Histórico
29 noviembre 2011Francisco Ortí

Bergamini, falso suicidio en la estatal 106

La noche parpadea bajo la luz de la sirena de policía en la estatal 106. El frío arde en los pulmones y la lluvia teje un velo que secuestra la visibilidad. Un espeso río de fango cubre la carretera y sirve como colchón para el cuerpo sin vida de Donato Bergamini, jugador del Cosenza. A su lado, un camión de trece toneladas se declara culpable de homicidio involuntario. Le ha atropellado y arrastrado a lo largo setenta metros bajo la mirada de Isabella Interno, la novia del futbolista. “Me ha gritado que su corazón siempre estaría conmigo, pero su cuerpo no y se ha lanzado a las ruedas del camión“, declaró la joven. Las palabras de Isabella, única testigo del accidente, sentenciaron el caso. A ojos de la policia Donato Bergamini se acababa de suicidar.

El caso quedó archivado. Sin embargo, un detalle invitaba a sospechar. Las botas de Bergamini estaban impolutas, sin rastro alguno de barro. Si realmente el futbolista había caminado sobre el fango y después lo habían arrastrado a lo largo de setenta metros, ¿cómo es que no se había manchado con el barro que cubría la carretera? La duda fue la pista que necesitó la familia Bergamini para cuestionar toda la investigación. Algo no cuadraba en la noche del 18 de noviembre de 1989 en la que murió Donato Bergamini y se inició un proceso paralelo para descubrir la verdad. 22 años después, la familia Bergamini y la afición del Cosenza continúan reclamando justicia.

“Es imposible que Donato se suicidara. Era un hombre feliz. Disfrutaba con su familia, con sus amigos e incluso había reservado los billetes para las vacaciones de Navidad”, explica Maria, madre del jugador. La última entrevista de Bergamini antes de morir, en la que asegura que le encanta vivir, otorga la razón a su familia, descarta la teoría del suicidio y aumenta el misterio a una muerte que desde antes de producirse ya era desconcertante. Pocos días antes del trágico 18 de noviembre Donato Bergamini recibió una llamada durante una cena familiar y cuando colgó estaba pálido. “Esa llamaba le afectó. Algo le había pasado, pero no nos lo quiso contar. Nunca contaba nada“, relata su hermana mayor. “Si hubiese sabido lo que le pasaba habría podido ayudar“, se lamenta su compañero de equipo y amigo Michele Padovano.

También se apreció un comportamiento extraño en Bergamini poco después del Monza-Cosenza, el que sería su último partido. No quiso volver con el resto del equipo porque se había citado en el hotel Hilton de Milán con su nueva novia, sin embargo, reservó dos habitaciones. Durante el mismo día de su muerte también varió sus costumbres. Como cada sábado previo a un partido, la plantilla del Cosenza acudió al cine Garden. Bergamini estuvo con el resto de jugadores, pero durante la proyección de la película pidió permiso para marcharse a los lavabos y nunca volvió. Algunos compañeros declararon que le vieron marcharse del cine acompañado de dos desconocidos.

Tras su muerte continuaron sucediéndose los hechos sospechosos y las cortinas de humo para ocultar la verdad. La familia Bergamini acudió al hospital para inspeccionar la ropa que llevaba el jugador en el momento del accidente y ya no había rastro de ella. La habían quemado. Sólo quedaban sus pertenencias: 500.000 liras y un reloj que estaba intacto. “¿Cómo te atropella un camión y el reloj no sufre ni un rasguño?”, se pregunta la hermana mayor. La autopsia tampoco ayudó a despejar dudas, sino todo lo contrario. Bergamini no tenía ningún hueso roto, ni marcas de haber sido arrastrado. Sólo cabía un diagnóstico, que Bergamini ya se encontraba tendido sobre la carretera cuando el camión impactó contra él, si es que realmente llegó a producirse ese impacto.

Las pruebas dejaban en evidencia el testimonio de Isabella, la supuesta novia. “La frase que dicen que gritó mi hermano antes de morir es imposible que fuese suya“, asegura su hermana. Nadie en la familia era consciente de la relación de Donato con Isabella, pero según algunos testigos los dos fueron presentados por Francesco Sprovieri, un aficionado del Cosenza con antecedentes criminales que también le vendió, por un precio irrisorio, el Maserati que conducía el día de su muerte. Todas esas pruebas, pistas falsas y sobre todo el esfuerzo de la familia Bergamini y la afición del Cosenza han provocado que se reabra el caso sobre la muerte de un jugador cuyo nombre todavía se recuerda en el Stadio San Vito, donde se ha construido un busto en su honor. Lo sucedido en la estatal 106 durante la lluviosa noche del 18 de noviembre de 1989 continúa siendo un misterio, pero el recuerdo de Donato Bergamini clama justicia.

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