Histórico
29 mayo 2011Jesús Camacho

Wembley, 28 de mayo – MVP: FC.Barcelona

En Londres hace frío, sobre el Támesis se proyectan las lunas suburbanas mientras la fresca primavera inglesa se abre paso entre lluvias solapadas. A mi espalda el silencio se hace noticia sobre el impresionante e iluminado arco, que Norman Foster proyectó para perfilar la leyenda de Wembley. Pasan ya cuatro horas que el fútbol devolvió al Barça lo que viene regalando a los aficionados desde hace ya largo tiempo, y la alargada figura de bronce de Bobby Moore reflexiona en soledad ante la majestuosa estela de grandeza que deja a su paso el conjunto azulgrana.

La impregnación histórica de dos Torres Gemelas se difumina sobre el Nuevo Wembley y se asoma entre una bruma legendaria para coronar a uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Y allá, en el lugar en el que las leyendas del fútbol nacen y mueren, en aquel mítico solar en el que hace 58 años unos Magos magyares elevaron el fútbol a categoría celestial pasando por encima de los ingleses, el Fc.Barcelona ha escenificado su afinación pitagórica, su filosofía geométrica del fútbol y la perfección matemática de los triángulos de Guardiola.

El United solo le resistió diez minutos y un gol, pues entre ambos existió un mundo de fútbol de distancia. El tiempo y el espacio suficiente como para que los Xavi, Iniesta, Messi y compañía se hicieran dueños y señores de la pelota sobre aquella hierba legendaria. La demostración física de que los números nunca estuvieron peleados con la estética y de que el balón sigue siendo el principal teorema geométrico de esta batalla esférica. Ayer en Wembley, Leo Messi recibió el premio al MVP del partido, pero en el desarrollo del mismo los goles de Pedro, el propio Leo y Villa, perfilaron sobre el césped las siglas de diferenciación entre un equipo y el otro. Aquellas que creo más que nunca corresponden al conjunto azulgrana, a los valores y filosofía de juego de un equipo que logró reunir en el mismo umbral histórico a la mejor generación de futbolistas de su historia junto al técnico idóneo y mejor cualificado para hacerlos triunfar.

Ayer por encima de todo solo hubo un MVP y ese no fue otro que el Fc.Barcelona, capaz de reducir a diez minutos y un gol, a un sensacional equipo que demostró su caballerosidad aceptando deportivamente la derrota y reconociendo la superioridad del rival. Un partido grande, que reducido a instantes quedó escenificado en el sensacional pase de Xavi a Pedro, su definición, en el bonito gol de Rooney, la estelar aparición del ‘Messias’ en la segunda mitad y la plástica e imparable trayectoria del derechazo al ángulo del ‘Guaje’ en el tercer gol. Instantes de leyenda que quedaron reducidos a la nada tras el gesto de un gigante, como el que tuvo Carles Puyol entregándole el brazalete de capitán a Eric Abidal. Gracias a él, pudimos contemplar al lateral francés elevando al cielo londinense la cuarta Copa de Europa para el Barcelona. Para mí, sin ninguna duda la imagen de la final, aquella que define el excelente grupo deportivo y humano que constituyen.

Otra de las muchas razones por las que Guardiola y su equipo encontraron en Wembley aquella afinación pitagórica que tan maravillosamente han buscado y les elevó a categoría celestial. Esa que convierte el fútbol en juego, disfrute y admiración, aquella que dentro de no muchos años quedará constituida en memoria hablada. Memoria del fútbol y el aficionado, que tardará muchos años en olvidar la categoría de estos futbolistas y el juego de un equipo que trascenderá incluso más allá de sus excelentes resultados.

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