Histórico
30 julio 2011Jesús Camacho

Mestre Ziza

A falta de diez minutos para la conclusión del partidillo, el entrenador le preguntó:¿Você é o rapaz de Niterói? El chaval asintió con su cabeza y se incorporó al juego.

Y en la inmensidad de un mundo profesional plagado de estrellas consagradas, en la segunda pelota que recibió, prendió la bola en mitad de la cancha y elevó su cabeza. Se pudo intuir entonces que aquel objeto de poder le obedecía, mientras  su determinación marcaba una autopista hacia la leyenda. Sobre sus hombros cargaba la enorme presión de sustituir a Leónidas “el Diamante negro”, pero el sabio Flavio Costa (su técnico) jugaba a caballo ganador, pues en su fuero interno era consciente de que en aquellos mágicos pies, el citado peso era tan ligero como una pluma sobrevolando la brisa eterna que aquella tarde recorrió el campo de entreno del conjunto de Gavea. Aquel chaval dribló a uno, dos y hasta tres rivales, para a la salida del portero batirlo buscando el contrapié de forma magistral.  En su tercer contacto con el balón repitió jugada y con aquel zigzagueo mágico que le definió, dejó claro que la leyenda de Leónidas había encontrado en la figura de Tomas Soarez Da Silva “Zizinho”, a su más inmediato sucesor.

Hablamos de “Mestre Ziza”, pongámonos por tanto de pie, pues pese a que aquel chico pobre de San Gonzalo llamado Tomászinho o Tomászizzinho, pudo llegar a no ser nadie, acabó convirtiéndose en gloria eterna del fútbol y para muchos el mejor futbolista que ha portado la mística camisa de la seleçao.

Muchas historias y leyendas circulan en derredor de su figura y todas corresponden a la valiosísima memoria hablada, a la crónica blanca de palabras inmortales que relatan y filtran a través del tiempo la eternidad de sus sabias jugadas. Circulaba por el romántico Río de Janeiro del año 38, que mientras el “Diamante Negro” se mostraba al mundo en Francia, un jovenzuelo mulato de rasgos indios, que dejó su sello en Carioca Football Club y el Byron de Niterói, antes de ser rechazado por el América y probar con Saö Cristovao, inventaba jugadas de la nada desde el anonimato.

Y aquel menino de rasgos indios y físico menudo que luchó desde el primer día de su existencia contra la pobreza y la nada, encontró en aquella pelota que siempre le obedeció, la mejor arma para blandir la espada de la genialidad. La Lanza de Longinos particular con la que conquistó a todo un pueblo y acabó sucediendo a Leónidas en el imaginario colectivo rubronego, convirtiéndose así en el nuevo Rey de Río.

El gran ídolo de Flamengo, dicen que una especie de Zico de los 40 y 50, aquel que propició que de su fútbol se enamorara toda una legión de niños que soñaban con ser futbolistas, entre ellos Gerson y Pelé.  Pues estos jamás vieron a un futbolista desenvolverse con igual maestría y magia, tanto en la zona medular como en el ataque. De ahí su apodo “Mestre Ziza”, surgido tras la crónica de un periodista italiano llamado Giordano Fattori, que cubría el mundial para la Gazzetta dello Sport. Fattori escribió lo siguiente: “El fútbol de Zizinho me hace recordar a Leonardo, al Maestro Da Vinci pintando algunos de su imponentes cuadros, tan expresivos y cargados de mensajes como su fútbol”.

Zizinho vivió en aquel Mundial de 1950 disputado en su país, la gran paradoja de su carrera, pues se consagró como mejor jugador del Torneo y del mundo, pero a su vez vivió el momento más amargo de su vida. Al caer en la final ante Uruguay, entró a formar parte de una generación estigmatizada de por vida en la que la peor parte se la llevó el guardameta Barbosa. Ondino Vieira (técnico asistente del seleccionador uruguayo Juan López) dio la clave para frenar a la máquina brasileña: parar a Zizinho, arrebatarle el balón, su Lanza de Longinos, haciéndolo Uruguay comenzó a gestar aquel Maracanazo.

Pese a ello en aquel Torneo dejó para la leyenda una memorable actuación ante Yugoslavia, en la que se recuerda un gol que pasó a la historia como el del replay, pues pocos minutos después de haberle sido anulado injustamente un gran gol, fabricó de la nada y su imaginación otro idéntico, driblando incluso al mismo rival y definiendo con igual clase.

Zizinho fue pieza clave en la conquista por parte del Flamengo del tricampeonato de 1942/43/44. Su juego destacó de forma maravillosa en el centro del campo del conjunto rojinegro y hasta su salida para Bangú en 1957, firmó 145 inolvidables goles. De ahí la admiración de todo un pueblo para el que sumaba a su grandeza una dosis de garra que le convertía en un futbolista único y especial. En las filas de Bangú, conjunto de Moça Bonita, permaneció hasta 1957 y marcó 120 goles. Fueron siete años en los que no logró un solo título pero en los que siguió encantando al mundo con su magia.

De aquella época salió la Samba de Bangú que Ataulfo Alves, entonó así: “En el viejo deporte / tu fama no desliza / hubo Domingos da Guia/ sin hablar del Maestro Ziza”.

En 1957 el Sao Paulo, el conjunto tricolor conformó uno de los equipos más fascinantes de su historia, pues con poco dinero hizo un plantel de elevada calidad que compitió duro con Corinthians y Santos, club en el que comenzaba a despuntar un joven llamado Pelé que se postraba ante el fútbol de “Mestre Ziza”. El húngaro Bella Guttman era el técnico, y su 4-2-4 necesitaba en la media un armador capaz de hacer funcionar a los maravillosos puntas que tenía Sao Paulo, especialmente al velocísimo Maurinho y al genial Canhoteiro. Entonces pensó en el mejor armador de su generación, que pese a su edad y alma carioca, era el único capaz de hacer carburar al conjunto paulista dirigido por Guttman. El elegido era Zizinho y Feola le convenció.

Tenía 37 años y con su aportación, Sao Paulo conquistó el título paulista tras trece años de sequía. Bella Guttman llegó a declarar que era el mejor nº10 y más grandioso futbolista que había visto, y en la boca del legendario técnico húngaro era mucho decir. Aquel Sao Paulo bajo la batuta de Mestre Ziza legó al fútbol espectáculos inéditos en cada partido, en su debut ante Palmeiras dejó para el recuerdo un show digno de placa venciendo 4 a 2 y volviendo literalmente locos a sus rivales.

Especialmente legendaria fue la final del Campeonato disputada el 29 de diciembre de 1957 en Pacaembu, que se quedó pequeño para la ocasión. Corinthians que tenía un gran equipo preparó un plan especial para frenar a Zizinho, que tocó en pocas ocasiones la pelota, pero que en tres de ellas puso la diferencia con pases de miel que dinamitaron el plan estratégico del club corintiano. La magia de un tipo de 37 años perseguido por todo el campo había obrado nuevamente el milagro, un milagro que propició uno de los más apasionantes y brillantes duelos de la historia del fútbol paulista.

Zizinho hacía de todo, lanzaba, pasaba, regateaba, iba hacia adelante, ayudaba en la contención y marcaba los tiempos en la creación, para acabar marcando la diferencia en la definición. Era un futbolista total y como tal siguió jugando hasta los 41 años, cuando tras dejar Sao Paulo se marchó al Audax chileno para ser entrenador pero donde acabó dando sus últimas lecciones como jugador y genial profesor.

Además de aquel Mundial del 50, de infausto recuerdo para Brasil, conquistó una Copa Rocca en 1945 y participó en los Campeonatos Sudamericanos (Copa América) de 1942, 1945, 1946, 1949 (en éste, ganó el título), 1953 y 1957. Su talento y dilatada experiencia en la citada competición, le facilitó la entrada a la leyenda de la misma. Pues Zizinho se consagró junto a Tucho Méndez como máximo goleador histórico, dejando para la misma la indeleble marca de 17 goles.

Cuentan que un 8 febrero de 2002, la luminosa Niterói ensombreció su semblante con un cielo gris que acompañó el silencio y el paso de la comitiva fúnebre, dicen que una tormenta eléctrica se desató a su paso y descargó un pertinaz aguacero y rayos sobre la ciudad. Era el alma del fútbol que lloraba y comenzaba a sentir saudade de “Mestre Ziza”, que a la edad de 80 años había puesto fin a su magisterio corpóreo para convertirse para siempre en mito y leyenda incorpórea de otro tiempo.

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