Histórico
7 octubre 2011Jose David López

República Checa: Esperanzas desde el ostracismo

Desde 1992, fecha en la que la República Checa rompía definitivamente con su pasado bélico y los problemas sociales derivados de la misma, eliminaba de un plumazo las grandes noches futbolísticas que lo habían acompañado. Seis partidos a principios de siglo como la Selección de Bohemia, la posterior selección austro-húngara y la extinta Checoslovaquia, aglutinaban anécdotas, jugadores legendarios y, sobre todos, muchas polémicas extradeportivas con la política y las creencias sociales de por medio.

El fútbol no encontró ciertas licencias y libertades hasta bien entrado mitad del siglo pasado. La siempre inolvidable Checoslovaquia dejó dos finales mundialistas perdidas ante la Italia de Mussolini (1934) y la Brasil de Vavá-Amarildo (1962). Dos pruebas irrefutables de que el nivel y la capacidad de los ex ‘bohemios’, estaba preparado para asaltar cualquier escenario. El primer Balón de Oro checo, Josef Masopust, se convirtió en el icono de aquella generación que rozó el cielo en el Mundial de Chile, un grupo que ya había sido tercero en la Eurocopa dos años antes. En los 70, el mito que sí fue capaz de llevarlos al éxito fue Antonín Panenka, un centrocampista que inventó un disparo, un estilo de lanzar los penaltis cuando en la finalísima de la Eurocopa de 1976 ante Alemania, se atrevió a picar su lanzamiento con un sutil toque que despistó a todos. Pasó a la historia, pero también aquella Checoslovaquia de Svehlik, Dobias, Ondrus o Moder. Una base legandaria que se coronó en Europa.

Los ‘vecinos’ que se habían unido en 1918 para frenar al Imperio Austrohúngaro, que habían atravesado los peores años de intervención armada tras el Pacto de Varsovia y que superaron con nobleza la Primavera de Praga, decidieron separarse oficialmente en 1992. El fútbol quedó duramente golpeado, perdiendo a algunos jugadores importantes y quedando a merced de ambas federaciones. Eslovaquia y la República Checa separaron destinos pero el éxito fue rotundo para los checos, que disfrutaban en esos momentos de una generación de futbolistas de primer nivel y capacidad competitiva.

Así, en la Eurocopa de 1996, en el que representaba su estreno como selección independiente en una fase final, superaron cualquier barrera y se plantaron en la finalísima. La hornada de los Berger, Kuka, Podolski, Kouba, Smicer o el gran Pavel Nedved (a la postre, segundo Balón de Oro checo de la historia), dejó por el camino a Italia y Rusia en la primera fase, a Portugal en cuartos y a Francia en semifinales. Sólo cayeron ante Alemania en la finalísima de Wembley, en un partido donde tuvieron claras ocasiones y que sólo dejaron escapar en la prórroga con el único Gol de Oro de la historia europea, el del germano Oliver Bierhoff.

Desde entonces, las dudas han acechado un fútbol que, si ya por entonces mostraba un perfil secundario en el fútbol de primer nivel, es hoy un ejemplo ideal de devaluación. Aún hoy, buscan un papel digno en un Mundial, ya que sólo se dejaron caer en uno de los cuatro en los que han podido participar (2006) y excepto un renacer inesperado en la Eurocopa 2004 (Baros, Koller, Cech, Nedved o Rosicky) llegando a semifinales y dejándose sorprender cuando todos lo apuntaban como principal candidato, no logran despegar y recuperar sensaciones. Su rol es el de un secundario con actitud imprevisible, capacitado para sorprender a cualquiera en una tarde dubitativa pero alejados de la realidad del primer nivel competitivo. Un fútbol secundario y perfecto trampolín para los campeonatos punteros.

Michal Bílek (ex jugador de aquella extinta Checoslovaquia y que se dejó caer por España en una etapa de dos años en el Betis), adquirió el banquillo checo hace dos años. Su objetivo no es otro que seguir impulsando las opciones de cara a la Eurocopa 2012, aunque el verdadero punto clave debe ser estar en el próximo Mundial del 2014, aunque su contrato finalizaría de no alcanzar un puesto en la fase final europea del año que viene. Ha sido el encargado de limpiar el vestuario de jugadores veteranos, afrontando una transición absoluta y otorgando protagonismo similar a estrellas consagradas y jugadores en plena maduración. Un grupo con dos iconos de brillantez épocas pasadas como Cech o Rosicky, con expertos que han proyectado buen nivel en clubes de trascendencia internacional como Michael Kadlec, Plasil (baja clave que no estará este viernes ante España), Hubschman y detalles en forma de jóvenes promesas que lidiarán con los retos futuros como Vaclav Kadlec, Morávek, Kozac o Suchy. Curioso comprobar que, pese a la necesidad de ese cambio generacional completo, el ariete y referencia ofensiva sigue siendo Milan Baros, en forma durante los últimos tiempos con el Galatasaray, segundo máximo goleador histórico de la selección pero lejos de la élite hace demasiado tiempo.

A expensas de cruzarse con la gran favorita, España, la República Checa es actualmente segunda de grupo y no puede ceder puesto que la presión de Escocia les obligará a mostrarse competitivos en las dos jornadas restantes. Un rol secundario, un papel desgraciadamente ya asumido.

Síguenos también desde TwitterFacebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche