Histórico
9 agosto 2011Jose David López

Italia: Buscando arte devaluado

Como tres rosas en mitad de un solar abandonado. Una floreció sorprendentemente en 2006, en Alemania, fruto de una concatenación de carácter y aprovechamiento máximo de sus cualidades. Otra, levantó colorido en 2010, en la noche de Madrid, consecuencia de un técnico tácticamente avanzado y jugadores clave en un momento de forma irrepetible. Tres excepciones, tres momentos de exaltación engañosa y de preocupante lectura en la sombra. El Mundial de Alemania 2006 (Italia), el reinado europeo de 2007 (Milan) y Champions League 2010 (Inter de Milan), son los últimos grandes éxitos del fútbol italiano, pero también, las únicas alegrías que obstaculizaron su cruel realidad, la de un estilo caduco, rodeado de controversias y con instalaciones arcaicas.

Obligado a desprenderse de sus mejores jugadores en los últimos años ante el poder financiero de sus competidores europeos (Ibrahimovic, Kaká, Alexis Sánchez, Pastore y ahora posiblemente Sneijder), la Serie A ha perdido atractivo mediático y status competitivo en Europa (Alemania ya le arrebató una plaza en la Champions). Todo se refleja en su selección, que se desmontó en Sudáfrica 2010 (cuarta en su grupo por detrás incluso de Nueva Zelanda) y que manifestó el catastrófico momento del sentimiento azzurri, necesitado de un giro global en sus cónclaves futbolísticos. Se reaccionó en el banco, otorgando poderes a un ‘avanzado’ como Cesare Prandelli, que ha encontrado cierta regularidad aunque alejado de favoritismos pasados. La mano de obra está barata (muchos jugadores destructores y cumplidores), pero se buscan artistas e Italia, parece tenerlos devaluados.

La parte más positiva desde el cambio de proyecto tras el caos sudafricano, es que a falta de sólo cuatro jornadas, Italia tiene ya pie y medio en la próxima Eurocopa 2012. El valor táctico, premisa diferencial del buen funcionamiento del fútbol italiano, queda descubierto en el intocable (excepto raras excepciones) 4-3-1-2, donde todo sigue dependiendo de la capacidad creativa-organizativa de un veterano obligado a perpetuarse, Andrea Pirlo. Se le han buscado sustitutos que podrían estar a la altura pero por ahora, Aquilani y Montolivo (que parece, serán titulares ante España) se han mostrado fríos y excesivamente faltos de carácter cuando han tenido que ser la referencia. En torno a ellos, la misma intención de siempre, acondicionarse al rival con escuderos sacrificados, intenso recorrido físico y constantes ayudas defensivas. Un ritual, el de ser efectivo en la primera línea, que se ha ido extendiendo al resto de selecciones, que han logrado mejorar y crecer en torno a esta vetusta convicción. No hay rival que no presente incomodidades ante la falta de fisuras drásticas, lo que genera mayor necesidad de artistas, cuyos bocetos italianos quedaron atrapados en el Renacimiento.

La pequeña revolución de Prandelli en los últimos meses, se traduce casi únicamente en nuevas caras que han otorgado mayor juventud y futuro a su proyecto pero, sobre todo, en intentar dar protagonismo a aquellos creativos casi olvidados en la Serie A. Y es que esta selección italiana depende más que nunca de un ‘legionario’ talentoso que nunca supieron entender en su país (Giuseppe Rossi) y de un eterno ingenioso que sigue balanceando su carrera sin destino regulado (Antonio Cassano). Dos factores diferenciales, desequilibrios y visionarios en un fútbol de escasos argumentos ofensivos pero que, siendo realistas, ocupan un segundo peldaño en la escala global de estrellas actuales. Incluso Pazzini, su goleador de área, tampoco mantiene credenciales absolutas en el Inter. El resto, compromiso leal y margen menor donde elegir, algo que evidencia que Palombo (Sampdoria) y Ogbonna (Torino), hayan sido convocados pese a ocupar actualmente plaza en la Serie B. A falta de opciones, se confía en unos valores naturales a todo jugador transalpino.

Una muestra más de que Italia es, más que nunca, un conjunto de individualidades episódicas que profundiza en sus genes artísticos para evitar el descalabro definitivo. Destellos de quienes son capaces de ofrecer saltos en el guión y su intocable ADN competitivo, hacen el resto. Suficiente para seguir manteniendo el respeto pero no para intimidar como potencia mundial. Se busca arte sin que haya artistas.

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