Histórico
15 julio 2011Jose David López

Patrick Vieira, potencia bajo control

La temporada de lluvias había descargado gotas de ilusión y fertilidad sobre la tierra de Dakar. Eran días de tranquilidad, alegrías y fiestas, pero también de tradiciones en una sociedad amante de sus raíces guerreras. Los mejores luchadores de cada pueblo organizaban campeonatos comarcales, los mbaapat, donde los participantes (M’burr), buscaban una victoria que les reportara respeto, alimentos y la posibilidad de cortejar a las mujeres de la aldea. Sólo tocar el suelo con el cuerpo o mostrar síntomas de estar gravemente aturdido, frenarán el combate de esta lucha senegalesa, que hoy se ha convertido en un deporte nacional emitido por televisión en todo el continente.

Con sólo ocho años, sin haber conocido a su padre y con una pelota como mejor amigo, Patrick Vieira era un chico extraño. Tenía un físico imponente, una altura respetable y una corpulencia que asustaba a la humilde comuna de Dakar donde creció, pero nunca aceptó aprovechar sus cualidades divinas en el deporte nacional. Su entretenimiento era convencer al mayor número posible de amigos para organizar partidos de fútbol, una práctica que empezó a extenderse en los 70 y que encontró en ‘genios’ como el chico anti-peleas, referentes naturales para su explotación. Hoy, la capital senegalesa es epicentro africano de jóvenes promesas futbolísticas, pero todos, tienen una misma premisa para alcanzar el éxito, la de Vieira, “potencia controlada”.

La aún ingenua planificación táctica y los continuos errores en ambas áreas, siguen siendo el mal endémico del fútbol africano. Debilidad defensiva e incapacidad de remate. Fragilidad atrás y exagerado dinamismo adelante. Apuntes determinados por estadísticas irrefutables pero también por sensaciones, aquellas que siguen dando la espalda al colorido africano en momentos de máxima competitividad. No encuentran pilares en su línea de zagueros, se manejan dubitativamente como carrileros, son incorregibles ante la exagerada pasión por no madurar las jugadas y no concretan sus llegadas al área rival. Valores básicos que sólo encuentran respuestas convincentes en la medular, donde nadie ha logrado fabricar tantos y tan buenos mediocentros defensivos en las últimas décadas. Físicos, musculosos, potentes y con recorrido, aunque con una desorbitada facilidad para perder la concentración y la regularidad en temporadas exigentes. La excepción que impulsó al resto y el causante del furor renovado por este tipo de jugadores, fue Patrick Vieira.

Una presencia física de escándalo (1.93) acompañada de una venerable inteligencia táctica y un tackle único, convirtió a aquél descarado crítico de la lucha senegalesa, en el mejor representante de un rol que fundó, desarrolló y casi despidió. Rápido pese a su apariencia, una fuerza monumental y un carácter ganador fraguado en aquellos partidillos aislados del mundo agresivo, impulsaron a uno de los centrocampistas más eficaces de la historia del fútbol. Una maquinaria humana de corazón senegalés y acento francés que pudo perfeccionar sus cualidades gracias a que su abuelo, décadas atrás, había defendido al ejército galo. La diferencia era una lectura simple en apreciación pero difícil en su ejecución, educar su cuerpo, tomar el control.

Debutó en el singular Cannes con sólo 17 años, a los 19 era capitán y antes de llegar a la veintena, ya formaba parte de la brillante plantilla del Milan de los 90. Sin margen de proyección entre tantas estrellas rossoneras, su gran aliado apareció en escena para llevárselo al paraíso. Arsene Wenger, perfecto conocedor de la cantera gala, fichó a aquél ‘monstruo’ para su mediocampo y en el vetusto Highbury, dejó una década incomparable hasta convertirse en icono históricos de la filosofía Gunner. Líder de vestuario, imparable en su arrancada, poderoso en su llegada al área y empujado por una personalidad tozuda, Vieira será recordado como uno de los grandes de todos los tiempos por su aportación en la Premier League. Fue el epicentro destructor de aquél Arsenal de “los invencibles”, que ganó la Premier sin ceder ni una sola derrota en todo el campeonato. “Lo tenía todo, la primera vez que lo vi jugar cuando era un adolescente sabía que era algo especial. Alto, con pies rápidos, lo tenía todo. Él nunca ocultó nada y cuanta más responsabilidad le daba, más fuerte se hacía”, dijo Wenger, que sigue elogiandolo.

Levantó el Mundial de 1998 como símbolo de aquella generación ‘colonial’ de Francia, repitió en la Eurocopa dos años más tarde y su éxito en Londres, le reportó diez títulos que no han vuelto a oler en tierra de cañones. No pudo continuar su brillantes exhibiciones en la Serie A donde, a pesar de jugar en Juventus e Inter, se topó con el Calciopoli y con la edad, ese ente que ha terminado por explotarlo físicamente en el Manchester City. Hoy, Patrick Vieira cumple su primer día de retiro tras anunciar su adiós este jueves. Será ‘novato’ en el nuevo entramado directivo, por lo que no saldrá del universo celeste y podrá seguir divulgando que la diferencia es, ante todo, la potencia bajo control.

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