Histórico
22 junio 2011Jose David López

Martinuccio, goles con ‘gripe manya’

La palabra pandemia dejó de ser un vocablo netamente intelectual, surgieron brotes comunitarios por todo el planeta y su origen, pese a la incredulidad general, aún es confuso (se cree que nació en los cerdos, mutó y dio el salto a especies humanas, contagiándose mutuamente a alta velocidad). Tras catorce largos meses, la conocida como Gripe A, frenó su vuelta al mundo y sentenció a casi 20.000 personas. Hoy, Mendoza (Argentina) vuelve a alertar ante la aparición de más  de 50 casos y una muerte , devolviendo la angustia a un pueblo, el bonaerense, que sufrió con especial dolor aquellos meses de penurias en 2009.

Entre los infectados por entonces, se encontraba un jugador de fútbol, un semi-desconocido delantero de Nueva Chicago (por entonces en ascenso), que pasó semanas de estricto control y que fue apartado de la pelota por imposición nacional. “Había entrenado con normalidad pero me llamó horas después muy nervioso, descontrolado y con mucha fiebre. Superaba los 40 grados de fiebre y apenas podía hablar con fluidez por un fuerte dolor de cabeza y constantes vómitos”. Las palabras del médico del equipo de Mataderos, pusieron en un puño a la hinchada del ‘torito’, que apoyaba con fuerza a su ‘griposo’, el mismo que hoy lucha como estrella de Peñarol para conquistar la Copa Libertadores: Alejandro Martinuccio.

Isopado, cultivo de sangre, radiografía de tórax y cuidados especiales, mimaron durante semanas al delantero uruguayo, que sufría un caso particular de Gripe A. “No hablaba, estaba alicaído, no podía mirarte con normalidad a los ojos”, explicaban los doctores, que expusieron al punta a dosis regulares y estrictas de analgésicos y antivirales. No obstante, sus síntomas podría haberse repartido entre sus compañeros de vestuario y salvar a Martinuccio era salvar al resto. Su malestar obligó a Nueva Chicago a desinfectar los vestuarios y aquellas zonas donde su estrella había paseado días antes. Una semana después, el goleador estaba camino del césped nuevamente para, esta vez con la mirada bien fijada en la red, volver a sentirse especial.

Su relación con el gol y su cariño a la hinchada carbonera, le abrieron las puertas de un Peñarol donde ha encontrado su mejor versión, esa que River (del que es aficionado) y Boca no supieron ver en él cuando apenas era un adolescente (estuvo a prueba en ambos clubes pero lo echaron). Fue el líder ofensivo del Manya que levantó el título uruguayo el pasado curso y ha sido el gran referente y revelación de la Copa Libertadores este año, donde ha pasado de ser el ‘griposo’ a tener casi cerrado su traspaso a la Serie A a partir de este mismo jueves. Su único lujo como profesional del fútbol ha sido adquirir un Peugeot 307, uno que usará en el futuro su padre, taxista en La Floresta, barrio porteño. Humildad absoluta.

Veloz, inteligente en la lectura de situaciones dubitativas en las defensas rivales, sacrificado en presión ofensiva y un filón para explotar las contras que han colocado a Peñarol en instancias que sólo recordaba hacía lustros. Es la gran sensación de torneo, el jugador imprevisible y aquél que representa, para bien y para mal, las esperanzas aurinegras en el Pacaembú tras el 0-0 de hace una semana en el Centenario de Montevideo. “Nunca fuimos favoritos, pero estamos en la final haciendo historia. ¿Quién me podría decir a mí que aquella gripe me deparaba este premio?”, recordaba Martinuccio estos días, reflejando que, su vida, la del ‘porteño’, sólo merece recoger un virus, el del gol.

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