Histórico
16 mayo 2011Jesús Camacho

Cristiano Ronaldo: La leyenda del búfalo blanco

Existe una vieja leyenda que cuenta que sobre el viento que afila el paisaje indómito y las aristas de las colinas negras de Dakota del Sur, galopa y viaja el Gran espíritu -Wakan Tanka- del pueblo sioux. Un sabio pueblo tan aferrado a la madre tierra y con una relación tan estrecha con la naturaleza que todo gira en torno a ella y se expresa a través de sus ojos, nombres y apodos, otorgados en función a las características humanas y el perfil físico de sus legendarios portadores.

Por ello y para describir las aptitudes físicas y técnicas del tremendo futbolista que ha conseguido llegar a las inalcanzables cifras de Don Telmo Zarra y Hugo Sánchez, recurro a la magia y el ingenio lingüístico de este sabio pueblo. Y es que buscando en aquella leyenda que permanece escrita en los tres dialectos sioux sobre las piedras de las montañas rocosas, descubro la hazaña, el carácter, y vigor de un poderoso guerrero de Funchal llamado, Cristiano Ronaldo. Aquel que lleva a su espalda y a unos centímetros de su número siete, el nombre y la leyenda de Ptaysanwee, el búfalo blanco, aunque bien podría llevar el del oso blanco –Satanta-, del relámpago o de alguna poderosa fuerza natural.

Pues los cuatro vientos –Tateb tob-, únicos testigos de su veloz carrera, pueden atestiguar que en ella residen  las cuatro Regiones del Universo: la negra que representa al Oeste, en el que viven las criaturas del Trueno –Wakinyan-; la blanca que representa al Norte, de donde viene el gran Viento Blanco; la roja que representa al Este, de donde brota la luz y mora el Lucero del alba; y la amarilla que representa al Sur, de donde viene el Sol -Wi-y el poder de crecer.

Cuatro espíritus que en suma no son más que uno, aquel que se manifiesta en una carrera emprendida con la fuerza de la manada del caballo salvaje -Tasunka witko-, del búfalo, el bisonte –Tatanka-, y en la que viaja la elegancia del Alce negro -Hehaka Sapa- y el Ciervo blanco de otoño. También en su conducción, en su control de balón, tan preciso como el ojo del Águila moteada -Wambali Galeshka-, que otea el horizonte y escenifica el instante previo en el que el hermano lobo expresa su instinto salvaje y su hambre de gol a través de su patada atómica y colmillos blancos. Estas, las diversas formas de manifestación de la gran figura totémica blanca, el Ave del Trueno -Wakinyan-Tanka-, aquella que en ocasiones se eleva y suspende sobre una nube azul para conectar un tremendo cabezazo, que retumba sobre la línea del horizonte.

Un horizonte sobre el que se escribe su leyenda, la de Ptaysanwee, el gran Tótem blanco, la arrolladora fuerza de la naturaleza, aquella que a su paso deja porteros caídos, defensas sentados y aficionados de pie, ese que ha entrado por méritos propios en la leyenda de nuestra Liga y que hoy os quise mostrar en unas líneas a través de la poderosa visión y simbología natural del indomable y legendario pueblo sioux.

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