Histórico
11 agosto 2011Jesús Camacho

Pelé, eterno sobre el terreno de juego

Recientemente una noticia logró captar mi atención para mal en lo concerniente al que si no es el más grande, forma parte de aquel póker de dioses que componen los mejores cuatro futbolistas de la historia: Maradona, Di Stefano, Cruyff y Pelé.La prensa deportiva se hacía eco de la firme decisión del Santos de incluir a Orei en la lista de su equipo para la disputa del próximo Mundialito de Clubes, con la intención de engordar la leyenda y su palmarés a sus 71 años de edad.

En un principio la idea del club paulista era la de incluirle en la lista de inscritos con el firme propósito de rendirle homenaje y su objetivo en caso de victoria, pero al parecer y según algunas fuentes apuntan, Pelé manifestó que si era incluido en la lista, tenía la intención de jugar al menos cinco minutos de forma testimonial. Como ya sabéis, todo lo que sirva para homenajear a la historia y las leyendas del deporte siempre lo he considerado además de necesario, absolutamente merecido, pero en este caso no puedo estar de acuerdo con lo que bajo mi punto de vista no se trata de otra cosa que de hacer caja desvirtuando la competición y engordando un palmarés no conseguido en el terreno de juego.

Para mí Pelé siempre será aquel futbolista capaz de hacer decantar la balanza en su favor en el debate eterno sobre quién fue el mejor. Dicen que Di Stefano era el más completo, que con la aparición de Cruyff hubo un antes y un después en el fútbol europeo, y que con Diego nació una nueva religión, pero como bien dijo el gran defensa italiano Tarcisio Burgnich, encargado de marcar a Pelé en la final del 70: “Antes del partido, me decía: es de carne y hueso, como yo. Luego comprendí que estaba equivocado”. En aquel Mundial del 70 el diario británico ‘The Sunday Times’ tituló: “¿Cómo se escribe Pelé?: D – I – O – S”. Así quiero recordar a Pelé, a través de sus goles y en concreto a través de dos de ellos que no tuvieron la trascendencia de aquel golazo del 58 ante Suecia, pero que merecen mucho la pena y representan uno de los muchos regalos que nos dejó este futbolista único. Lo demás es puro marketing, negocio puro y duro.

Gol de Placa

La tarde que Maracaná vivió el 5 de marzo de 1961 representa uno de los momentos mágicos y legendarios de los que ha sido testigo el histórico y monumental escenario. Aquel día los aficionados de Fluminense vieron cómo un genio se encargaba de aniquilar a su equipo con uno de los mejores goles de la historia del fútbol y de la carrera de Pelé. Fluminense cayó 3 a 1 ante Santos pero lo verdaderamente importante aconteció en el minuto 40 de la primera mitad, cuando ‘Orei’ recibió desde su defensa el balón que le había servido Dalmo, entonces puso su maquinaria en funcionamiento:

Con la bola pegada al pie puso la primera marcha, luego la segunda y finalmente la tercera, con la que fue una locomotora precisa e imparable directa hacia la meta defendida por Castilho. Dribló hasta a siete jugadores de Flu, Pinheiro no pudo frenarlo de ninguna de las maneras, y el desesperado Jair Marinho no pudo dar caza a Pelé, que con dicha acción dio una auténtica lección de potencia, calidad, técnica individual y frialdad de cara al marco contrario. La afición de Flu cayó rendida y aplaudió a reventar durante dos minutos, la prensa empleó todas sus rotativas deportivas para ensalzar y contar el impresionante gol de Pelé. Aquel gol fue bautizado con el sobrenombre de “Gol de Placa” y llevó la firma de un genio mucho antes de aquel también maravilloso gol de Maradona en el Mundial. Sin duda no debemos polemizar con el hecho de quién fue mejor puesto que ambos fueron números uno y consiguieron unir a los aficionados al fútbol de todo el mundo. Lo triste del suceso es que no había ninguna cámara allí para filmarlo. En la actualidad se intenta reconstruir esa jugada maravillosa a través de la informática, basándose en fotos y relatos.

El gol más bonito de su carrera

Otro dulce momento de la carrera deportiva de Pelé lo vivió en un encuentro ante la Juventus SP, en aquel encuentro ‘Orei’ marcó el gol más bonito de su carrera según sus propias palabras y las de sus compañeros. El zaguero Clovis fue testigo en primera persona de una memorable acción de Pelé. El 2 de agosto de 1959 en Rua Javari, Santos vapuleó a Juventus 4-0, pero lo mejor fue el gol del astro brasileño: Dorval le envió un balón por alto y Pelé con un sutil toque dejó clavado a Homero, el lateral Julinho salió a su paso al borde del área y recibió el primer sombrero de Pelé, luego sería Clovis, que solo pudo ver pasar el balón sobre su cabeza en el segundo sombrero y, finalmente para batir todos los record de la historia del fútbol en lo que a sombreros se refiere, el guardameta Mão de Onça ante su desesperada salida, recibió el tercer sombrero consecutivo. Pelé a puerta vacía y con cuatro rivales mudos como testigos, dio dos toques con la cabeza y mandó el balón a la red con un gol de sombrerazo.

Al respecto de esta brillante acción hay que destacar que tampoco las cámaras pudieron ser testigos de la maravilla de ‘Orei’, pero en la actualidad la extraordinaria película “Pele Eterno” (que ningún admirador al fútbol se puede perder) hace una reconstrucción por ordenador de dicho golazo. Como ya apunté, así quisiera recordar a Orei, ganándose la admiración y el respeto histórico de todos nosotros, no prestándose a desvirtuar su palmarés con un título que en caso de conquistarlo (enfrente estará el Barcelona), sería conseguido de forma anecdótica y testimonial, jamás logrado y ganado en una batalla real sobre la hierba verde que matiza las acuarelas esféricas de color y las leyendas de la historia de este juego.

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