Histórico
22 septiembre 2011Daniel Cana

Barcelona: La exigencia del 3-4-3

Desde que Guardiola ocupa el banquillo azulgrana, posiblemente las visitas a Mestalla han resultado las más difíciles para el equipo barcelonista. Dos empates y una victoria mínima con gol de Messi la temporada pasada. A la cuarta el Valencia estuvo a punto de conseguirlo, pero le sobraron quince minutos y le faltó un poco de combustible. Hasta ese momento, el grupo de Emery llevó la iniciativa y desnudó al Barça. Con ese doble lateral izquierdo, formado por Jordi Alba y Mathieu, convirtió la banda derecha en un patio de recreo para disfrute de Soldado y para pesadilla de la defensa de tres que planteó Guardiola.

El entrenador, aun habiendo declarado en la previa que el 3-4-3 era arriesgado para jugar ante equipos fuertes, y recordando ya la temporada pasada sufrir la doble arma zurda del Valencia, insistió en esa disposición. Lo justificó en rueda de prensa tras el partido con la idea de que la presencia de Mascherano, rápido pero firme posicionalmente, ayudaría a contrarrestarla. La realidad fue bien diferente. El comodín argentino sufrió como nunca con la camiseta azulgrana, Puyol y Abidal resultaron igualmente desbordados y el medio campo rara vez ayudó en las coberturas.

El 3-4-3 exige máxima concentración, esa presión tan efectiva que ahoga a los rivales sin centrocampistas creativos que sepan qué hacer con la pelota y sobre todo mucha posesión. Así lo justificaba Cruyff en las derrotas, con frases como “el sistema ha funcionado muchas veces, cuando perdemos es que algo hemos hecho mal”. Guardiola fue más preciso: “Tener posesiones más cortas de lo habitual nos obliga a un mayor trabajo y desgaste defensivo”. Clave. A mitad de segunda parte el porcentaje era 47 vs 53 %.

El Barça quizá no esperaba tanta exigencia y resistencia del rival. Desconcentrado e impaciente, cayó hasta en once veces en fuera de juego, ante una defensa valencianista ágil y bien acompasada.  Así que no logró hilvanar su fútbol hasta que no se agarró de verdad al balón: de esta manera logró detener la sangría defensiva (primero regresando tras el descanso a la línea de cuatro, para terminar de nuevo con tres) y comenzar a desarrollar su juego real.

Con Messi convertido en un mágico croupier, repartiendo cartas de todos los colores y categorías a sus compañeros, logró empatar y pudo llevarse la victoria en el tramo final. Su conexión con Cesc, remite a aquellos partidos con el Cadete A del FCB en 2003. Han pasado ocho años; en el césped, no podría decirse ni que pasaron ocho días.

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