Histórico
25 septiembre 2011Jesús Camacho

Il miracolo di Zeman

Todos nacemos con la muy humana necesidad e inquietud de encontrar nuestro lugar y ubicación en el mundo, primero lo buscamos en el seno de nuestra familia, donde ocupamos diversos roles y ubicaciones, hijos, primos, sobrinos, hermanos, padres, tíos, abuelos… Luego, mientras las manecillas del reloj devoran páginas de nuestro calendario vital, encontramos nuestro lugar en la escuela, en nuestro barrio. Y así, siguiendo nuestro imparable ciclo de búsqueda de ubicación existencial, encontramos nuestro lugar en la sociedad a través de los distintos cauces vitales que nos permiten ubicarnos en una profesión.

Aquella que afianzará nuestra posición existencial, a través de la creación de una nueva familia u otra opción plausible para desarrollar con éxito y realización nuestro recorrido vital. Todo se reduce al movimiento, a nuestra sincronización con el mundo, el tiempo y el espacio, a la búsqueda incesante de nuestra posición; conceptos que se convirtieron en dogma de fe para la filosofía táctico-técnica de Zdenek Zeman, personaje que diseccionaré para vosotros en estas líneas surgidas del estudio, la incredulidad y admiración que profeso por su figura.

Nacido un 12 de mayo de 1947 en Praga (por entonces la antigua Checoslovaquia) el joven Zdenek, hijo de médico y ama de casa, inició la búsqueda personal de su ubicación en el  mundo a través del deporte y el fútbol, profesión en la que la inspiradora figura de su tío Čestmír Vycpálek jugó un papel preponderante. Y es que Čestmír Vycpálek llegó a ser futbolista del Juventus y luego desarrolló su carrera como entrenador. Es más, relata una verídica historia que un 20 de agosto de 1968, Zeman  se encontraba en Sicilia, Palermo, visitando a su tío, cuando una noticia le heló el alma: las tropas soviéticas habían invadido Checoslovaquia. Aquel día unas 70.000 personas huyeron de las hordas soviéticas, el éxodo se escenificó en aquellas personas que decidieron partir o no regresar a las fronteras checas. Zdenek como ellos, ya no regresó, pero llevó consigo en su modesta maleta la reminiscencia de un sueño azul. El fútbol de la triple conexión legendaria del Danubio: Budapest, Viena y Praga, la Escuela del Danubio.

El embrión de la totalidad del fútbol ofensivo, la defensa zonal y el 4-3-3, los conceptos técnicos de un profesor de educación física que encontró su ubicación en el mundo en Italia, donde pese a sus ideas contrarias a la norma habitual del fútbol italiano pudo desarrollar la profesión de entrenador. Primero en los juveniles del palermitano y luego en un modestísimo club de la costa siciliana, el Licata, donde arrasó en la Serie C2 (cuarta división del fútbol italiano) en 1985. Sus ideas firmes, pero un tanto arriesgadas para un tipo de fútbol y futbolista al que tradicionalmente le fue bien jugando a otra cosa. Zeman en todo momento transmitió que la posición en el fútbol siempre está por encima del marcaje al hombre. La clásica defensa de dos marcadores y un líbero tan utilizada en el Calcio, en sus equipos pasó a una defensa zonal de cuatro hombres en la que sus laterales jugaban profundo, siempre con mentalidad ofensiva.

En la zona media, tres hombres entre los que debía haber un constructor de juego y otros dos medios llegadores, enlazaban con los tres puntas. Y digo tres puntas porque los equipos de Zeman pisaban el área con mucha asiduidad y con tres delanteros. En este punto establecía la diferencia por lógica matemática y simple superioridad. Llegaban con muchos hombres a la meta contraria y los movimientos sin balón cobraban vital importancia. Aunque siempre dio rienda suelta a sus hombres más creativos, estos debían hacer un trabajo que se perfeccionaba en los entrenos.  La sincronización y la coordinación de los movimientos en el campo se trabajaba a fondo, cada uno tenía su rol en el equipo, su posición, su ubicación en el terreno de juego y aunque todos podían cambiar sus roles cuando el movimiento ofensivo así lo requería, el futbolista que llevaba la pelota sabía la posición exacta y el desmarque que le tirarían sus compañeros.

Cuando el equipo tenía la pelota los tres delanteros pisaban el área para fijar a la defensa y crear superioridades, que se ponían de manifiesto cuando se producía la incursión ofensiva desde la segunda línea de los medios llegadores. Pura matemática y trabajo sin balón, para que la velocidad y la circulación de la pelota fuera cada vez más rápida. Movimiento, posesión, velocidad y verticalidad, esta última una de las pocas diferencias que encontramos con aquel equipo que deslumbra hoy día por Europa y el mundo. Y así con su irrenunciable 4-3-3 ofensivo y su empeño por transmitir a sus futbolistas su ubicación en el espacio, a través de la sincronización y el movimiento, pasó por Foggia en la 86/87, donde no cuajó en primera instancia para luego probar suerte en el Parma, donde tampoco le fue mejor. Messina fue su siguiente destino y paso previo a su regreso a Foggia en 1989, donde por fin encontró el escenario idóneo y la ubicación adecuada para su ideario futbolístico.

El conjunto de Zeman escenificó el conocido como Il “Foggia dei miracoli”, un equipo recién ascendido a la Serie C que arrasó y consiguió el ascenso a la Serie B, para al segundo año lograr el ascenso a la serie A, donde logró una meritoria novena posición. Fueron años mágicos para los colores rojinegros del Foggia Calcio, años para el recuerdo y para el “tridente delle meraviglie” compuesto por Baiano, Signori y Rambaudi. Especialmente significativo fue el caso de Beppe Signori, que desde que cruzó su camino con Zeman experimentó una progresión exponencial en su carrera. Cuando se puso a sus órdenes por primera vez en 1989 era volante izquierdo y apenas hacía cinco goles por temporada, unas cifras que pulverizó con Zeman, que le reconvirtió en delantero. El trabajo de Zeman fue sencillamente extraordinario, llevó a un modesto conjunto a la elite y tomó la decisión de renovar su plantilla en el momento adecuado, en 1992, haciendo incorporaciones de futbolistas no muy conocidos a los que les sacó un rendimiento extraordinario y con los que llegó a clasificarse para la UEFA.

El Estadio Pino Zaccheria disfrutó con el talento y la personalidad del Menotti checo hasta 1994, cuando desapareció entre una humareda para firmar por el Lazio, donde siguió impartiendo su filosofía de juego durante dos temporadas y media. El  Stadio Olímpico se convirtió entonces en su nuevo tablero de ajedrez, las cuadrículas sobre las que sus futbolistas interpretaron sus ideas, una partida de ajedrez en la que todas sus piezas se movieron con mentalidad ofensiva, pues aun siendo peones sus movimientos se efectuaban con mentalidad de Rey, reina o alfil… Para el recuerdo otra gran delantera que hizo vibrar a los tifosi, la compuesta por Beppe Signori, Pierluigi Casiraghi y Alen Boksic. Desgraciadamente la directiva laziale no tuvo la paciencia suficiente y en contra de la opinión de la gente le cesó mitad de la temporada 1996/97.

Pocos meses después de su cese, la Roma, el eterno rival cerraba su contratación para desencanto de los tifosi laziale. Y en Roma dejó grandes recuerdos y grandes partidos, pero quizá le faltó refrendar su buen fútbol con la consecución de algún título. Dejó en Roma, sensaciones encontradas, pues pese a no triunfar del todo dejó para el recuerdo la silueta eterna de un talentoso futbolista al que convirtió en nuevo emperador romano. Su nombre, Francesco Totti, un medio con un gran futuro que explotó bajo su conducción técnica, y al que sometió a una preparación física individualizada. Zeman mostró a Totti su ubicación en el fútbol, partiendo desde una banda, cortando y trazando diagonales hacia adentro tan eternas y geniales como Roma. Un futbolista tan ecléctico y diverso en su juego como Cicerón, que asimiló varias teorías de pensamiento.

En el verano de 1999, la Roma decidió sustituirlo por Fabio Capello, Zeman seguía teniendo cartel como técnico, pero incomprensiblemente su carrera se fue diluyendo poco a poco. Su fútbol, su filosofía había demostrado que era plausible y compatible con el éxito y el espectáculo, pero su controvertida personalidad acabó pasándole factura. Zeman decidió no callarse en un momento bastante delicado de la historia del Calcio, hizo incursiones en temas que otros jamás hubieran osado tocar siquiera de puntillas. Hizo alusiones directas al supuesto dopaje, a la compra de partidos y entró en la lista negra de la elite del fútbol italiano.

El Fenerbahçe, el Napoles, la Salernitana y el Avellino escenificaron su destierro involuntario poco antes de dejar su sello de genialidad nuevamente en el Lecce, donde el tridente compuesto por Vucinic, Bjelanovic y Bojinov se quedó a un solo gol de convertirse en la línea atacante más anotadora de la serie A en la temporada 2004/05. Luego pasó por el Brescia, volvió a Lecce, y estuvo en el Estrella Roja, para en 2010 ser rescatado por Pasquale Casillo (su viejo presidente) para el Foggia, donde consiguió un sexto puesto con el mejor ataque y la peor defensa del campeonato. Actualmente el viejo Zeman, lo intenta una vez más en el Pescara de la serie B italiana.

Zdenek sigue dictando sentencia y sentando cátedra cada vez que habla de su concepción del juego. No se ha movido un ápice de aquel discurso y aquella filosofía que le llevó a la gloria en los años noventa con el Foggia. Tras aquella humareda que le acompaña siguen surgiendo ideas geniales, un fútbol ofensivo y entrenado, basado en la ubicación, la posesión, el movimiento y la sincronización. Un estilo que con algunas variantes hoy triunfa en el mundo con el modelo Barça y el de nuestra selección, aquel que el ecléctico Zdenek Zeman heredó de la Escuela del Danubio y defendió desde aquel día en el que encontró su ubicación en el mundo.

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