Histórico
22 junio 2011Jesús Camacho

Libertadores: Alberto Spencer, “el Gamo”

El fusil Spencer, creado por Christopher Spencer marcó un antes y un después en la historia de la guerra y las armas de fuego.  La citada carabina, ampliamente difundida en 1861 con el apoyo del presidente Abraham Lincoln, desarrolló el primer devastador éxito de un arma de combate muy fiable, con una tasa sostenible de fuego de más de 20 disparos por minuto.  Precisamente en aquel ilustre apellido de acero y fuego reside la devastadora capacidad de remate de un futbolista que cambió para siempre el curso de la historia del conjunto carbonero de Peñarol, su nombre Alberto Pedro Spencer Herrera.

Su leyenda sonora descansa en las voces rotas de Heber Pinto y Carlos Solé, que relataron para la gloria aurinegra la devastadora repetición de sus tremendos saltos, la electricidad de su golpeo y sus cabezazos picados. El gamo ecuatoriano volaba por las canchas uruguayas y rompía redes en la Libertadores, quedaban entonces lejanos aquellos años en los que este joven nacido en Ancón, crecía al cobijo de una familia en la que era el decimosegundo de catorce hermanos. Una familia en la que recibió la educación de Walter Spencer, su padre de origen británico y de América Herrera, su ecuatoriana madre.  Y en aquellas canchas de tierra andina comenzó a descubrir el fútbol, con la camiseta del Club Los Andes de Ancón. Luego su hermano Marcos, que jugaba de puntero derecho en el Deportivo Everest se lo llevó en 1953, y allí hizo su debut en 1955 contra Emelec.

Y allí en tierras ecuatorianas comenzó a gestarse la leyenda de un ídolo de dos pueblos, y digo esto porque aquel que en 1957 fue nombrado por la Dirigencia deportiva y la prensa especializada, de Guayaquil, “Mejor Deportista del Año”, comenzó a brillar de tal manera con la selección ecuatoriana que disputó en 1959 el Sudamericano Extraordinario disputado en su país, que fue contratado por el Club Atlético Peñarol, donde se convirtió en uno de los mayores ídolos de la historia del club aurinegro. Debutó en Peñarol el 8 de marzo de 1960 contra el argentino Atlanta y desde ese instante cautivó a todos con su calidad humana y profesional. Su equipo ganó 6 a 0 y Spencer convirtió tres goles. El oro y el negro que perfilan los colores míticos del club de Montevideo no serían lo mismo sin el aporte goleador e histórico del “Gamo”, de aquel muñeco eléctrico que junto al peruano Juan Joya, (que jugaba en la punta izquierda) conformó una de las sociedades más fructíferas de la historia del fútbol.

En los once años que vistió la aurinegra salió campeón de la Liga uruguaya en ocho ocasiones, conquistó 3 Copas Libertadores y dos Intercontinentales, más una Supercopa. Sus 510 goles anotados en partidos oficiales constituyen una buena muestra de la profundidad histórica de este sensacional goleador. Especialmente significativos también los  54 goles anotados en Copa Libertadores, donde sigue siendo el máximo goleador de todos los tiempos. Por este motivo, a partir de la edición de 2009 el trofeo que distingue al goleador de la Libertadores lleva su nombre.

Tiempos y días de gloria para Peñarol, que edificó su leyenda en la tremenda pareja atacante Spencer/Joya, que devastaba defensas rivales, y sobre la columna vertebral que constituyeron futbolistas como Tito Gonçalves, Pedro Rocha y Abaddie. En un país con una tradición futbolística tan profunda y marcada como Uruguay, es complicado llegar desde Ecuador y convertirse en ídolo máximo de un club con tanta solera como Peñarol. Hay que ser muy bueno y este centrodelantero ambidiestro lo era, por ello aún a día de hoy se puede ver en la sede de Peñarol una foto histórica suya flanqueado por dos Torres de Hércules del Teresa Herrera. Una imagen ante la que merece la pena detenerse porque destila la historia y grandeza de este futbolista. Sus goles, su gran humanidad, el cariño de la afición manya, la eléctrica y portentosa carrera que llevaba en los genes anglo jamaicanos que heredó de su padre. Tan buena persona que le hinchaban a patadas y ni alzaba la voz, al punto de que su compañero ‘Tito’ Gonçalves, tuvo que intervenir y aconsejarle que para triunfar en Uruguay tenía que defenderse. Spencer lo hizo de tal manera que se le fue la mano en su primera entrada, lesionando gravemente a su rival. Y es que Spencer no sabía hacer otra cosa que crear y golear sobre una cancha.

Internacional por Ecuador y por Uruguay, como dije ídolo de dos pueblos, máximo anotador de la Liga uruguaya en 4 oportunidades. En la vertical legendaria que dejaron las estelas de sus goles se recuerda especialmente los que le hizo a River Plate argentino en la final de la Libertadores del 66, cuando Peñarol perdía 2 a 1 y acabó ganando 4 a 2. Especialmente el primero, un golazo de volea con la zurda rodeado por defensores. También los tres goles que le hizo al Madrid en la Intercontinental, ganándose los elogios en las crónicas deportivas de la prensa europea.  Por ejemplo Francois Thébaud, de la revista Miroir du Football de París escribió las siguientes líneas sobre él:  Es el único jugador que me hace recordar, por sus cualidades y su estilo al formidable Pelé. Del gran brasileño, tiene Spencer la misma desenvoltura, la potencia, las increíbles posibilidades de aceleración, el sentido que le permite esquivar los golpes, la técnica sin fallas. También un extraordinario juego de cabeza. Juzgándolo por la manera como se entendió con Joya en el segundo gol, su inteligencia para el fútbol colectivo es muy superior a la de Eusebio, a quien exageradamente se ha querido comparar con Pelé. Spencer es el único que soporta comparación con el incomparable futbolista de Brasil”.

La identidad del fútbol ecuatoriano, pues nadie jamás le dio tantos triunfos y alegrías a ese pueblo y a la ciudad de Ancón.  Pueblo al que regresó en 1971, cuando tras once años en Peñarol,  Galo Roggiero, presidente del club amarillo de Barcelona de Guayaquil, lo contrató para que culminara su carrera en Copa Libertadores y el Campeonato Nacional de su país. Pasan ya más de cuatro años que su figura inmortalizada en la historia de Peñarol nos dejó para convertirse en mito. Entonces le llegaron reconocimientos del mundo entero y en su país el  Estadio Modelo de Guayaquil, pasó a ser Estadio Alberto Spencer, pues ‘el Gamo’ sigue siendo sin duda el mejor futbolista ecuatoriano de todos los tiempos y su leyenda jamás perecerá.

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