Histórico
11 octubre 2011Jose David López

Escocia: Anclado en el arcaísmo

El West of Scotland Cricket Ground de Glasgow, está considerado por los escoceses epicentro del fútbol nacional. Allí, en 1872, se enfrentaron Escocia e Inglaterra con un repaso mayúsculo de los locales, que dieron a conocer su ‘Scottish Passing Game’ ante aquellos que habían inventado el deporte rey en el mundo. Aquél deporte rudimentario y físico, se convirtió, gracias a estos avances, en uno mucho más ordenado y espectacular. Sus ideas precisas, basadas en aprovechamiento de espacios, tácticas defensivas y alegría ofensiva a base de extremos, ganó adeptos y fue superando a cricket o el rugby como deporte estrella en las Islas. Han pasado más de 125 años y ahora, la realidad es mucho más cruda para los escoceses, que lejos de innovar con sus conceptos de ‘passing game’, siguen encerrados en un estilo arcaico, físico, demasiado previsible y ajeno a cualquier desequilibrio por cuestiones técnicas. Todo es potencia, fuerza, juego directo, aereo y, desde luego, tozudez, pues puede afirmarse sin temor a error que Escocia está anclada en el tiempo y no ha progresado practicamente nada en los últimos 40 años. Una idea vetusta. Un fútbol de otra época instalado en una era que les castiga sin pudor.

Nunca han alcanzado los cuartos de una fase final mundialista pero siempre generaron expectativas como posible alternativa. Sus estrellas (Jim Baxter, Hughie Gallacher, John Greig, Jimmy Johnstone, Billy McNeill, Bobby Murdoch, Dennis Law o Lawrie Reilly), no despertaron el interés de los más grandes del continente pero son auténticos ídolos nacionales en el Scottish Football Museum. Sus dos ‘gigantes’, Celtic y Rangers, mantienen una increíble y pasional rivalidad con tintes políticos que muy pocos son capaz de reeditar en sus campeonatos ligueros, pero igualmente quedaron abatidos de los grandes focos continentales hace demasiado tiempo. Un cúmulo de circunstancias que evidencia que en Escocia siempre han tratado muy bien al deporte rey y que representa una parte importantísima dentro de una sociedad que siempre deseó un éxito a gran escala para disfrutar de su ‘Tartan Army’.

Por su banquillo han pasado auténticos referentes y revolucionarios como Matt Busby, Jock Stein, Alex Ferguson o los más recientes Walter Smith y Alex McLeish, pero ninguno fue capaz de incorporar los automatismos del fútbol moderno a Escocia y a su fútbol, demasiado estricto y fiel a sus valores tradicionales. Craig Levein, un sacrificado ex-defensor de los años 80, llegó al banquillo hace algo más de un año impulsado por el título de Copa de la Liga cosechado por el Dundee. Meses después, no ha logrado evitar las feroces críticas tanto nacionales como exteriores, a su modelo ultradefensivo y conservador, sobre todo cuando actúa a domicilio. Un pírrico empate sin goles en Lituania y una derrota en Praga, evidenciaron muy pronto que la victoria por la mínima ante Liechtenstein de la primera jornada (repetida esta semana a domicilio igualmente) y en el tramo final, no fue una mala tarde sino una declaración absoluta del momento negro que atraviesan los escoceses.

18 faltas, ningún saque de esquina y únicamente dos disparos a puerta, fue el mínimo y paupérimo bagaje que dejó Escocia en el Sparta Stadium (1-0) ante un rival de su misma entidad. Datos y estadísticas actuales que reflejan que incluso en sus mejores artes, las de empujar a base de fuerza, energía colectiva y con tendencia al juego directo, el proyecto no da para más y las alternativas son excasas. Una línea de cinco defensas (todos, por cierto, rumbo a la veteranía), una medular absolutamente ausente de creatividad o algo que apunte a cierta lógica constructiva para iniciar con sentido e inteligencia el juego y una delantera cuyo único poder es la fortaleza física combinada con velocidad (si es que se atreven a jugar con dos hombres de ataque), son sus caracteristicas, las mismas que hace décadas y las que le han dejado en un escalón muy inferior al que su masa social merece. Algo que se aprecia en multitud de detalles.

Sólo Darren Fletcher defiende los colores de un club top en Europa (Man.United) al igual que su pieza clave ahora mismo en el funcionamiento global, un Charlie Adam (Liverpool) que ejerce de peón y factor diferencial. Su otrora mejor goleador (Kris Boyd), ahora en el ostracismo y apartado, fue traspasado nada menos que al Eskişehirspor, o lo que es lo mismo, del campeón escocés y equipo referencia del país, a uno de los desconocidos de Turquía y, por ejemplo, su jugador más en forma es Steven Naismith, internacional desde que debutara en 2007 pero con poco gol. Aportes que muestran la debilidad de una selección que un día encontró un rol destacado por su afición, ambiente, liturgia y leyenda pero que hoy guarda sus mejores galas en el más oculto de los baúles.

Repasando sus internacionales, la perspectiva no exige mayores demandas puesto que la materia prima es excasísima. McGregor se ha convertido en fijo bajo palos, un puesto fraguado por su regularidad en el Rangers y por la falta de rivales para arrebatárle esa posición. Seguro por alto, mucho más débil por abajo y con muchísimos problemas a la hora de actuar con reflejos y en velocidad. La línea defensiva estuvo liderada por el ‘comandante’ Weir, hasta hace muy poco y parecía que nadie era capaz de retirarle por su carácter y experiencia. Hutton y Caldwell, con regularidad en la Premier, han frenado en los últimos tiempos su progresión y el resto apunta cada vez que puede sus grandes dotes para un fútbol de contacto. En la medular, sólo Fletcher y Adam serían capaces de tener presencia en equipos de primer nivel y siempre, claro está, en un entorno británico porque el capitán tampoco es un prodigio técnico, aunque sí de sacrificio y pundonor. Morrison y Naismith sí otorgan algo diferente, un poco más de desequilibrio y velocidad, aunque necesitan desde hace mucho tiempo un hombre con capacidad para retener a las defensas rivales. En ataque, sobre todo sin Boyd, todo es impulso, energía y ‘pillería’ con Miller, ya que Steven Fletcher (Wolves), la otra propuesta salvable, es opuesta y mucho más física. Curiosamente, ni entra en los planes de Levein.

Pocos mimbres para generar tenores a la actual campeona del mundo pero, sobre todo, insuficientes como para poder salir airoso  de su reto de estar en la Eurocopa 2012 o con un proyecto esperanzador en un fútbol actual que castiga su arcaica propuesta.

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