Histórico
15 agosto 2011Daniel Cana

Real Madrid-Barcelona: El balón en el foco

La última vez que el FC Barcelona tuvo menos posesión de balón que su rival fue terminando la temporada 2007-2008, precisamente en el Bernabéu, cuando el equipo azulgrana agasajó a su rival con un pasillo antes del pitido inicial y después con todo tipo de amables facilidades añadidas.  4-1 fue el resultado. La mala imagen de aquella noche terminó, por si no estaba suficientemente claro, con la etapa de Rijkaard en el banquillo y de Eto’o y Deco en el césped (bueno, en realidad, el portugués  ni siquiera se presentó, había forzado suspensión por tarjetas la semana anterior).

Hoy, en el dato del minuto 85, el equipo de Guardiola había corrido más tras el balón que el adversario. No había sucedido con él como entrenador. Tres años futbolísticos completos más tarde, el Real Madrid de Mourinho casi lo consiguió. Con una semana de ventaja respecto a la preparación física y varias más en cuanto a la ambición competitiva por comenzar a saldar las cuentas pendientes del pasado curso, el equipo blanco avasalló al Barça de inicio.

Con un once sin ninguno de los nuevos fichajes (de hecho jugaron los mismos del  5-0 del Camp Nou el pasado noviembre), la presión adelantada y, sobre todo, muy bien coordinada, eliminó de raíz la salida de balón azulgrana, ya poco favorecida por las ausencias de Piqué y Busquets. Khedira perseguía casi en marca individual a Iniesta, mientras Thiago era quizá sobrepasado por el fragor impropio de un mes de agosto. Tras una buena jugada de Benzema, el mejor de su equipo, Özil aprovechó para marcar el 1-0 en el primer cuarto de hora y señalizar la superioridad blanca en el marcador.

El gol pareció conformar al Madrid, cuya intensidad disminuyó dejando respirar al Barça. Aún así pudo volver a marcar antes del primer tiro a puerta de los azulgrana. Messi, descolgado en el medio campo, logró por fin agarrar una pelota de cara. Citó de lejos a Pepe, que abandonó su posición en la defensa. Ramos dudó entre realizar cobertura o mantener lugar en el lateral, tiempo que aprovechó Villa para enganchar un disparo fantástico. No lo merecía el Barça, menos aún cuando Messi, rodeado una vez más de contrarios en el área sin camisetas amigas, hizo su séptimo gol en cinco visitas consecutivas al Bernabéu y mandó el partido con 1-2 al descanso.

El shock afectó al Madrid tras la pausa.  Había jugado para más sin premio, pero lo encontró en un saque de esquina que sirvió a Xabi Alonso para empatar. Con el hilo recuperado de nuevo, avasallaron al Barça durante veinte minutos. Con menos ortodoxia y más temperatura, tuvo juego e intenciones, aunque también un exceso de juego duro, con el tristemente célebre Pepe y un irreconocible Alonso al frente de las otras operaciones. Mientras, Guardiola no tuvo más remedio que recurrir a Piqué y sobre todo a Xavi. La presencia del ‘6’ atenuó el ímpetu del Madrid y moderó el juego propio. El FCB dio por bueno el resultado y el entrenador lo consideró después ante los periodistas una “proeza”. Cierto aunque ligeramente apocalíptico (2-2).

Si quiere, el Madrid ha encontrado el camino. O al menos por dónde empezar a recorrerlo. El de la vuelta de la semifinal europea. Admitir sus diferencias respecto al Barcelona pero nunca su inferioridad. Potenciar sus armas y limitar las del contrario. Centrarse en el juego y olvidar las ridículas obsesiones que Karanka recuperó en su pobre rueda de prensa. El Barça, con más entrenos y desde ya con Fàbregas, recuperará solvencia con el balón y con un ritmo más elevado el físico y el choque son armas menos efectivas contra su juego. Además añade para la causa a un pelotero de los que no huyen, Alexis. La disputa del balón, un asunto de caza mayor.

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