Histórico
21 octubre 2011Jose David López

Mike Havenaar: Japón ya tiene ‘killer’

El espíritu japonés exalta valores ancestrales como la educación, la valentía, la benevolencia o la veracidad, todos ellos enfrentados en un ambiente competitivo y, por ente, mucho más en el fútbol actual. Aquellas premisas que marcaron la evolución de Japón hasta superar a Occidente y Estados Unidos en lo financiero, son hoy uno de los ‘puntos negros’ de la mejor generación de futbolistas de su historia. Sus principios engendraron talento, reciclaron experiencias pasadas y hasta reformaron conceptos básicos en busca de una mejoría notable que ya ha encontrado recompensas como la última Copa Asia pero que no llega a ser total por la falta de un ‘killer de área’. Ése que se resiste a triturar la concepción divina y singular de todo buen japonés que se precie.

Es el mal endémico que arruina la progresión, que frena cualquier atisbo de esperanza y que ha derribado todas las estructuras para que el fútbol japonés diera por fin el salto definitivo en su crecimiento. Hace ya un tiempo, en este mismo escenario, valoramos las razones que impedían que Japón (y este fenómeno es aplicable a todos los países asiáticos de cierto nivel mundial) estructurara por fin una selección 100% competitiva y siempre, como eterna imposibilidad de su estilo de juego, la conclusión nos llevaba a la falta de un delantero centro de capacidad goleadora. Ahora, esa pegada y fortaleza ofensiva puede tener solución en los 195 centímetros de Mike Havenaar.

Con permiso del auténtico genio goleador del fútbol japonés (Kunishige Kamamoto), las últimas hornadas de delanteros han fracasado. Tanto, que muchos de ellos han ido dejando la posición de ariete referencia para convertirse en llegadores o jugadores aprovechables escorados en banda. A Sudáfrica 2010 Okada se llevó a Tamada, Okubo, Morimoto, Yano y Okazaki. Hoy, sólo Okazaki es habitual, habiéndose encontrado soluciones de gran interés en Tadanari Lee (el goleador de la final de la pasada Copa Asia) y, sobre todo, el citado Havenaar.

Se trata de un punta basado en la potencia, en su enorme corpulencia y en la capacidad para encontrar remate desde cualquier posición, lo que evidencia un buen dominio de registros en busca del gol. Tiene 24 años, domina el juego aéreo con gran habilidad para el remate de cabeza y aunque es menos brillante con los pies, su habilidad con ambas piernas (le he visto muchas veces y aún ignoro si es diestro o zurdo) cuando se trata de encontrar la red rival, le hace imprevisible. Ha marcado goles de cualquier definición y en cualquier escenario dentro del fútbol japonés, siendo incluso un buen lanzador de penaltis.

Evidentemente, llamándose Mike Havenaar podíamos intuir ascendencia extranjera y, en su caso, procede de Holanda. Nació en Hiroshima pero su padre, ex portero de la Eredivisie (ex ADO), se marchó a la aventura japonesa antes de cumplir la treintena cuando recibió una oferta del Mazda Hiroshima (hoy Sanfrecce Hiroshima). Cuando llevaba apenas un año en tierras asiáticas se casó con una japonesa, curiosamente campeona nacional de héptanlon y fruto de aquella pareja tan deportiva y competitiva, nació Havenaar. Empezó en el Sapporo porque su padre era allí entrenador de porteros, buscó opciones en el Yokohama Marinos siguiendo nuevamente a su padre y allí, con 19 años, debutó como profesional. Curiosamente, ese debut es histórico porque los Havenaar se convertían en el primer padre e hijo que logran jugar en la primera división japonesa. Después de ello fue cedido a segunda división. Estuvo en Fukuoka, dio un salto importante en Tosu al marcar 17 goles y así llegó a su actual equipo, el Ventforet Kofu. El pasado curso, con 20 goles, fue el crack que les situó en el primer nivel con un ascenso impensable y ahora, los 16 goles que ya suma esta campaña, buscan de nuevo el milagro de la salvación.

Ya había sido convocado (aunque no era fijo ni constante) con selecciones Sub17, sub 19 y Sub 20 de Japón pero hace unos meses, Alberto Zaccheroni se lo llevó a la absoluta. Tuvo minutos aislados en los últimos partidos y hace dos semanas, debutaba como titular ante la débil Tayikistán. Su puesta en escena no pudo ser más favorable pues marcó dos goles y estuvo presente en otros jugadas que completaron el definitivo 8-0 de los nipones. Un ‘doblete’ que confirma un aire fresco en la selección japonesa y la esperanza definitiva de haber encontrado, por fin, el ansiado nueve.

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