Histórico
26 mayo 2011Jose David López

Manchester United: Van Der Sar, 40 años y un gol

Sólo unos pocos miles de afortunados seguidores del modesto De Graafschap, se habían acercado aquella mañana al coqueto Stadion De Vijverberg. Su equipo había superado el objetivo de la campaña y mantendría su plaza de Eredivisie un año más a falta de cuatro jornadas. Nada mejor para celebrarlo que la visita del gigante holandés, un Ajax, que unos días antes ya había festejado el título tras una temporada prolífica en alegrías y de dominio abusivo sobre sus principales enemigos. El post-Van Gaal no había provocado una catarsis ajaccied, sino la confirmación de la valía de aquella generación.

Sin paliativos, los goles visitantes empezaron a acumularse en el marcador pero la alegría iba a ser completa hasta para el protagonista más inesperado. Un penalti en las postrimerías del encuentro, se convirtió en la excusa perfecta para premiar la estupenda temporada que, como siempre, se había marcado bajo palos Edwin Van Der Sar. No obstante, sólo había recibido 22 goles en todo el curso, muestras de su estupendo momento de forma y de lo importante que había sido en ese ‘doblete’. Sus compañeros no tardaron en decidir que aquella pena máxima tenía destinatario especial, su espigado y fiel escudero. Entre risas y recorriendo ambas áreas, Edwin engañó a su homónimo, disparó a la izquierda y marcó el primer y único gol en toda su carrera. Un ‘extra’ a una trayectoria intachable que tendrá en Wembley su último gran homenaje.

El primero de ellos fue prematuro, quizás inesperado y, con el paso del tiempo, casi milagroso. El Ajax de Amterdam, que tras su grandeza en los 70 había estado ausente de grandes éxitos durante dos décadas, logró recuperar el prestigio de antaño con una generación de jóvenes prodigios acumulados en su espectacular trabajo con la cantera. Litmanen, Davids, Seedorf, Kluivert, Overmars, Frank de Boer y, desde luego, el portero más prometedor del momento, Edwin Van Der Sar. Los ojeadores ajaccied sólo se habían percatado de su capacidad unos años antes pues Van Gaal lo contrató de modestísimo Noordwijk y, semanas después, estaba debutando al primer nivel. Pronto se consagró como número uno de la plantilla, recogía sus primeros títulos y crecía entre premios personales rumbo a un campeonato mayor.

Habiendo tocado el cielo con aquella irrepetible generación ajaccied, la dispersión fue total y el destino para Van Der Sar iba a ser la Juventus. Los turineses pagaron apenas 7 millones de euros y se adelantaron al Manchester United (que por entonces lo quiso contratar tras perder a Peter Schmeichel), y Carlo Ancelotti lo hizo jugar como titular indiscutible durante sus dos primeros temporadas. A pesar de sus buenas estadísticas, dos sub-campeonatos seguidos para la Vecchia, motivaron una renovación en el seno del club que iba a llevarse por delante al portero holandés pues la Juventus acababa de invertir 35 millones de euros en el mejor portero italiano de momento, Gianluigi Buffon. Sin dudarlo un instante y consciente de que la suplencia no era su destino deseado, aceptó sorprendentemente la oferta del Fulham (recién ascendido que pagó casi 9 millones por él) pese a tener mejores opciones. Su amor a la Premier le llevó a Londres y a iniciar un camino por los campos de un campeonato que lo adora desde entonces.

Otras cuatro campañas como cottagers parecían prever el final de su carrera pero, siempre manteniendo un nivel formidable y sintiéndose capaz de contribuir sin problemas físicos, le hicieron crecer como portero. Ganó en juego aéreo, en la lectura de jugadas más físicas y en la velocidad con la que los ataques merodeaban su zona de peligro. Estaba en un club que sufría defensivamente cada partido y, además, en el campeonato que mayor practicidad defiende en tareas ofensivas. Hiper-activo durante cada jornada, Alex Ferguson decidió darle la mayor oportunidad de su carrera con nada menos que 35 años y se lo llevó a Old Trafford, donde había déficit de seguridad bajo palos tras los nefastos intentos con Taibi, Barthez, Ricardo, Howard o Bosnich. El holandés era la solución, la experiencia, el saber estar, la inteligencia y la cordura entre tanta electricidad mal entendida.

Extraordinario en el juego con los pies, con una elasticidad incomparable para su edad y con reflejos de mangosta, su tranquilidad regularizó poco a poco el sistema defensivo del Manchester United. Desde la selección holandesa, donde su caché se mantiene inalterable en busca de un portero que sepa cubrir su enorme hueco, pidieron demasiadas veces su regreso pero Edwin, sabedor de toda limitación de edad, se centró en el United. Durante los dos últimos años su salida ha sido clara, se dio por segura y su retirada parecía inminente pero reculaba y volvía a sorprendernos. Esta vez, los ruegos de su vestuario no serán suficientes y hasta Sir Alex ha decidido no exigir más esfuerzos pues entiende que retirarse en lo más alto es una sabia decisión. “Debí llegar antes al United”, dijo el domingo en su despedida.

Sobre sus centímetros se gestó el último gran proyecto de Old Trafford, el mismo que se coronó dominador inglés, repitió éxito continental y pretende sumar un ‘doblete’ de ensueño este 2011. Allí, en Wembley, estará su gran despedida. Entre risas o lágrimas, se marcharán 40 años de fútbol. Mil paradas y un gol.

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