Histórico
26 octubre 2011El Enganche

Real Madrid: Di María, el ‘reconquistador’

Por Alberto Piñero, periodista cobertura diaria Real Madrid (@pineroalberto)

Dicen que el fútbol no tiene memoria. Mentira, por otra parte. Sí la tiene. Pero muy selectiva y muy subjetiva. Y si no, que se lo pregunten a Ángel Di María. El argentino aterrizó la temporada pasada en el Real Madrid bajo las dudas que generaron los veinticinco (más diez) millones de euros que costó su traspaso. Sin embargo, pronto empezó a disipar las dudas en el Real Madrid y a exponer las razones por las que había sido elegido el mejor jugador de Portugal en 2010. Hasta el punto de ser uno de los jugadores más decisivos y con más minutos en el club blanco, por no hablar de una sonada encuesta entre aficionados merengues que decía que era el mejor fichaje del Real Madrid en el curso pasado. Números, actuaciones, méritos y reconocimientos que sin embargo pronto quedaron en el olvido en la presente temporada.

Di María aterrizó tarde en la pretemporada merengue después de la disputa de la Copa América, algo que no impidió que Mourinho confiara en él de inicio para los dos partidos de la Supercopa ante el Barcelona. Y algo de paso que quizás no jugase a favor del Fideo, aunque pueda parecer un contrasentido. Y es que ya fuera porque quizás hubiera merecido más descanso, mejor preparación, porque le sirvió para dormirse en los laureles, o porque inyectó algo de rabia en los que le competían el puesto, el caso es que con el paso del tiempo, Di María empezó a diluirse.

Sus galopadas ya no levantaban al público. Sus regates terminaban cada vez con más frecuencia en los pies de sus marcadores. Su visión de juego fue castrada, como si le hubieran colocado unas anteojeras cual caballo de tiro. Y a excepción del gol en Zagreb, sus aportaciones en ataque -ya fuera con goles, asistencias, o penaltis forzados- fueron decayendo, hasta el punto de que a finales de septiembre eran más destacadas sus faltas, frustraciones y enojos, materializadas en la tangana en el Ciutat de Valencia y en su tarjeta roja ante el Rayo Vallecano.

Sin vértigo, determinación ni electricidad en sus piernas ni su cabeza, Di María había dejado de ser el mismo Di María. Y la afición no le hizo la más mínima concesión entonces, trasladando su cariño de inmediato a un Kaká que en el tiempo que el argentino enfilaba la cuesta abajo, empezaba a despuntar, ganándose por fin un puesto en el once merengue por méritos propios, aun a costa de que se cambiase el dibujo táctico. Kaká se había comido toda esa sopa elaborada y cocinada con mimo durante todo el año anterior en apenas dos cucharadas, y parecía no quedar ya ni un Fideo en el recuerdo merengue.

Pero Di María no se ha dado por vencido ni mucho menos. Eso no haría honor a su historia. La historia de un chico que creció en el barrio obrero de La Cerámica en Rosario, del pequeño que viajaba media hora en la parte trasera de la bicicleta de su madre para entrenar todos los días, del joven que se tatuó junto con sus siete amigos ‘La Banda de la Perdriel’ (el nombre de su calle) en la pierna, del futbolista que es hijo de un carbonero, y que como tal, es capaz de alimentar un fuego aun cuando todo es de color negro. Esa es la historia de Di María, la de un futbolista tan humilde como luchador, que ha vuelto a retomar su sitio de privilegio en el equipo y el corazón del Real Madrid.

El primer paso en la reconquista lo dio con su selección durante el partido ante Chile, donde repartió dos asistencias. Habían pasado once días desde su último partido con el Real Madrid, con el que había sido suplente ante el Ajax tras haber sido expulsado en Liga frente al Rayo. Y a buen seguro que ese tiempo en el que la Liga se detuvo le hizo coger toda la carrerilla posible para seguir dando pasos hacia el frente. Pues de ahí en adelante volvió a verse no al mismo Di María de antes, sino al mejor Di María con la elástica merengue.

Un jugador no sólo eléctrico pegado a la cal, sino también un jugador en el que el punto de fuga de su mirada ya no estaba sobre el verde, sino en el horizonte, un jugador que se asociaba más, que además del regate ya no desechaba el pase. Y la mejor muestra está en que después de jugar 30 minutos desde el banquillo ante el Betis, donde repartió dos asistencias, fue titular ante Lyon y Málaga, repartiendo otras dos asistencias más hasta situarse en cabeza de los mejores pasadores de la Liga. Es el sino de este fútbol desmemoriado, que uno de los jugadores más determinantes del curso pasado puede caer al cajón del olvido en apenas seis partidos para volver a retomar su trono en apenas tres. Es el sino de Di María, al que las malas rachas pueden tocarle, pero su constancia y su talento no le permiten desfallecer en el intento.

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