Histórico
4 junio 2011Jose David López

Estados Unidos: Del soccer al fútbol élite

Los vagos recuerdos que un niño adulto de mi edad puede recuperar, siempre van unidos de la mano de citas futbolísticas de primer nivel. En esos términos, los Mundiales ocupan toda la capacidad de mi hipocampo y aunque soy capaz de distinguir momentos de Italia 90 y la semi-desconocida Eurocopa del 92, fue USA 94 la cita que manifestó en mí la pasión que me engancha desde entonces a este deporte. Podría recuperar la Brasil campeona con Dunga, Bebeto y Romario sobre el Rose Bowl californiano, el enorme sentimiento que despertó para mí el fútbol sueco tras una generación única con Brolin, Dahlin o Larsson e incluso me encantaría hablar de la mejor Bulgaria que existió en la historia con un Stoichkov en estado de gracia. Sin embargo, lo auténticamente imborrable lo destaparon los amantes del soccer, la selección local, los Yankees del 94.

Nadie que se etiquete como ‘parabólico’ podría pasar por alto aquél portero de melena al viento (Tony Meola), un central pelirrojo que imponía más respeto por su apariencia que por sus centímetros (Alexi Lalas), un extremo veloz con vanguardistas rastas como cabellera (Cobi Jones) o una estrella mediática cuyo enorme éxito y caché sólo se podía explicar desde el punto de vista patriótico (Eric Wynalda). Allí nació el soccer, un deporte europeo, novedoso y extremadamente lento y aburrido para la sociedad estadounidense, enamorada locamente de otras prácticas de mayor arraigo histórico. Ahora, dieciséis años más tarde, ese deporte minoritario ha dejado de serlo, encuentra cada día un hueco de mayor autoridad y evidencia un crecimiento brutal que podría terminar, porqué no, con un éxito a nivel mundial.

Aquella mítica y ‘bohemia’ generación del 94, imborrable, fue dejando paso a jóvenes formados en las escuelas universitarias (la mayoría de ellas ya incluyen un sistema de estudios adaptado al deporte rey), a imagen y semejanza del fútbol americano, baloncesto o natación. Ante la demanda existente, algo que la extinta NASL (North American Soccer League) no pudo lograr en sus días de gloria, en 1996 se creó la MLS, el primer campeonato profesional de Estados Unidos. Su proyección no tardó en reflejarse pues sus dirigentes, auténticos enamorados del fútbol que derrocharon millones de dólares para involucrar y extender raíces por todo el país, supieron moverse con inteligencia. Tras varias adaptaciones que incluyeron mejoras en el reglamento para europeizarlo y nuevas franquicias para ampliar su radio de expansión, alcanzaron acuerdos de colaboración con la Bundesliga, con la idea de obtener los conocimientos del campeonato europeo de mayor éxito actualmente. Desde 2004, el modelo es exactamente el mismo que rige en Europa bajo la tutela de la FIFA (a excepción de los play-off típicamente americanos).

La progresión de la MLS propició que muchos jóvenes entraran en el universo futbolístico y que las nuevas generaciones estén empezando a reflejar su amor por un deporte que dejó de ser extraño. En una sociedad tan cosmopolita y mundana, cuyas raíces aparecen por cualquier rincón del planeta, la pelota ha encontrado por fin la visión positiva de los norteamericanos, que ahora sí disfrutan y enloquecen (compraron más entradas para sudáfrica que nadie) con los hombres de Bob Bradley. Estados Unidos es ya un habitual de las fases finales, sus jugadores son conocidos en todo el mundo, tienen cierto éxito en los campeonatos de mayor nivel y a nivel de selecciones, ya han demostrado en grandes torneos su capacidad y talento.

Hace dieciséis años, cuando el soccer engendraba sus primeros fundamentos, ganar una Copa de Oro, eliminar a España de la Copa Confederaciones o empatar en el debut mundialista ante la mismísima Inglaterra (aquellos que inventaron este alocado pasatiempo), era una quimera inalcanzable y una teoría absurda. Hoy es el fiel reflejo de un crecimiento que no tiene freno. Donovan, Dempsey, Howard, Altidore, Bradley, Onyewu, Bocanegra… mejoran día tras día en los campeonatos europeos de máximo nivel y forman un bloque compacto unidos por la mentalidad e inteligencia futbolística de Bob Bradley (clave su papel por la filosofía aprendida y alejada de la nula instrucción estadounidense).

Si los 310 millones de habitantes estadounidenses han logrado liderar el medallero olímpico en seis de los últimos ocho Juegos Olímpicos (fueron segundos en los dos restantes), han levantado mundiales en cualquier práctica deportiva y sostienen con orgullo muchos de los mejores campeonatos del planeta, ¿Qué nos hace pensar que el fútbol seguirá mucho tiempo en dominio europeo-sudamericano?

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