Histórico
12 septiembre 2011Jose David López

Genk: El trampolín improvisado de la Champions

El formato de play-off instaurado en el fútbol belga hace ya tres temporadas, generó enormes críticos y defensores del romanticismo puro en toda competición. El sistema de campeonato regular y posteriores play-off (por el título, por competiciones europeas y hasta uno definitivo por conocer qué club desciende), ha favorecido la emoción final pero ha magullado drásticamente la importancia de la regularidad a lo largo de un curso completo. La Federación belga intentaba con estos cambios, ofrecer un torneo más igualado, con opciones abiertas a más clubes y donde no existiera reinado continuista de ninguna institución en particular. Y desde luego, que Anderlecht o Brujas, los dos clubes más importantes a nivel mundial que ha exportado en su historia el fútbol belga, han quedado gravemente debilitados con los cambios. Con alternativas al resto, uno de los que mejor supo entender la nueva competición fue el Genk, que reactivó su palmarés y regresa a la Champions League una década después de su única participación en fase final.

Por aquél entonces, el título liguero (1999) había llegado de la mano del técnico francés Aimé Anthuenis (que se marchó meses después al Anderlecht), con jugadores que pasaron a la historia del club por ser los primeros en tocar la gloria nacional (Strupar y Oulare). Pero toda aquella expectación, no tuvo recompensa a nivel europeo porque su estreno continental en la Champions League, fue una enorme decepción al caer en segunda ronda previa ante el Maribor. Aquella campaña se salvó con el título de Copa porque sus malas sensaciones globales se habían trasladado también al campeonato, donde no pudieron seguir el ritmo de la zona alta. Dos años grises volvieron a desencadenar una reacción en 2001, donde los treinta goles del aún activo Sonck y la ayuda de Dagano como killer de ataque, volvieron a llevar a los del Cristal Arena a lo más alto del fútbol belga. Fue allí cuando el club logró el mayor logro de su historia, al alcanzar la fase final de la Champions League y empatar cuatro partidos ante cada uno de sus rivales (AEK Atenas, Roma y Real Madrid), aunque quedando último de su grupo al caer en los otros restantes.

Tras una larga década de peleas en zona media y sin ser protagonista, el nuevo formato del campeonato abrió las esperanzas a clubes que actuaran con criterio y mejoraran globalmente su organización. En un par de años, el Genk encontró cierta estabilidad en su base de trabajo de la mano de Franky Vercauteren y, sobre todo aprovechando un fantástico inicio de campaña que levantó a su afición y les hizo crecer muchísimo en su confianza, lograron recuperar prestigio semanalmente hasta sumar el tercer título de su historia. La auto-dependencia de los goles de Vossen (que explotó el año pasado y es deseado por grandes clubes europeos), la velocidad de Ogunjimi (que ha estado a un paso de llegar al Mallorca pero sigue cedido ahora por los bermellones) y la garra potente del israelí Barda, fueron determinantes pues ellos lograron 49 de los 64 goles del equipo en la temporada.

Un ataque que desmontó defensas, que logró un arranque espectacular con nueve victorias y dos empates en las once primeras jornadas. El buen hacer en la medular del checo Pudil, las llegadas del húngaro Tozser y la calidad del joven belga De Bruyne, completaron el éxito, que hubiera sido imposible sin la aparición del gran portero, Courtois, ahora fichado por el Chelsea pero cedido este curso en el Atlético de Madrid (su gran baja este año). Aquellas jornadas de expectación y creciente confianza, generaron un impulso general para la plantilla, que nunca perdió fuelle a pesar de la presión de clubes más expertos como Anderlecht o Standard. Ganando a los de Lieja en el partido definitivo del play-off por el título, alcanzaron el techo del fútbol nacional y, aunque de nuevo con muchísimos problemas, repitieron como hace una década en la fase final de la Champions League tras dejar por el camino previo al Partizán de Belgrado y al Maccabi Haifa (por penaltis).

Un éxito que llega con la misma base del curso pasado, que prácticamente sólo se ha reforzado con el joven delantero de origen congoleño Christian Benteke y que ha cambiado drásticamente en el banquillo, ya sin Vercauteren (se marchó a Emiratos Árabes) y ahora comandado por el singular Mario Been (ex Feyenoord), que firmó para una sola campaña y que ha tenido un discretísimo inicio de proyecto (tras seis jornadas es octavo), sólo salvado por levantar la Supercopa belga y una clasificación europea que pretende actuar de trampolín. El salto empieza ante el Valencia.

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