Histórico
31 agosto 2011Francisco Ortí

El fallido ‘harakiri’ del Fenerbahçe

En la cultura japonesa el honor es más importante que la propia vida. La práctica del harakiri -o seppuku- nació como consecuencia de ello. Se trata de un ceremonioso suicidio -ya en desuso- por desentrañamiento con el que los samuráis se quitaban la vida ante la posibilidad de que su vida se viera deshonrada a causa de un delito o una falta. El harakiri estaba considerado como entrega de la propia vida al honor de una muerte gloriosa, aunque en algunos casos no lo fuese tanto. Masakatsu Morita sufrió en sus propias carnes el ‘deshonor’ de un harakiri mal ejecutado.

El escritor japonés Yukio Mishima eligió a  su joven amigo Morita como kaishakunin -ayudante en el harakiri. Su labor era decapitar al suicida durante su agonía. Así que cuando Mishima realizó un discurso ante Japón para criticar el abandono de las tradiciones nipones regresó al despacho del General Kanetoshi Mashita, perforó su vientre con la katana y suplicó a Morita que le decapitara. Morita lo intentó hasta tres veces sin éxito y fue un tercero quien tuvo que decapitar al escritor. Deshonorado por no haber ejecutado su misión, Morita decidió quitarse también la vida mediante el harakiri y volvió a fallar. Las heridas que se produjo fueron poco profundas para ser mortales.

La muerte de Masakatsu Morita estuvo lejos de ser una entrega de la propia vida al honor de morir gloriosamente como pretende el ritual del harakiri. Algo similar sucede con el Fenerbahçe turco, quien, humillado por las condenas por amaño de partidos, ha iniciado un deshonroso harakiri futbolístico. Poco después de que se hiciera pública su descalificación de la Liga de Campeones (en beneficio del Trabszonspor), el conjunto otomano solicitó a la Federación Turca de Fútbol el descenso voluntario a segunda división como castigo por el arreglo de partidos, pero su petición ha sido denegada.

“¿Si no estamos en la Liga de Campeones, por qué estamos en la Superliga? ¿Y si estamos en la Superliga, por qué no estamos en la Liga de Campeones?”, se preguntó el entrenador del Fenerbahçe Aykut Kocaman, que no entiende como la Federación Turca ha castigado al equipo alejándolo de las competiciones europeas, pero le permite continuar disputando la máxima competición del partido. Por su parte, el vicepresidente del Fenerbahçe, Ali Koc, insistió en que el club quiere bajar a segunda división a modo de protesta.

El deshonor que ha provocado que el Fenerbahçe se haya entregado al harakiri futbolístico tiene lugar en la temporada 2010-2011.  La campaña terminó por todo lo alto con la consecución del título en la última jornada, pero pocos días después del club se vio implicado en un escándalo de arreglo de partidos que ha provocado que el presidente Aziz Yildirim sea encarcelado junto a otros 30 detenidos, entre los que se encuentran dirigentes e incluso jugadores, y ha encendido la mecha de graves incidentes, liderados por aficionados violentos, que han incendiado la capital del país.

A la espera de la sentencia definitiva por el caso de los partidos arreglados, el Fenerbahçe continúa intentando clavar la katana en su vientre, pero sin legar a provocarse heridas mortales. Al igual que le sucedió a Masakatsu Morita, el harakiri del Fenerbahçe está lejos de ser una gloriosa muerte con honor. Tendrá que llegar un tercero para solucionar la situación y evitar que uno de los clubes más grandes de Turquía continúe agonizando. No por el bien de sus corruptos dirigentes, sino por el de sus calurosos aficionados. Ellos no merecen sufrir.

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