Histórico
7 julio 2011Jose David López

Chile: Borghi, el ‘bichi’ post-Bielsa

Venerado en público, defendido hasta su adiós y querido para la posteridad, el pueblo chileno jamás podrá explicar la marcha de su particular dios futbolístico. Exigieron la presidencia del país en su nombre y, debido a los ‘milagros’ deportivos alcanzados en 2010 (alcanzar la fase final del Mundial y acceder a octavos de final), consultaron con el mismísimo Vaticano, su beatificación. Siendo reconocido como el mejor técnico de la historia del fútbol chileno, Marcelo Bielsa, dejó su parquedad y se despidió como el héroe filosofal de un sentimiento nacional que lo apoyaba fielmente. Un final inimaginable para la mejor generación ‘roja’ en décadas.

Lejos de destruir esa base de trabajo y la confianza en una idea automatizada por los jugadores, la Federación se armó de paciencia tras sus desastrosos vaivenes y acabó encontrando al único personaje que podría aguantar la presión por-Bielsa. El reemplazante más obvio, el que mejor conoce el fútbol chileno, amigo de muchos de sus jugadores y, sobre todo, respetado por la prensa. Los medios, partidarios de Bielsa y fieles a sus doctrinas, han apoyado contra pronóstico a un Claudio Borghi que, mostrando todo su carácter y singularidad, se refirió al propio Bielsa como al hombre “que ha dejado más viudas en Chile que la Segunda Guerra Mundial”. Un ‘guiño’ irónico de una personalidad irremediable que brilló como jugador y ahora busca gloria como DT.

Nunca podía frenar sus impulsos, silenciar su testarudez o callarse ante los mandatos que entendía como un insulto a sus aptitudes con la pelota. La única que le evitó una vida de horrores desde que, con diez añitos, su hermana encontró al padre muerto en la cocina. Siempre comentó que “iba a tomarse unos mates antes de marcharse a laburar, pero no le dio tiempo”. La denominación de ‘trotamundos’, casi quedó pequeña a las aventuras futbolísticas que el ‘Bichi’ fraguó en su carrera en el césped. Lo gestaron en Argentinos Juniors (donde lo compararon con Maradona) antes de levantar la Libertadores del 85, cenó con Berlusconi para llevarlo a un Milan que nunca confió en su potencial, malvivió por clubes europeos ajenos a su calidad y acabó regresando a Sudamérica para dedicar gambetas y ‘rabonas’ (un gesto muy apegado a su juego) por Argentina, Brasil y Chile.

Siendo joven promesa y ya con La Paternal a sus pies, empezó a reflejar su extraña personalidad con constantes roces con su entrenador, José Yudica. Pero pocas veces un futbolistas había causado tanto revuelo extra-futbolístico como Borghi el día que confesó ser mormón y defensor de llegar virgen al matrimonio. Un comediante sin botas, un artista con ellas. Siempre buscaba atacar, pelear, presionar al rival y encontrar soluciones técnicas a cualquier necesidad. Nunca especulaba, necesitaba libertad para brillar y jamás soportaba ataduras tácticas. Esa línea, alejada del amor planificador y detallado de Marcelo Bielsa, es la que ahora pretende inculcar a una selección chilena que, pese a todo, apenas ha sentido el cambio en la mano que mece su cuna.

“Soy como un cáncer en los equipos. Me aprovecho de lo que hay, pero cuando uno es un cáncer tiene que morir con el equipo”. Suficientes palabras como para entender que el ‘Bichi’ decidió aprovechar las virtudes exponenciales de la Era-Bielsa pero marcando su propia identidad rebelde: “Él nunca ganó la Copa América”. La ‘Roja’ de Borghi, sí puede hacerlo.

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