Histórico
12 septiembre 2011Daniel Cana

Del Nido invoca la redención de los clubes

El fútbol español demuestra cada cierto tiempo que su gestión y organización son manifiestamente mejorables. La Liga de Fútbol Profesional (LFP) es un ejemplo paradigmático de ello. En lugar de garantizar la fortaleza, visibilidad y adecuada fortaleza de la competición, la patronal se pierde en intrigas e intereses particulares. Sin embargo, en el fondo,  son los propios clubes quienes integran la LFP y los últimos y únicos responsables de su funcionamiento. El circo es suyo pero parece que los acróbatas funcionan por su cuenta.

El Presidente del Sevilla, José María Del Nido, se erige estos días en portavoz y motivador de una presunta mayoría de equipos (excluidos de momento Real Madrid y FC Barcelona) para realizar cambios en la estructura de la LFP, modificar la negociación de los derechos televisivos y proteger la segunda división. Para Del Nido, la Liga española es “la porquería más grande de Europa”. La imposibilidad de discutir la élite deportiva con los dos grandes ha llevado al presidente sevillista, siempre exagerado en sus declaraciones, a equivocar el tono del discurso, distrayendo con las formas el fondo, más aún cuando no hace tanto podíamos leerle cosas como éstas. Los clubes y Del Nido tienen razón al respecto de los derechos de TV. El reparto en nuestra Liga es el más injusto y desproporcionado de toda Europa, como rápidamente podemos deducir con estos datos.

Pero al tiempo, la mayoría de equipos debe reconocer que firmaron libremente sus respectivos  contratos con Mediapro, que no se quejaron cuando cada uno negoció de manera individual sus cantidades, esas que les salvaban del apuro puntual y que gastaban con más rapidez de lo que ingresaban, sin preocuparse entonces del mínimo de los más modestos o de la división de plata. La negociación colectiva era tan imprescindible en 2006 como ahora. Además, no tiene ningún sentido desprestigiar el activo objeto de una negociación que se pretende iniciar y que sea beneficiosa para todos. Por su parte, Mediapro, como empresa privada tenedora de los derechos, aspira a rentabilizar su inversión y ese objetivo siempre estará por encima de cualquier otro. Son los clubes y por tanto la LFP quienes deben evitar que el operador televisivo sea quien dirige la competición. Hasta los horarios deberían ser consensuados.

Ocurre lo mismo con el actual problema de las radios. Los clubes venden sus derechos audiovisuales –obsérvese la primera parte de la palabra, que no siempre se hace–, que quedan también en propiedad del operador según establece la sección tercera de la Ley General de la Comunicación Audiovisual. La radio, fiel acompañante del fútbol durante décadas, también rentabiliza (por ejemplo publicitariamente) de manera estupenda los partidos de fútbol, como bien se aprecia revisando los sueldos y fichajes millonarios de las principales cadenas para la nueva temporada. El fútbol profesional (no hablo de segunda b y fútbol modesto, que esa es otra cuestión) no necesita más a la radio que viceversa. El argumento de que durante toda la semana la radio “habla y calienta los partidos” me parece insuficiente dado que nos encontramos ante un producto que, para bien o para mal, en este país se vende solo. La guarnición está bien, pero el solomillo se demanda día tras día.

La narración de un partido no constituye derecho a la información, por más integrada que esté en nuestra vida diaria, como la propia radio. De nuevo, el problema es que los equipos parecen no ser propietarios de sus derechos, y quedan supeditados a las decisiones y cantidades que Mediapro considere reclamar, incomodando a sus viejos y fieles compañeros de viaje de las ondas; filtran que la decisión del canon no es suya, los mismos que estamparon su firma (y quién sabe si también su sangre) en los contratos vigentes. Los clubes, en lugar de dirigir la batalla, están en mitad de una trinchera escuchando las balas silbar sobre sus cabezas. Es su culpa.

Las reuniones están bien, aun cuando sería más lógico que fueran en la sede de la Liga, sobre todo para que la gente no empiece a sospechar que la patronal es una cosa y sus afiliados otra. Proceso kafkiano. Las demandas del grupo de Del Nido son sensatas, lo mismo que válidos los contratos en vigor. Un reparto más solidario de los ingresos puede que redujera las distancias competitivas, pero seguro que no evitará que FCB y Real Madrid sean superiores y que determinados directivos dilapiden dinero de suculentos traspasos o que acaben con sus equipos en ley concursal. Ni todo el dinero de Rupert Murdoch evitaría eso en España, propuesta como punto a añadir, debatir y evitar en el orden del día de la próxima reunión. No parece lógico hablar de ingresos y no de gastos.

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