Histórico
15 junio 2011Jesús Camacho

Libertadores: Peñarol-Santos, historia de gigantes

Cuando el próximo miércoles los futbolistas de Peñarol y Santos salten al césped del Centenario de Montevideo comenzarán a ser conscientes de que llevan el peso de la historia sobre sus hombros, pues la visión de aquellas camisetas peleando por la Libertadores les transportará en un bucle temporal de 49 largos años atrás. Será justo en aquel instante en el que no podremos evitar que brote en nuestro recuerdo la épica serie que protagonizaron ambos conjuntos en el año 1962, sin duda un gran año para el fútbol. En 1962 Los Beatles lanzaban su primer single “Love me Do” con el que comenzaría el fulgurante ascenso del mítico grupo británico, el mundo afrontaba una de las mayores crisis nucleares de su historia cuando Kennedy se enzarzaba con Kruschev en un tenso enfrentamiento por las presuntas bases atómicas de misiles de medio alcance construidas en la Isla de Cuba y el fútbol coronaba a Brasil y a PeléGarrincha mediante- como bicampeón del mundo en Chile.

Fue un año duro pero de buena cosecha como hemos podido comprobar, especialmente en lo que atañe al fútbol, pues en julio y agosto del 62, la serie final de la Copa Libertadores deparó el enfrentamiento directo entre dos de los equipos más poderosos a nivel mundial de la época. La supremacía del fútbol sudamericano se puso en juego en la Libertadores cuando la camisa aurinegra de Peñarol , fiel reflejo de la garra, la prestación y determinación de su dilatada y brillante historia, osó discutir la leyenda de Santos, un equipo que levitaba sobre el terreno de juego, y en el que seis campeones mundiales  como Gilmar, Mauro, Zito, Pelé, Coutinho y Pepe, más Mengalvio, Coutinho y Dorval desplegaban su desbordante talento, magia y creatividad.

Hablar del Santos y no citar a Pelé es como ir a Roma y no ver el Papa, porque con Orei los relatores radiales agotaron todas sus palabras para definirlo. Vila Belmiro fue testigo del nacimiento de un genio, que supo rodearse de talentosos y fieles escuderos como Coutinho, Pepe, Mengalvio y Dorval. Y hacerlo de Peñarol sin citar a Alberto Spencer, sería como ir a Roma la eterna y no pisar el Coliseo, pues el ‘Negro’ Spencer forjaba en aquella época su leyenda en base a la velocidad e implacabilidad de su remate. Aquel con el que el delantero ecuatoriano reventaba de aplausos la Tribuna Olímpica del Centenario, hoy inundada de pequeños duendes que aún recuerdan e intuyen en el  rumor del viento la centelleante carrera del peruano Juan Joya sobre la raya de cal, su centro apurado al fondo, donde se unen la Olímpica y la Ámsterdam, y la estelar aparición de Alberto  el ‘Negro’ Spencer, emergiendo imparable de entre un bosque de defensas para picar hacia abajo y hacer gol. Una jugada y una acción que se convirtió en santo y seña de un equipo que además trabajaba de forma excelente  otras facetas del juego, pues Peñarol jugaba un fútbol  parsimonioso y de fútbol pausado en la defensa y la zona medular, donde el físico y la confrontación deparaba el sostenimiento de un fútbol que cambiaba  de marcha y se transformaba en alta velocidad cuando entraba en contacto con las posiciones de ataque.

Peñarol vivía sus días de gloria, en la Libertadores salió campeón en tres ocasiones, en los años 1961, 1963 y 1966, mientras los brasileños discutían la prosa aurinegra con la blanca poesía de su fútbol, con la que fueron campeones de la Libertadores  en 1962 y 1963. En aquella serie final tres partidos dilucidaron el campeón de la Libertadores, tres encuentros en los que se vivieron anécdotas para el recuerdo y momentos para la leyenda. En el primer choque disputado un 28 de julio en el mítico estadio Centenario de Montevideo, la significativa ausencia de Pelé provocó que el Santos formara en su línea de ataque con Dorval, Mengalvio, Pagão, Coutinho y Pepe.  Pese a ello vencieron los paulistas 2-1, con dos goles de Coutinho, Alberto Spencer firmó el de Peñarol.

En la vuelta disputada el 2 de agosto en Villa Belmiro, Peñarol le devolvió la moneda venciendo en terreno paulista 2 a 3 con dos goles de Spencer –con 54 goles máximo goleador histórico de la Libertadores- y uno de Sasia, mientras que por parte paulista anotaron Dorval y Mengalvio. Pelé fue una vez más el gran ausente y aquel encuentro quedó para los anales de la historia de la citada competición como “match oficial más largo de la historia del balompié”, certificado incluso por el Guiness. Y es que cuentan las crónicas que Pepe Sasia abrió el marcador para los uruguayos, empatando Dorval, para luego Spencer poner en ventaja al Peñarol 2-1, volver a empatar el Santos gracias a un gol de Mengalvio, y ponerse Peñarol una vez más en ventaja con gol del delantero ecuatoriano de Ancón. Pero justo después del gol de Mengalvio, en el 51 de partido, se vivió un incidente que marcó el curso y devenir de aquella eliminatoria. Una lluvia de piedras lanzadas desde la tribuna impactaron contra el árbitro, en uno de los jueces de línea y en uno de los jugadores de Peñarol. El colegiado chileno Robles tomó la determinación de suspender el partido, pero las enormes presiones de los locales obligaron al juez a reanudarlo “amistosamente” con la intención de evitar un serio problema de desorden público, permitiendo el empate del Santos que fue invalidado a posteriori y ratificándose la victoria de Peñarol.

La pasión desbordó la serie final, la intensidad de los duelos entre Santos y Peñarol provocó que hubiera que llegarse a un tercer partido de desempate en terreno neutral. El Monumental de River fue el escenario elegido para la ocasión, el 30 de agosto de 1962 Peñarol  y Santos pelearon definitivamente por el trono y en esta ocasión el conjunto paulista no dio opción a los uruguayos. Sobre todo porque OREI regresó, Pelé se recuperó para el trascendental choque y el Santos se coronó campeón de la Libertadores venciendo por un contundente 3-0, con un gol en propia meta de Caetano y dos goles del rey Pelé. Pelé acabó con la ilusión aurinegra y le ganó el pulso a Spencer, Santos superó a Peñarol y escenificó uno de los duelos más apasionantes que se podían contemplar en aquella época. Choques intensos, como mucho fútbol, pero también juego subterráneo, gran intensidad y pasión, el duelo personal entre Lezcano  y Pelé, una entrada alevosa del defensa uruguayo y una agresión de Orei.

Duelos legendarios que vivieron su segunda versión en 1965, cuando en semifinales de la Libertadores Peñarol se tomó la revancha, pues Santos ganó 5-4 en la ida y en la vuelta Peñarol 3-2, definiéndose la eliminatoria una vez más en un partido de desempate disputado en Argentina en el que el manya ganó 2-1.  Unas semifinales también para la leyenda, pues cuentan las crónicas que el guardameta titular de Peñarol, Luis Maidana, se tomó una botella de whisky para celebrar el triunfo sobre Santos en Montevideo, y Máspoli decidió sancionarlo y sentándolo para el encuentro decisivo contra los brasileños. En su lugar puso a Ladislao Mazurkiewicz, un joven de 20 años que no era nadie en el fútbol y sobre el que pesaron serias dudas y una enorme responsabilidad. Mazurkiewicz las disipó de inmediato en su primera acción, en la que transmitió a todos la impresión de que llevaba 20 años defendiendo la meta de Peñarol.

Historia pura del fútbol, la crónica legendaria de un enfrentamiento único en Libertadores al que el tiempo ha restado protagonismo principalmente porque ni aquel Santos el de hoy, ni este Peñarol cuenta con futbolistas de la talla de Spencer, Joya o Rocha, pero al que no se le restará un solo ápice de intensidad, rivalidad y pasión, pues en la final de la Copa Libertadores, que disputarán ambos equipos en partidos de ida y vuelta el 15 y 25 de junio, se escenificará una vez más el enfrentamiento de dos estilos de expresar y sentir el fútbol.

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