Histórico
1 agosto 2011Jesús Camacho

Rebolo, un pintor en la línea de cal

En 1910 un grupo de trabajadores que aguardaban el tranvía en la esquina de la Rúa de los italianos con la Rúa José Paulino, en el barrio de Bom Retiro de Sao Paulo, tuvieron la idea de crear un equipo de fútbol. Joaquim Ambrosio, Carlos da Silva, Rafael Perrone, Antonio Pereira y Anselmo Correa, maduraron aquella idea y, un 1 de septiembre de 1910, vieron cumplido su sueño con la creación de uno de aquellos equipos de “varzea” en los que la clase humilde pudo practicar un deporte considerado con grado de exclusividad para las altas clases sociales de Brasil.

Algo que comenzó a cambiar con las inquietudes deportivas y sociales de estos grupos reducidos de trabajadores, entre los que se encontraba Anselmo Correa, español radicado en Sao Paulo y uno de los más relevantes integrantes de aquel que trabajó a fondo en la formación, fundación y creación de Sport Club Corinthians Paulista, cuyo nombre encontró su origen en el equipo inglés Corinthian Casuals, que por aquella época disputaba partidos en la populosa y emergente ciudad que surgió del café.

Sao Paulo, principal centro financiero y comercial de Brasil, también su polo cultural más importante, pues en ella encontraron su origen e inspiración musical una serie de movimientos artísticos que describieron la personalidad de sus calles y la heterogénea diversidad cultural de sus habitantes.  Y en aquella dinámica ciudad brasileña, en la que la Societá Sportiva Palestra Italia (el equipo de los italianos) comenzaba a escribir las primeras páginas de su leyenda, el Sport Club Corinthians (el equipo de los españoles) surgió con fuerza y como su principal respuesta existencial.

Así nació Corinthians, que pronto comenzó a dejar su huella en las crónicas históricas, pues en 1914, cuatro años después de aquel fundacional primero de septiembre, ganó su primer título sin perder un solo partido del Campeonato Paulista. Corinthians fue evolucionando históricamente a la vez que su escudo, las simples “C” y “P” mayúsculas, que adornaban su historia en sus inicios, y que encontraron su evolución más drástica y genial en la raya de cal.

Concretamente en la imaginación de un artista hispano brasileño llamado Francisco Rebollo González. Un chico nacido en Sao Paulo en 1902, de padres españoles e incipientes inquietudes artísticas. Aquel que encontró idéntica inspiración tanto en el fútbol como en la pintura, pues desde que tuvo uso de razón sintió especial atracción por el balón y los pinceles.

Con menos de 10 años de edad, ya era ayudante de pintor y hacía cuidadosos adornos en las paredes de casas y salones del  centro de São Paulo, principalmente en barrios como Mooca, Brás y Barra Funda. Con 14 años ya se dedicaba a decorar iglesias y palacetes, mientras su veloz estela borraba la línea de cal de la banda derecha de Argentinos, conjunto en el que se dio a conocer.

Cuentan que ya por entonces sentía a fuego en los óleos de su corazón la pasión por los colores corinthianos. En el libro “Rebolo 100 anos”, se recogen unas palabras suyas que así lo atestiguan: “cuando comencé a jugar con Argentinos,  ya era corintiano, fui corintiano desde que conocí el equipo…”.

Así perfilo su leyenda, los primeros esbozos y retazos de una genialidad creativa que desarrolló con posterioridad en las filas de Sao Bento, club desde el que desplegó su habilidad entre 1917 y 1922, año en el que ingresó en las filas de Corinthians. Una fecha marcada en rojo en el calendario histórico del club, pues aquel año se proclamó campeón de la Copa Centenario de la Independencia. Un título que el club compartió con Rebolo, aunque no formara parte integrante del primer equipo, pues la reconocida ascensión creativa del que estaba considerado como artista oficial del conjunto corintiano así lo merecía.

En aquella década de los años veinte, Rebolo (como era conocido por los brasileños) dejó su sello e impronta de velocista en el ala derecha del conjunto reserva de Corinthians, donde se recuerda a aquel baixinho habilidoso, intrépido y veloz. Un jugador de 1,60 metros de estatura que entre 1922 y 1927 manejó la leyenda Corintiana blandiendo como armas un pincel y un balón.

Y es que aunque Rebolo jamás integrara las filas del conjunto principal, asió el balón pegado a su bota llevándolo vertiginosamente al filo de la raya legendaria e imaginó con su pincel, la evolución de un escudo en el que plasmó las nuevas señas de identidad de una sociedad que había crecido exponencialmente. Entre 1937 y 1939, Rebolo creó la versión final del escudo introduciendo el remo y el ancla, representando un deporte que hacía furor en el Brasil de la época. Además hizo ondear la bandera blanquinegra paulista como rosa de los vientos de aquella legendaria entidad.

Tras abandonar la raya de cal del club de Parque São Jorge, colgó sus botas en las filas de Ypiranga, donde jugó seis años pero jamás olvidó su querido Corinthians. Francisco Rebollo colaboró de por vida con el conjunto paulista haciendo donaciones de cuadros que permitieron la subsistencia de la entidad en momentos delicados para la historia del club.  Cuentan además que estableció un vínculo entre la música y la sociedad paulista a través de la escuela de samba y la torcida de Gavioes da Fiel.

Cuando en 1980 un infarto acabó con su vida, muchos ensalzaron la profundidad histórica y la calidad pictórica de un artista que legó cerca de 700 obras documentadas. Un pintor que llegó a restaurar en el Vaticano obras de Rafael, aquel que tuvo como principal tema al São Paulo de los años 30, 40 y 50, y que entre otras muchas creaciones, nos obsequió con la obra “Futebol”, una crítica social al deporte de la época. Datada de 1936, en la obra se muestra a sí mismo jugando con un colega negro con la intención de plasmar la preferencia que tenían los atletas blancos en relación a los demás.

En 1983 recibió el homenaje de Corinthians, con la creación de un póster conmemorativo en recuerdo del autor del escudo del club. Un homenaje ideado por Antonio Gonçalves, Washington Olivetto y Adilson Monteiro Alves.

Posteriormente en 2002 y coincidiendo con el centenario de Corinthians, Fernando Henrique Cardoso, por entonces presidente del club se acordó de su figura y Corinthians saltó a césped con la siguiente leyenda en sus camisetas: “Homenaje a Rebolo de las dos artes, el fútbol y la música”

En 2009, el club paulista se acordó de Rebolo una vez más, pues Andrés Navarro Sánchez, español y presidente de Corinthians encontró en su figura la habilidad creativa que estableció las señas históricas de identidad del conjunto paulista, que eligió su nombre para bautizar el salón noble de Pacaembu, donde una placa con su busto recuerda desde entonces al pintor más noble y creativo que tuvo la línea de cal.

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