Histórico
15 agosto 2011Jose David López

Real Madrid: Sobre-excitación masiva

Rubia, sábado noche, tres de la mañana. Copa, amigos, exaltación de sensaciones. Presentación, contacto y conclusión. Las noches de verano son una larga lista de posibilidades que encajar con inteligencia, una lectura positiva de cada momento y, desde luego, la cabeza fría ante tensión sentimental o posibilidad de éxito final. Un alud de sensaciones que reciben estímulos externos con mayor facilidad de la debida y que encuentran en cualquier instantánea optimista, un arreón moral difícilmente controlable. Momento de intensidad y disfrute, pero también de pérdida de lógica y menor capacidad resolutiva.

El fútbol también padece estos males y con el calor dominical de la capital, el Real Madrid se excitó, entusiasmó a sus miles de acompañantes y alcanzó su ardor más alto en toda la ‘Era Mourinho’. Rival perfecto, motivación ilimitada y pasión indefinida. Presentación tenaz, puesta en escena agradable, primer contacto exitoso (gol de Ozil) y sensación espídica. Argumentos para frenar al Barcelona, romper su estilo, evitar posesiones largas con la pelota y hasta hacer dudar del planteamiento de Guardiola. Pero la resaca de la noche de verano llegó demasiado pronto y derrumbó las premisas que parecían encontrar la luz anti-culé. Sobre-excitación, energía incoherente y mala interpretación creativa-ofensiva.

Después de ver cómo 55.000 personas acudían al primer entrenamiento a puertas abiertas de los últimos años, era seguro que el madridismo respondería desde las gradas a la cita que abría el curso en el Santiago Bernabéu. Mourinho buscaba reconciliarse, ganar más adeptos y mostrar una actitud amistosa antes de la primera batalla de la temporada, una más dentro de un conflicto global desencadenado en altas dosis de incongruencia desde que pisó suelo blanco. Esa animosidad del público madridista no se había reflejado desde hacía tiempo, atendiendo al juego con silencios críticos y cuestionando con sus silbidos aquellas situaciones inconformistas. Pero el entrenador ha logrado que su gente altere la propuesta de fútbol que siempre entendió como la acertada para ganar, para ser el más grande y para seguir conquistando títulos que llegaron a las vitrinas bajo otro prisma.

El Real Madrid aumentó en los últimos meses su ‘odio deportivo’ sobre el barcelonismo, sus argumentos futbolísticos y quienes lo ejecutan sobre el césped. Esa sensación inquina, encuentra su punto de mayor esplendor tras haber quedado eliminado en Champions League y haber cedido en la pelea liguera por el trono nacional. Todo ello, genera un cóctel veraniego implacable. Primero excitación, intensidad absoluta en cada pelota y ante cualquier rival o zona del césped. Una creencia que gana fuerza cuando se obtiene premio, se limita al rival y se deja huella sobre el enemigo. Pero el segundo sorbo fue igualmente estricto en sus consecuencias y el Real Madrid pasó de plasticidad-disciplina, a perder toda coherencia en su guión, borroso e ininteligible conforme avanzaban los minutos. Dureza, agresividad excesiva y pérdida de concentración desde un habitual como Pepe a un renovado Xabi Alonso sin olvidar a incisivs corredores de fondo como Callejón, Khedira, Coentrao y hasta Di María.

El premio llega en proponer, pero con frialdad para tomar las mejores decisiones. El éxito se alcanza bajo un patrón que cuente con un ‘extra’ cuando el trabajo está casi cumplido. Pero en la noche de verano, Mourinho no alteró su objetivo, fue perdiendo afinidad y terminó desesperado, con el rostro sudado y peleándose en detalles menores (mandando a Karanka de nuevo a rueda de prensa). La rubia, la meta a superar y el test que elevara la moral general, se marchó en un descapotable con dos copas bajo el brazo (2-2, clave goles visitantes) y decidida a mostrarse letal en una segunda ocasión. El miércoles, volverá a intentarlo.

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