Histórico
8 junio 2011Francisco Ortí

Luis Enrique y la eterna reconstrucción romana

Roma es eterna. Lo es por su capacidad para sobrevivir a líderes incompetentes y coléricos saqueos como el sufrido en 1527 a manos del ejército de Carlos I. Lo es por sus laberíntica fisionomía y su tortuoso adoquinado. Lo es por Miguel Ángel y sus obras inmortales. Lo es por su pesada burocracia. Y lo es por la flemática reconstrucción de sus proyectos. La Basílica de San Pedro sufrió esta dilatada maldición. En 1506 se inició la reconstrucción de la Basílica por orden del Papa Julio II y el proceso no terminó hasta más de un siglo después, en 1626.

Durante ese tiempo el proyecto paso por numerosas manos. Inicialmente se le encargó al artista Bramante. Luego a Ángel Buonarotti. Cuando Julio II murió, León X heredó el papado, derribó el trabajo de su antecesor y solicitó nuevas ideas a Rafael y después a Baltasar Peruzzi. Cuando Clemente VII se convirtió en nuevo pontífice también inició de nuevo el proyecto. Primero conversó con Miguel Ángel y, a la muerte de éste, le encargó finalizar el trabajo a Carlo Maderno. Más de un siglo de obras, en el que la Basílica nunca dejó de funcionar -se oficiaban misas entre escombros- y que concluyó con el resultado que todos conocemos.

El caótico sosiego de la reconstrucción de la Basílica de San Pedro también ha infectado a los clubes de fútbol de la capital italiana. La Lazio evoluciona por un peligroso camino de pendientes, alternando éxitos y fracasos, sin lograr reponerse de los problemas financieros en los que se vio sumida tras la pésima gestión de Sergio Cragnotti y la quiebra del grupo Cirio. En una situación similar, aunque en un escalón por encima a nivel deportivo, se encuentra el otro equipo capitolino, la Roma. La década de la familia Sensi al mando de la entidad giallorosa ha erosionado la realidad financiera del club, hasta cavar una profunda deuda -más de 40 millones de euros- y enfangar a la Roma en numerosos litigios a lo largo de toda Italia.

El caos en la dirección se trasladó a los terrenos de juego. Desde que Fabio Capello aupara al equipo hasta el Scudetto en 2001, por el banquillo romanista han pasado Cesare Prandelli, Rudi Völler, Luigi Delneri, Bruno Conti, Luciano Spalletti, Claudio Ranieri y Vincenzo Montella. De todos ellos, sólo Luciano Spalletti logró completar más de una temporada -con bastante éxito- al frente de La Loba. Diversidad de nombres, de perfiles y de estilos, además de una derrochadora y desacertada política de fichajes, que evidencia la ausencia de una brújula en el proyecto de los Sensi. Sin embargo, el pasado mes de abril pudo haber cambiado la realidad romana con el desembarco de Thomas DiBenedetto.

El empresario italo-americano ha traído nuevos aires a la Roma. Harto de los cambios impulsivos en la política deportiva del club, DeBenedetto quiere construir un proyecto a largo plazo, apelando a la paciencia que ya ha demostrado al frente de los Red Sox de Boston, club del que también es propietario. Su primera piedra en esa reconstrucción tiene sangre española: Luis Enrique. El que fuera jugador del Sporting de Gijón, Real Madrid y Barcelona ha sido elegido por Thomas DiBenedetto para liderar el nuevo proyecto de la Roma, y le ha firmado un contrato como entrenador para las dos próximas temporadas. En la aventura le acompañarán el ex jugador Iván de la Peña, como ayudante, y el periodista Marcos López, quien ejercería de secretario técnico.

Se trata de una decisión arriesgada por la nula experiencia de Luis Enrique en banquillos de primer nivel. Durante su corta carrera como entrenador, que comenzó en 2008, tan sólo ha dirigido al Barcelona Atlètic, aunque con notable éxito. Agarró al filial azulgrana en Segunda División B, logró el ascenso a la Liga Adelante, y lo abandona como tercer clasificado de la categoría de plata. Su buen trabajo en el Mini Estadi ha sido lo que le ha catapultado hasta el Olímpico de Roma. Luis Enrique, quien volverá a verse las caras con Mauro Tassotti (segundo entrenador del Milan), será el encargado de reverdecer los laureles de la Roma. Puede ser el inicio de una nueva historia. O, simplemente, la continuidad de una eterna reconstrucción. Roma es así.

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