Histórico
4 agosto 2011Jesús Camacho

Kipiani, el mago del Cáucaso

Hoy jueves dará comienzo la LVII edición del Trofeo Ramón de Carranza con la participación de Udinese, Málaga, Sporting de Portugal y Cádiz. Y aunque muchos no perciban en la monumental copa el brillo que ostentó antaño, en ella descansa la leyenda e historia de la que en otro tiempo estuvo considerada como la Pequeña Copa del Mundo. Teniendo como primer campeón al Sevilla en el 55, por el ahora remozado estadio gaditano pasó lo más granado del fútbol mundial, los mejores equipos y los mejores jugadores, desde Kubala a Di Stéfano, pasando por Pelé, Eusebio, Puskas, Cruyff, Zico, Romario, Gento, Ademir da Guía… Mágico González.

Con ellos crecimos muchos gaditanos, aficionados al fútbol que en agosto encontrábamos una cita ineludible con los grandes del fútbol mundial y nuestro afilado sentido por la estética de este deporte. Los tiempos han cambiado y aunque el nuevo Cádiz de Pina nos ilusione con la suficiente fuerza como para hacernos soñar con una salida de nuestro hundimiento administrativo, más una esperanzadora huída de nuestro destierro moral y deportivo, el Trofeo de los trofeos ya no es lo que era. Rara es la ocasión en la que un crack mundial se deja ver por el estadio gaditano, por lo que la nostalgia inunda nuestros sentidos, cuando al abrir la tapa llameante que tiene por sombrero nuestra querida copa, encontramos en su interior instantes de leyenda que quedaron grabados a fuego la memoria histórica de varias generaciones.

Y en aquel viaje temporal en el que la memoria del aficionado convierte el pretérito esférico en leyenda, encuentro un recuerdo que permanece desde el año ochenta del siglo pasado, cuando en la XXXVI edición del Trofeo Carranza descubrimos a un georgiano que nos cautivó a todos con su estela de genialidad y grandeza. Flamengo, Real Betis, Cádiz y Dinamo Tbilisi rivalizaron por la conquista de la monumental Copa, en la primera semifinal disputada un 30 de agosto, Flamengo y Dinamo Tblisi se enfrentaron bajo un sol de justicia. Aquella tarde acudimos con la intención de disfrutar con el conjunto de Gávea, con aquel inolvidable Flamengo de los Marinho, Juníor, Andrade, Tita, Carpegiani, Zico y compañía. Poco conocíamos de aquellos soviéticos que en realidad eran georgianos, por lo que cuando les vimos plantar cara a los brasileños desplegando un fútbol de tanta altura como las montañas del Gran Cáucaso, quedamos gratamente impresionados.  Especialmente por el desempeño genial de dos de sus futbolistas,  el de Ramaz Shengelia y el de un número diez de bigote e incipiente calvicie llamado David Kipiani.

En las botas de este último toda la magia caucasiana, un tipo capaz de dar un pase de cuarenta metros para depositar suavemente la pelota en las manos de un compañero que se disponía a sacar de banda. El motor ofensivo de un equipo que desplegaba un fútbol atractivo, alternando la velocidad con el toque y desarbolando a un Flamengo que tuvo que emplearse a fondo para doblegarlos. El encuentro finalizó con un elocuente empate a dos y el espectáculo fue servido en bandeja de plata por brasileños y soviéticos. De número diez a número diez, de Zico a Kipiani, de la imaginación de un dios del fútbol a la creatividad de un calvo georgiano que quedó para siempre en nuestras retinas.

Flamengo venció en la tanda de penaltis y, acabó haciéndose con el Trofeo (venció al Betis 2 a 1, con dos tantos de Zico) entre otras muchas razones, por un gol de Zico a Esnaola que quedó para los anales de la historia de la Copa, pero aquel Tblisi dejó también su sello de grandeza. Acabó en tercer lugar tras superar al Cádiz en la tanda de penaltis, previo empate a uno en el tiempo reglamentario, y de alguna u otra forma todos nos interesamos por la carrera de aquel calvo que con el diez practicaba un fútbol de seda. Como dicen en Italia un fuoriclasse, un futbolista nacido un 18 de noviembre de 1951 en Tbilisi (Georgia) bajo el yugo soviético, aquel que desde joven comenzó a despuntar por su talento para el fútbol, en la escuela de deportes Nº35. Ese mismo que en 1968, a la edad de 17 años, ingresó en las filas del Dinamo Tbilisi para integrar su formación reserva, y que dos años después, en 1970, completó su proceso de evolución deportiva en las filas del Lokomotiv de Tbilisi.

Con su regresó al Dinamo en 1971 y su providencial estancia durante los siguientes once años, formó parte del equipo de fútbol georgiano más brillante de su generación y uno de los mejores conjuntos soviéticos de la época. El Dinamo Tiblisi, dirigido técnicamente por Nodar Akhalkatsi entre 1976 y 1982, un conjunto que se dio a conocer a nivel internacional por el gran fútbol que desplegaba y por lograr entablar una bonita disputa deportiva con los poderosos del fútbol soviético de la época.

Un futbolista que conquistó el Campeonato de Europa junior (sub-19) en 1976, fue Campeón de la Copa Soviética en dos ocasiones, en 1976 venciendo al Ararat Erevan por 3-0, y en 1979 venciendo en la final en la tanda de penaltis al Dinamo de Moscú. Y que entró en la historia de forma definitiva, con la conquista del Campeonato de la URSS de 1978, y la Recopa de Europa de 1981. En aquella Recopa, Kipiani vivió sin duda el momento culminante de su carrera, fue un 13 de mayo de 1981, cuando el conjunto de Tbilisi superó en la final al Carl Zeiss Jena alemán por 2-1. Un equipo que en ese periodo comprendido entre 1976 y 1982, bajo su batuta mágica, derrotó a grandes equipos europeos como el “Inter” de Milán en el estadio de San Siro en Milán (con gol de David Kipiani), el Benfica, el Feyenoord, el Liverpool , el West Ham United y el Nápoles.

Los 245 partidos disputados y los 78 goles anotados en la Liga soviética certifican su leyenda, la de un futbolista elegido mejor jugador soviético del año en 1977, considerado también mejor futbolista de la historia de su país. Internacional en 19 ocasiones (7 goles) con la selección de la URSS, una grave lesión producida en un encuentro ante el Madrid truncó su carrera, precipitando su retirada de los terrenos de juego en 1982, a la edad de 31 años, cuando la magia caucasiana de un georgiano maravilloso puso fin a la leyenda del mejor Tbilisi de la historia. Aquel que prolongó de forma muy exitosa su vinculación al mundo del fútbol en los banquillos de Georgia, donde siguió haciendo historia hasta que un fatal accidente de tráfico, acaecido un 17 de septiembre de 2001, cerca de la ciudad de Mtsjeta, frenó drásticamente su incalculable aportación al fútbol de su país. Ese mismo que pone nombre a la Copa de Georgia y que con su  clase, calidad técnica, rapidez, visión de juego y olfato goleador, logró enamorarnos en el Trofeo Carranza del año 80.

David Kipiani, el Mago del Cáucaso, un calvo genial que con el nº diez a su espalda paseó su magia por los campos europeos y propició que veintiún años después de aquella calurosa tarde estival gaditana su recuerdo tornase a leyenda.

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