Histórico
6 noviembre 2011Jose David López

Augsburg, la docilidad de Baviera

Con motivo del inicio del curso futbolístico 2011-2012 en El Enganche.es iniciamos una colección de artículos dedicados a presentar a algunos de los ‘Nuevos inquilinos‘ de las principales ligas europeas. Abrimos fuego con el peculiar Évian TG y seguimos con el FC Augsburg.

Fríos y calculadores, la sociedad alemana recibe miradas de recelo desde muchos puntos del  continente en estos momentos de crisis global. Su economía es la más saneada, sus doctrinas entienden inteligentemente el concepto que nos ha tocado vivir y la mentalidad exigente, les permite salir de baches con eficacia respecto al resto. Serán los primeros en mejorar, aportar soluciones e imponerse al nervio generalizado a su alrededor, pero no todo el país responde a ese canon germano. Los países mediterráneos, aquellos que más indisciplina muestran en coyunturas peligrosas, tienen el respaldo de la zona sur de Alemania, Baviera, donde el carácter alegre y abierto de sus gentes, discrepa con la idea generalizada que circula sobre ellos.

Fiestas constantes, teoría del disfrute personal, acumulación de actos de ocio y, sobre todo, más éxitos deportivos que en ningún otro punto del país. Múnich ejerce de protagonista por sus recuerdos futbolísticos y sus tardes olímpicas, pues el Bayern es el auténtico líder a nivel nacional y con proyección europea anual. Pero la sociedad bávara no se estanca en la capital, sino en Fussen, Rottenbuch, Núremberg y, desde luego, Augsburg, conocida por poseer las vidrieras más antiguas del país, construir singulares casas de muñecas y ahora, por levantar de la nada al club más humilde de toda la Bundesliga. La alegría bávara se reúne cada semana en el SGL Arena.

Mucho tocó sufrir para poder disfrutarlo ahora, porque pese a haber sido uno de los clubes bávaros más precoces (1907), ha pasado todo tipo de penurias por culpa, entre otras cosas, del amor-odio de sus propios hinchas. El ambiente futbolístico de la zona, se manifestó a principios del siglo pasado en la proliferación de un montón de clubes menores con intenciones similares, las de convertirse en el principal reclamo del sur de Alemania. Nació como Fussball-Klub Alemania Augsburgo y jugó como BC Augsburgo hasta 1969, cuando la desconfianza en el rival no evitó que TSV Schwaben y BC Augsburgo (los dos más poderosos instalados en el segundo escalón nacional), acabaran fusionándose tras dos décadas de altibajos y reuniones.

Pasaron muchos años más hasta que encontraron la paz absoluta pues al Schwaben pertenecían los ricos del sur que vivían en el centro de la ciudad y al BCA sólo se unían aquellos de clase trabajadora y con viviendas humildes al norte de la ciudad. El río Wertach actuaba desde entonces de frontera entre ambos sentimientos pero los intereses financieros, acabaron por unir enemistades gracias al entonces alcalde de la ciudad, Hans Breuer, principal impulsor de la medida. Eso sí, el Schwaben jamás uniría sus secciones deportivas independientes del fútbol, e incluso hoy en día el deporte rey sigue teniendo sus colores en la Séptima división nacional como aficionados.

El FCA tal y como hoy lo conocemos, nació el 30 de julio de 1969, en un derbi ante el ‘vecino’ FC Nuremberg, en Augsburgo, con un 0-3 final que evidenciaba el nivel amateur de su plantilla. Pasando sus días en Fussball-Bayernliga, Regionalliga Süd y Bundesliga 2, el éxito no fue ni mucho menos inmediato, pues muchos aficionados habían perdido el sentimiento por sus colores con tantas modificaciones (los libros del club hablan de que apenas 300 personas acudían al estadio en los 70). El ex internacional alemán Helmut Haller, regresaba al club tras once años jugando en Italia y los 44.000 marcos invertidos, pronto se convirtieron en éxitos. La media ascendió a 22.000 espectadores, ascendió en varias ocasiones consecutivas y sus grandes resultados le valieron el sobrenombre de “Augsburg, el Napoli de Alemania”. Fueron años de felicidades rápidamente remplazados por nuevos golpes tras la marcha de Haller y frecuentes cambios de dinámica en el banquillo. Anclado en la Liga Bávara (un campeonato comarcal) y sufriendo junto a clubes otrora poderosos como Múnich 1860, Fürth SpVgg o Ingolstadt, no fue hasta 1991, con la aparición en su vestuario de Armin Veh, cuando lograron salir del ‘pozo’ y hasta ganó el campeonato de juveniles Sub19.

Tras varios intentos de promoción a la Bundesliga 2, el club entró en declive financiero y la Federación incluso le negó la licencia al quedarse sin publicitantes que invirtieran en los gastos del club. Con una deuda superior a 2 millones de euros (algo que aquí puede parecer irrisorio), el club necesitó años de recuperación, un rescate financiero de parte de Walther Seinsch (un empresario local que asumió como presidente y presentó una buena gestión financiera) y una renovación de plantilla hasta hacer un equipo competitivo en la Bayernliga. Cuando lo logró, los ascensos empezaron a llegar fácilmente e incluso estuvo a punto de ascender a Bundesliga en 2005 y 2010 (cuando perdió ante su enemigo local, Nuremberg, en la promoción de ascenso). Un año después, aquellas sensaciones sí obtuvieron premio y en 2011, ascendió a lo más alto del fútbol germano por vez primera en toda su historia.

La amplia renovación efectuada en el fútbol alemán desde la llegada del nuevo siglo (debido a inversiones globales por todo el país para organizar el Mundial de Alemania 2006 y el Mundial Femenino de este año), provocó un reajuste en el club, que consiguió apoyos para limpiar sus infraestructuras empezando por el obsoleto Rosenaustadion y levantar una nueva casa por valor de 45 millones de euros perfectamente administrados entre inversiones privadas, bonos municipales y el gobierno de Baviera. Era el último escalón para que el fútbol del sur de Alemania tuviera un nuevo integrante en la familia de la Bundesliga y para que la provincia más pasional del país, levantara nuevas rivalidades deportivas con hasta tres derbis regionales (en sus duelos con Bayern Múnich y Nuremberg).

Con el holandés Jos Luhukay al frente y una plantilla formada principalmente por veteranos que han mantenido su puesto pese al ascenso (sólo siete caras nuevas invirtiendo 490.000 euros), el vestuario del Augsburg sigue siendo el mayor referente de humildad en Baviera. Los goles del ‘tanque’ Molders (fabricante de los tres conseguidos hasta hoy), la versatilidad de los N’Djeng, Davids o Gogia y la pasión del año más importante de su historia, son sus únicas armas para pelear el puesto en una Bundesliga que nunca les dio la bienvenida. El rincón olvidado de Baviera, también es fútbol.

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