Histórico
6 septiembre 2011Jesús Camacho

Liechtenstein: Stamping Grounds

La rabiosa actualidad futbolística me concede una vez más la oportunidad de hablaros de un curioso pero a mi juicio interesante libro esférico escrito por el londinense Charlie Connelly. La citada obra habría permanecido para mí olvidada en aquella estantería maldita y perdida -dedicada a la bibliografía deportiva- de Raimundo -la vieja librería de libros antiguos y usados cercana a mi casa- de no ser por la selección entorno a la cual se desarrollaba la trama futbolística de la historia. Aquella selección era nada más y nada menos que Liechtenstein -nuestro rival en la clasificación este martes- y el libro en cuestión Stamping Grounds. En la citada obra Connelly decide realizar una aproximación al poderoso fútbol partiendo de la que podríamos calificar como la parte inferior de la cadena alimenticia del fútbol y sus ávidos devoradores esféricos. Sin duda una idea original y un novedoso y diferente enfoque sobre el fútbol en el más amplio sentido de la palabra.

En su descabellada idea Connelly decide acompañar a la modesta selección del Principado de Liechtenstein en su intento por lograr la clasificación para el Mundial de 2002. De esta manera el autor emprende un viaje incierto pero firme hacia el fracaso deportivo de una de las cenicientas de Europa. Aún a riesgo de destriparos la trama del autor, no olvidemos que el pequeño país de habla germana que pasa por ser uno de los mayores paraísos fiscales de Europa -que no futbolístico-, no logró el más mínimo éxito deportivo desde que saltaron a la arena internacional futbolística en 1994 hasta el año 2004.

Es más durante muchos años aquel 11 a 1 encajado ante la débil Macedonia martilleó de manera incesante el orgullo de los Liechtensteiners, que concluyeron la fase de clasificación para el Mundial de 2002 de forma desastrosa, sin apuntar ni un solo gol o punto en su casillero. Por todo ello aquella decisión de Connelly de asistir a todos los partidos de la débil Liechtenstein, podría haber sido calificada como un claro intento de perjudicar de manera consciente su salud, pero viendo el resultado final de la historia no me queda otra que rendirme ante la genial locura del escritor londinense. Aquella epifanía de Connelly siguiendo y acompañando a los chicos de Ralf Loose -pronunciado “Loser”- hacia el fracaso, comienza a experimentar un giro inesperado tras tres derrotas -solo por 2 a 0- ante España, Alemania y Austria. Es en ese momento cuando Connelly encuentra la revelación y se convierte sin apenas darse cuenta en fiel seguidor de Liechtenstein.

A partir de ahí nos sorprenderá la imagen de Connelly sentado en las gradas, maldiciendo la total incapacidad de su equipo para convertir un solo gol. El infortunado destino de una selección que sufre en Israel el desacierto de un línea de Islas Feroe. Una tremenda injusticia que evitó un gol que podría haber hecho rugir a un pequeño país y le hizo llevarse las manos a la cabeza en un gesto claro de desesperación. “Mis manos volaron hacia mi cabeza y yo gemía sin palabras ante la injusticia”. Puro fútbol… Los jugadores, en un principio confundidos por la presencia de un loco en medio de ellos, acaban convirtiendo a Connelly en cómplice y este encuentra un grupo eminentemente decente, totalmente agradecido por la oportunidad de enfrentarse a los mejores jugadores de Europa.

Las “estrellas” de Liechtenstein el capitán Harry Zech, un enólogo, que se pierde los partidos cuando sus vides alcanzan la etapa crucial de la maduración, el lateral izquierdo, maestro de escuela Freddie Gigon y el defensa central Patrik Hefti, trabajador de la banca. Por su parte Connelly se sumerge ansiosamente en la cultura local, sus primeros intentos se limitan a emborracharse con los aficionados locales, pero al final del libro, acaba quedando cautivado por cada centímetro cuadrado del lugar. Cerca del final termina celebrando de manera efusiva la fiesta nacional del país, junto al equipo y el príncipe Hans Adam II, borracho como una cuba pero realmente inspirado y feliz:

“Fue una buena noche. Mientras compartía una copa con la selección nacional de Liechtenstein en su Día Nacional, decidí que realmente no podría conseguir mucho mejor que eso… Una campana de la iglesia sonó a las 5 am. Miré hacia Triesenberg y no podía distinguir las luces del pueblo de las estrellas. “

La mayor gesta deportiva hasta hace no demasiado era la victoria -la primera- conseguida ante Azerbayan -2 a 1- el 14 de octubre de 1998. Luego experimentó una pequeña progresión logrando un prometedor empate a uno ante Macedonia en la fase previa de la Eurocopa 2004, resultado y progresión que acabaron certificando con un histórico empate en la fase de clasificación para el Mundial 2006. Fue un 9 de octubre de 2004, cuando la cenicienta Liechtenstein logró un resultado histórico en Vaduz al arrancar un empate ante Portugal. Luego llegaron dos victorias ante Luxemburgo -obteniendo el primer triunfo a domicilio en un torneo internacional- y un empate contra Eslovaquia. Con ocho puntos, Liechtenstein completaba la mejor clasificatoria de su historia, evitando por primera vez ser el farolillo rojo de su grupo.

También te interesará: Análisis Liechtenstein: Un paraíso sin fútbol de nivel

Síguenos también desde TwitterFacebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche