Histórico
9 junio 2011Jesús Camacho

Jamaica: Bob Marley y el fútbol

Estos días, se está disputando en Estados Unidos la Copa de Oro. Una de las selecciones que mayor impacto y singularidad levanta, es Jamaica. Por ello, queremos hablar de la relación de fútbol entre la pelota, el suelo jamaicano y el gran mito de los ‘Reggae Boyz’, Bob Marley.

Robert Nesta Marley cumplía a la perfección con el perfil, un 6 de febrero de 1945 venía al mundo en un pequeño rincón olvidado por los greens -como se llama a los dólares por aquellos lares-. Un pequeño fruto de la relación de un blanco y una negra, la relación definida por él mismo como el tan repetido históricamente encuentro sexual entre el poderoso blanco y la esclava negra. Su padre capitán de navío inglés -Norval Sinclair Marley- dejó embarazada a una de las sirvientas de la población en el norte de la isla, con tan sólo 16 años.

Criado y surgido de las entrañas del ghetto bien podría haber estructurado el perfil biográfico de uno de aquellos genios que conquistaron el mundo con un balón, pues el citado objeto esférico fue su fiel compañero de infancia, adolescencia y juventud. Todo encajaría en el citado perfil de no ser porque aquel pequeño nació y creció en una pequeña y olvidada isla caribeña para el fútbol y el mundo llamada Jamaica, cuna de grandes velocistas de alma negra que sueñan con el regreso a su África soñada. Un regreso que se produce a diario a través del ‘viaje iniciático’ de la kaya -marihuana- y la “raggamuffin music” –música de los desharrapados-. El trance y la voz de los rastafaris, el discurso de su dios, Haile Selassie y el mensaje de uno de sus grandes profetas: Bob Marley.

Grande de la música, eterno para el reggae y apasionado del fútbol, del que cuentan se sentía más futbolista que cantante poco antes de revolucionar el mundo con The Wailers , los “riffs” y las melodías que creó como ruego a Jah. Y es que Bob sintió muy de cerca al fútbol, al que dicen llegó antes que a la música y se convirtió en el primer medio que le permitió encontrar la libertad: “El fútbol es una habilidad en sí misma. Todo un mundo; un universo por sí solo. Yo lo amo, porque debes tener la suficiente destreza para jugarlo. ¡Libertad! ¡El fútbol es libertad!”. Un deporte que le llegó de la calle y sobre el que reflexionó en más de una ocasión: ”Será por los genes de la familia de mi padre”.

Un año después de sacar su primer álbum de estudio, vivió con intensidad y pasión el Mundial de Inglaterra 1966, posteriormente en el 70 vibró con el fútbol de Brasil y la ópera prima que dirigió Pelé en México. Es más aquel año viajó a Río de Janeiro, donde llegó a jugar contra el brasileño Paulo César, compañero de los genios de la canarinha, que le entregó un preciado obsequio: la camiseta de “O Rei” del Santos. Uno de sus grandes ídolos y componente de la selección de la que era ferviente admirador: “Rivelino, Jairzinho, Pelé, Brasil es mi equipo. A Jamaica le gusta el fútbol debido a los brasileños”. Y puede que por ello su idea de fútbol creativo como medio izquierdo pasara indefectiblemente por el espectáculo, las “salads” -túneles, huachas-. Cuentan también que en Argentina 78 quedó cautivado con el talento y la capacidad de un legendario futbolista argentino llamado Osvaldo El Pitón Ardiles, medio como él.

Sin ningún género de duda el fútbol fue su pasión y justo en el momento en el que su voz dejaba de sonar y su guitarra dormía al son de los acordes de su imaginación, el balón se convertía en su más fiel compañero. Curiosamente nunca hizo alusión al fútbol en ninguna de sus composiciones, posiblemente porque su inspiración era el panafricanismo y su música la creación y el compromiso contraído con su gente. El fútbol, como dije, en su caso se encontraba en el terreno de la pasión, del juego de la calle, del retorno a la infancia. Una pasión por la que acabó pagando un alto precio, pues a causa de una lesión ocasionada en un partido la llama jamaicana del profeta del reggae se fue apagando poco a poco.

Y es que un 10 de abril del 77, en un partido de futbol disputado entre amigos en el Battersea Park en Gran Bretaña, recibió un punzante pisotón del periodista Danny Baker. Marley sufrió una lesión en el pie derecho que comprometió seriamente la integridad de su dedo gordo. Los médicos tras una revisión le detectaron una forma de melanoma maligno y le aconsejaron la amputación del mismo, algo a lo que se negó en rotundo puesto que su religión se lo impedía: “Mi religión no aprueba la amputación. Yo no dejo a un hombre desarmado”.

Buscó soluciones alternativas y en un primer momento los médicos recurrieron a un injerto pero la decisión estaba tomada y su huida hacia adelante fue dando cancha a un cáncer que acabó consumiendo a uno de los grandes genios de la música. Al punto de que un 23 de septiembre de 1980, tres días después de caer desplomado en las calles de Nueva York y tras recibir la dura noticia de poseer una expectativa de vida de un solo mes, dio su último concierto en el teatro Stanley de Pittsburgh. Finalmente el 11 de mayo de 1981, y con apenas 36 años de edad, Marley dejó este mundo y fue enterrado con su Gibson Les Paul, un moño de marihuana, un anillo, el Kebra Nagast (la biblia del movimiento rasta) …y un balón de fútbol.

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