Histórico
24 julio 2011Francisco Ortí

Uruguay: Obdulio Varela, campeón arrepentido

Uruguay disputará este domingo la final de la Copa América contra Paraguay. Recordamos a Obdulio Varela el líder de la selección charrúa en la victoria del Mundial de 1950 que se disputó en Brasil.

Rio de Janeiro es, con motivo, sinónimo de samba, carnaval y alegría. Sin embargo, aquella noche de 1950 toda sonrisa se ahogó en lágrimas. Un silencio desolador manchaba de luto la capital brasileña, la que poca horas antes desbordaba optimismo. El alcohol se convirtió en el narcótico contra la decepción, y los bares, en el lugar idóneo para olvidar en compañía. Obdulio nos ganó el partido, balbuceó entre sollozos un brasileño incapaz de encajar la inesperada derrota y dispuesto a regar sus penas con chupitos.

Lo que no sabía aquel aficionado es que a escasos metros se encontraba el verdugo de sus ilusiones. Obdulio Varela le había escuchado y, sorprendentemente, compartía su dolor. “Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el Carnaval más grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo había arruinado. Me sentí mal. Me di cuenta que estaba tan amargado como él. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía, pero también me dolía“, relató el propio Obdulio Varela durante una entrevista para La Opinión en 1972.

Varela fue el capitán de la selección de Uruguay en el histórico partido del ‘Maracanazo y el gran culpable de la victoria charrúa en la final frente a Brasil. La memoria recuerda los goles de ‘Pepe’ Schiaffino y Alcides Gigghia, pero fue el Negro Jefe quien se saltó un guión escrito de antemano con final feliz para la Canarinha. Y para lograrlo sólo tuvo que andar despacio. Muy despacio. El mastodóntico Maracaná estaba preparado para ver a Brasil proclamarse campeona del mundo con una goleada sobre Uruguay. Los charrúas eran un hueso duro de roer, pero en los primeros compases de la reanudación Friaca adelantó a los locales. Era el inicio de la fiesta.

El estadio al completo comenzó a celebrar el gol. “Parecía el principio del fin“, confiesa Varela. Entonces se le ocurrió una brillante idea. Iba a eternizar ese momento. Caminó hasta su portería con calma, recogió el balón y avanzando muy lentamente se dirigió hasta el círculo central. “Tardé mucho en llegar al centro de la cancha“, relata. Sin reiniciar el juego intentó hablar con el árbitro George Reader y solicitó la presencia de un traductor para poder entenderse con el inglés. La grada perdió los nervios. “Querían ver funcionar su maquina de goles y yo no les dejaba. Estaban furiosos. Un jugador me vino a escupir, pero yo, nada. Serio no más“.

Tanto los jugadores brasileños como los aficionados estaban desquiciados. Tan sólo caminando, Obdulio Varela acababa de demostrar que los endiosados jugadores brasileños eran vulnerables. “Entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar el partido“. Y así fue, Brasil, cegada por la ira, se dejó dominar y Uruguay le dio la vuelta al marcador con los goles de Schiaffino y Gigghia. Si Varela tuviera una segunda oportunidad para jugar la final actuaría de manera diferente. “Si ahora tuviera que jugar otra vez esa final me hago un gol en contra -confiesa- Al ganar sólo conseguimos dar lustre a los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol y arruinar la fiesta a los brasileños“.

Las declaraciones de Varela demuestran su entereza ética y deportiva, y obedecía a sus ideales, aunque estos no respondieran a la corriente dominante. Jamás le dio la mano a un árbitro. “Lo saludaba, sí, y lo trataba con respeto, pero la mano nunca. No hay que hacerse el simpático“, apunta. Nunca se dejó sobornar: “Cuando vinieron a sobornarme no me enojé. Les dije que no, que se buscaran a otro con menos orgullo que yo“. No soportaba a la prensa y se negaba a posar para la foto que tomaban de los equipos antes del partido. “Una vez en Peñarol el club me llamó para convencerme de que tenía que salir en las fotos. Entonces les pregunté: ¿Para qué me contrataron: para sacarme fotos o para jugar al fútbol?“.

Su noble caracter provocó que acabara odiando el fútbol por todo lo que le rodea. “No volvería a acercarme a una cancha aunque me ofrecieran millones. No vale la pena poner la vida en una causa que está sucia, contaminada“, sentencia. La historia de Obdulio Varela es la fábula de un campeón que se cansó de ganar. Aquella noche del 16 de julio de 1950, escasos minutos de recibir la Copa del Mundo, las lágrimas de un aficionado brasileño le cambiaron la vida. La empatía convirtió al glorioso capitán de Uruguay en el campeón arrepentido.

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