por resucitar una fortuna que comienza a extinguirse. Sin embargo, los motivos que impulsan al oligarca son algo más que económicos. Berezovsky persigue un objetivo más personal. Quiere destruir a Roman Abramovich. Ansía bajarle del pedestal de hombre de la jet set (grupo social de personas ricas) y desenmascarar el oscuro pasado de quien ahora considera como su enemigo íntimo por haberle traicionado y aliarse con Vladimir Putin. Berezovsky adoptó a Abramovich como su discípulo, juntos se cubrieron de oro, pero cuando Putin frenó sus aspiraciones políticas y se vio obligado a huir de Rusia, el propietario del Chelsea olvidó cualquier relación de amistad y se alió con el nuevo presidente del país para continuar agigantando su fortuna.

Ese fue el punto final de una estrecha relación que nació en 1994 sobre la cubierta de un yate en el Caribe. Por entonces, Berezovsky ya había comenzado a construir los cimientos de su influencia política y su extensa fortuna, conquistando el mercado de los automóviles y comprando el principal de canal de televisión de Rusia, y descubrió en un joven tímido y rechoncho como Abramovich un socio ideal para sus próximos negocios. En cuestión de meses es joven que acababa de invertir todo su dinero en una empresa de juguetes de plástico y al que confundían con un camarero durante las fiestas de la jet set pasó a ser uno de los hombres más millonarios de Rusia. Los orígenes de su fortuna nunca han estado claros, pero ésta se multiplicó gracias a los consejos de Berezovsky.

Juntos se mudaron al Kremlin y como protegidos de Boris Yeltsin entraron en el negocio del petróleo y el aluminio, multiplicando por miles sus ingresos y privatizaron Sibneft, una de las petroleras más poderosas de Rusia. Las cuentas eran perfectas para ambos, pero Berezovsky quiso algo más. Sus aspiraciones políticas y sus peligrosas ideas sobre Chechenia le convirtieron en un problema para Vladimir Putin, que lo convirtió en su enemigo. Enfrentarse abiertamente con el presidente de un país nunca es recomendable y menos si éste es Putin. Como resultado de la rivalidad entre ambos, Berezovsky tuvo que huir de Rusia en 2005, perseguido por acusaciones de desfalco, fraude y lavado de dinero, y sobreviviendo a varios intentos de asesinato. Abramovich, por su parte, solo buscaba más fortuna y no dudó en aliarse con Putin, con quien ahora mantiene una estrecha amistad.

Siete años después Abramovich es uno de los hombres más ricos del mundo, desperdiga sus lujosos yates por todo el mundo, y aumenta sus influencias desde el palco de Stamford Bridge, mientras que Berezovsky no es más que un refugiado político con sed de venganza. El maestro quiere recuperar lo que le ha arrebatado su discípulo y ha esperado mucho tiempo para preparar su ataque. El imperio de Roman Abramovich se tambalea ante la vengativa furia de Berezovsky, aunque la principal preocupación del magnate ruso esta noche no serán los secretos de su pasado, sino el presente de su equipo, el Chelsea, que se juega su futuro en la Champions League contra el Bayer Leverkusen. Y es que el proyecto de André Villas-Boas también se tambalea. Caprichos del destino.

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