Histórico
21 junio 2011Francisco Ortí

Villas-Boas, el nuevo ‘special one’ del Chelsea

Cuando José Mourinho abandonó el Chelsea, el vestuario de Stamford Bridge explotó en elogios hacia el que había sido su entrenador durante los últimos cuatro años. Una de las declaraciones más sorprendentes fue la de Ashley Cole. El lateral izquierdo reconoció que Mourinho le facilitaba el trabajo a sus futbolistas entregándoles extensos dossiers sobre el equipo rival y un detallado informe a cada jugador sobre el adversario con el que más se encontrarían en el terreno de juego en función de su posición en el once. Por ejemplo, antes de cada encuentro, Ashley Cole recibía una radiografía de los defectos y virtudes del extremo derecho rival.

Lo que no sabía el internacional inglés es que esos informes que tanto le gustaban no los confeccionaba Mourinho, sino que habían sido elaborados por un miembro de su cuerpo técnico, André Villas-Boas. El luso ejercía las funciones de espía para el actual técnico del Real Madrid. Estudiaba a los rivales y los analizaba, convirtiéndose en la mano derecha de Mourinho, a quien acompañó desde 2002 hasta 2008, tanto en el Oporto, como en el Chelsea y el Inter de Milán. Tras su paso por San Siro, donde había sido ascendido a número dos de Mourinho, decidió que era el momento de iniciar su carrera en solitario como entrenador.

Ni Londres, ni el Chelsea, ni el banquillo de Stamford Bridge serán elementos extraños para Villas-Boas. Los conoce perfectamente, aunque esta vez tendrá más presión que en su anterior etapa. Se pone en manos de un Roman Abramovich desesperado por levantar de una vez por todas una Copa de Europa que se le está mostrando huidiza. Será un reto mayúsculo para un técnico de apenas 33 años, aunque la edad nunca ha sido un problema para Villas-Boas. “Se habla con frecuencia de mi juventud y la única forma de acallar las críticas es la de conseguir muchas victorias”, declaró el portugués en su presentación como entrenador del Oporto. Un año después ha levantado para los Dragones una supercopa, una liga, una taça y la Europa League.

Desde una muy temprana edad Villas-Boas demostró que leía el fútbol de una manera especial. Criado en una familia acomodada y con linaje de alto abolengo -es bisnieto del primer vizconde de Guilhomil- Villas-Boas residía en el mismo edificio que Bobby Robson, en ese momento entrenador del Oporto, con quien mantuvo varias conversaciones, aprovechando su buen nivel de inglés. El inglés quedó tan sorprendido por ese chaval de apenas 16 años que decidió incorporarlo a su cuerpo técnico en el Oporto.

Villas-Boas estuvo trabajando junto a Bobby Robson en el Oporto hasta que el inglés se marchó en 1996 al Barcelona junto a José Mourinho. Huérfano de mentores, el joven portugués inició una extraña y sorprendente aventura. Se convirtió en el director técnico de la selección nacional de las Islas Vírgenes Británicas. Sólo tenía 21 años cuando asumió el cargo y en todo momento ocultó su edad. “Era un niño, pero ellos no lo sabían. Sólo les desvelé mi edad cuando me fui”, confesó el portugués.

Tras su ‘travesura’ Mourinho le reclamó para el Oporto en 2002 y comenzó una andadura junto al ahora entrenador del Real Madrid que ha marcado su carrera. “Mourinho ha sido una de las personas más importantes de mi vida“, reconoce, aunque se desvincula de su estilo de juego. Ha sido esta temporada gracias a sus triunfos en Do Dragao cuando la figura de Villas-Boas ha adquirido una dimensión mundial. En el Chelsea se encontrará un equipo que ha perdido la inercia ganadora que construyó Mourinho, aunque su mayor reto será escapar de la sombra de su mentor. Villas-Boas llega a Stamford Bridge con la intención de dejar de ser el nuevo José Mourinho para convertirse en André Villas-Boas, a secas.

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