Histórico
9 octubre 2011Jesús Camacho

Los silencios del fútbol y nuestras vidas

Siempre escuché que en la muerte se encuentra la paz o eso es al menos lo que siempre ha creído el hombre, pues nada más hemos de echar un vistazo a nuestra historia para comprobarlo. El caso es que acertada o equivocadamente siempre hemos elegido idéntico camino, un egocéntrico  sendero de destrucción en el que arrasamos con todo y obviamos los caminos esenciales más sencillos por los que la naturaleza nos muestra y enseña la verdadera senda para encontrar la paz a través de la muerte más bella. Una senda mágica por la que transita incesantemente y cada segundo la Madre Tierra, nuestra más sabia compañera. Su constante y estético renovarse o morir y viceversa.

Y allá en la orilla en la que mueren las olas sobre mis pies descalzos, los dibujos de espuma que surcan mis pisadas de arena, moldean mi sendero hacia la paz más bella. Una paz que el cadente susurro de las olas y el rumor de melodía de la brisa quieta, transmuta en luz al contemplar el sombrero anaranjado del ocaso sobre un infinito horizonte de plata y nácar.  Y en aquella atalaya de la belleza se expresa y materializa el silencio más sabio y puro de la existencia.  Aquella ausencia de sonido en la que descansa el silencio de un Dios que nos libra de la polución sonora de estos tiempos.

Y en este silencio blanco ausente de reproches pero rodeado paradójicamente por compañeros que viven de la expresión y la comunicación sonora, quisiera emplear una metáfora para en su carencia y virtud rozar el infinito. Y como siempre pensé que menos es más y la sabiduría del silencio construye tropos y sendas hacia el infinito, quisiera perfilar en dos momentos los más legendarios dibujos esféricos del silencio, la muerte y paz con la que comencé este relato. Los silencios de Andrés Iniesta y Zinedine Zidane, la sabiduría en la ausencia de sonido, aquel en el que poetas, compositores y cantautores depositan la magia de sus creaciones. La hoja en blanco, el silencio de los poetas, el estado antecesor de la creación, su conexión con el cosmos. Aquel silencio que surge inmediatamente después de la metáfora, tras la creación. El arte: silencio, metáfora y silencio. Renovarse, morir y renovarse.

No es más que un 25 de mayo de 2002, cuando en el estadio Hampden Park de Glasgow unas milésimas de segundo del minuto 44 versaron la voz ausente del silencio y la creación en el momento previo al golpeo de una metafórica volea que rozó el infinito para mandar a dormir en un sueño eterno a una pelota que dio testimonio y continuidad a la silenciosa leyenda de un mito. Silencio, metáfora, silencio; muerte, vida, muerte, pura renovación.

Como aquella otra metáfora que quedó escenificada en Johannesburgo un 11 de julio de 2010, con el maravilloso disfraz de un sutil impacto acompañado por un anacrónico silencio, ese que intuyó percibir Andrés Iniesta milésimas de segundos antes de golpear la pelota de nuestras vidas. Aquella que nos enseñó a todos la ecuación universal de la sabiduría, que nos dice y demuestra que menos es más y que en los silencios de la naturaleza se encuentran los metafóricos caminos hacia la belleza y el infinito.

Y en el intangible e infinito caudal creativo de estos dos sabios silenciosos, con el dormir y morir de estos dos goles metafóricos quisiera compartir con vosotros mi sensación y creencia de que la comunicación abusa en exceso de la polución sonora de estos tiempos con la única excusa  de ganar la batalla de las audiencias para acabar perdiendo la guerra. Pues el silencio previo a la creación es tan sabio y natural que siempre precede a la metáfora, la palabra y la obra eterna…

Todos los artículos del ‘poeta’ de El Enganche, Jesús Camacho

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche