Histórico
22 septiembre 2011Santi Retortillo

Serie A: Il biscione devora al Inter

Es complicado que un hombre de mucho dinero frecuente la Milano Centrale. Una de las estaciones de ferrocarril más importantes de Europa que se inauguró en 1931. La gente acaudalada, y más si nos centramos en el mundo del fútbol, tiene al avión como mejor amigo, o en su defecto autobuses que parecen naves espaciales de última generación. Una imagen se relaciona con la ciudad de Milán. El biscione preside dicha terminal. La imagen es sobrecogedora. Una víbora (bissa en lombardo) de dimensiones desproporcionadas ingiere con rabia a un niño.

Esta estampa viene ligada a la localidad que acoge la Catedral del Duomo. En ocasiones, ese niño que está siendo comido se sustituye por un moro, aunque en los últimos días está adquiriendo diversas caras y formas muy relacionadas con el fútbol. El Inter tiene una relación de amor-odio con el biscione. Símbolo del escudo de armas de la ciudad, y también del club a mediados de los 80, aunque esta fiebre por la víbora no tuvo una gran acogida. Ahora vuelve a aparecer. Como imagen y amenaza que está devastando el club.

El 22 de mayo de 2010 supuso un antes y un después en la vida de La Beneamata. Ese día conquistaron la Champions League en el Bernabéu, pero también implicó el punto y final a la etapa de José Mourinho en tierras lombardas. Cinco días después de la conquista del máximo torneo continental, el técnico luso puso fin a su etapa en Italia para unirse al Real Madrid. Desde entonces, en tan solo 16 meses, cuatro técnicos han militado en el Inter: Rafa Benítez (duró poco más de medio año y salió por los malos resultados, aunque tuvo tiempo de conquistar la Supercopa italiana y el Mundialito de Clubes) y Leonardo (acabó la temporada, ganó la Copa de Italia y en junio se marchó a París para negociar su pase al PSG y convertirse en director deportivo).

A finales de junio, Moratti tuvo que entrar en la bolsa de trabajo de entrenadores, aunque con poco éxito. André Villas-Boas, Fabio Capello, Marcelo Bielsa y Sinisa Mihajlovic no aceptaron los términos, y finalmente Gian Piero Gasperini fue el elegido con un contrato de dos años. Fue la quinta opción del Inter, y no ha durado ni tres meses en el cargo. La destitución tiene muchos aspectos que analizar, y no solo el plano resultadista: un empate y cuatro derrotas en los cinco choques oficiales disputados. Con Wesley Sneijder como pieza a anular del nuevo proyecto (incomprensible), Gasperini se encontró en verano con contrataciones de segunda fila como Ricky Álvarez (prometedor, pero no una realidad), Jonathan o Castaignos. Hubo que esperar hasta el último día de mercado para aliviar la crudeza de la pérdida de Eto’o al Anzhi con las llegadas de Forlán y Zárate. Por aquel entonces, Gasperini ya sumaba su primera derrota tras caer 2-1 ante el Milan en la Supercopa. Utilizó un 3-5-1-1 (con Eto’o de referencia), que durante la segunda mitad se transformó en un 4-4-1-1 y un 3-4-2-1. Sin duda, un caos para empezar.

En la Serie A, tres envites y un punto conseguido. Derrota inicial ante el Palermo con la desastrosa puesta en escena del 3-4-3 (un destrozo el que hicieron Ilicic, Miccoli y Abel Hernández) por 4-3, empate sin nada de fútbol ante la Roma (esta vez con un 3-5-2 en el césped) y el partido que le condenó en Novara. Esta vez, Gasperini apostó por un 3-3-3-1 que en la segunda parte mutó en 3-4-1-2 con Pazzini y Milito en la referencia. En ese mismo partido sorprendió que el preparador interista diese la titularidad a Castaignos por delante de Pazzini, uno de los denostados en su breve instancia en Milán.

El perder en el Meazza ante el Trabzonspor en la Champions (esta vez con un 4-3-2-1) dio la vuelta a Europa. Cinco partidos, ninguna victoria y ocho esquemas tácticos en 450 minutos. Gasperini se marcha del Inter siendo el primer técnico que no logra una victoria en la entidad, y el club no estaba en una situación igual en la Serie A desde 1935 y 1983. Hoy se cumplen 16 meses (sí, solo un año y cuatro meses) desde que los neroazzurro alzaron la Champions en Madrid. Tras Mourinho, Benítez, Leonardo y Gasperini, Ranieri llega al club con el miedo a ser la quinta víctima de un biscione que todavía no está saciado.

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