Histórico
2 mayo 2011Jose David López

Bundesliga: La gloria post-caos del Dortmund

La gloria no consiste en no caer nunca, sino en saber levantarte cada vez que te caes. Y el Borussia Dortmund (campeón alemán este fin de semana) lo hizo de manera dramática, violenta y casi definitiva en 2005. Sólo tres años después de levantar su sexto trofeo de Bundesliga (2002) y aún recordando la cercanía de la Champions lograda en 1997, el club se vio envuelto en una grave crisis financiera que lo llevó al ostracismo y a los titulares negativos desde su cúpula directiva. El paso entre el éxito y el caos había sido letal para una entidad incapaz de leer con inteligencia la realidad del fútbol germano, inaccesible a las altas inversiones de mercado y a los excesos en las fichas que forman una plantilla.

Tras haber llegado al cielo europeo con una generación imborrable liderada por héroes como Sammer, Moller, Riedle y con Ottmar Hitzfeld en el banquillo, el club perdió esporádicamente sus mejores bazas, retiradas por la edad o traspasados a clubes de campeonatos más competitivos. La Bundesliga del 2002 (esa campaña se alcanzó también la final de la UEFA), ganada ‘in extremis’ tras una espectacular remontada liguera, representaba el último bálsamo del éxito anterior pues el problema, en la sombra de los despachos con un endeudamiento admitido, ya había comenzado pese a la alegría de los Amoroso (máximo goleador aquél curso), Rosicky, Ewerthon, Oliseh, Koller y un Sammer ejerciendo ahora de líder desde el banco.

El propio club admitió sus errores y acudió a un plan de salvación, una moratoria sobre los intereses y la amortización de viejos créditos. El entonces manager del club, Michael Meier, afirmaba que la situación económica vivía un punto crítico y no dudaba en recordar que se había cometido errores estratégicos financieros como la venta de su histórico estadio, el Westfalen, que lo obligaba a pagar 17 millones de euros  de alquiler por temporada (el club arrendó el estadio a Molsiris, una filial de Commerzbank para asegurarse liquidez y lo recompró en 2006 tomando prestados del banco de inversión Morgan Stanley unos 80 millones de euros). Era el único club alemán en la bolsa y sus grandes años 90, lo habían animado a seguir una línea de crecimiento que pronto sería errónea. Un cruce gris en la fase previa de la Champions 2004 ante el Brujas, les dejó fuera del gran ‘pastel’ económico de la competición, las acciones no aguantaron su momento más delicado y la venta de sus mejores efectivos empezó a ser obligada.

Y allí surgió la figura de Hans Joachim Watzke, el director general y presidente (antes tesorero), que junto al director financiero Reinhard Rauball, reestructuró la deuda justo antes de la quiebra. Frenó las pérdidas, logró vender muchas de las acciones de club y mantuvo cierta estabilidad en lo deportivo, donde el club siempre ha estado bien amparado por su estupenda afición. Sólo así logró dejar atrás aquellos días caóticos y restablecer la normalidad, reflejada con la mejoría de los últimos años y personalizada en un movimiento determinante, el de elegir a Jurgen Kloop como líder deportivo del nuevo proyecto. Técnico joven, experto ya tras una década de sufrimientos y glorias menores en el Mainz, singular como pocos y muy caracterial que, debido a su dominio de las categorías inferiores, supo leer muy bien las intenciones del Dortmund para renovar su futuro.

En silencio y simplemente esperando su momento, se fue reorganizando durante dos años con una nueva filosofía, totalmente opuesta a la hasta entonces reinante. Imperaría la tranquilidad para jugadores jóvenes llegados de clubes modestos a precios módicos y así, de su mano y decisión, llegaron la pareja de centrales Hummels-Subotic (Bayern B y Mainz), Großkreutz (Ahlen), Sven Bender (Múnich 1860) o Lucas Barrios (Colo Colo).

Mientras sus apuestas iban encontrando solidez, la experiencia de Weidenfeller (infravalorado portero germano), Owomoyela y Kehl, hicieron el tránsito mucho más sereno y tras dos años trabajando sin grandes metas a corto plazo, este curso estaba marcado en rojo para Kloop. El acierto en dos de sus apuestas ofensivas, Lewandovski (Lech Poznan) y sobre todo el japonés Kagawa (Cerezo Osaka por 350.000 euros) y la consolidación de Nuri Sahin (es el que más difícil tiene su continuidad por las grandes ofertas que maneja) como la gran perla organizativa del equipo, acabaron por adelantar el plazo de éxito proyectado que había estimado en el Westfalen. Es más, nadie podría haber previsto la aparición de Mario Gotze como estrella decisiva y talentosa de la campaña o la enorme adaptación de Schmelzer (también canterano) y Piszczek (ex delantero del Hertha) a los laterales, valores añadidos cuando corren aires positivos.

Todos forman la mayor aparición de la temporada en el fútbol mundial. Asociación talentosa entre jugadores de gran nivel técnico, un sistema que beneficia la explosión de un ‘cerebro’ creativo como pilar para una visión inteligente de su juego y la acumulación de alternativas ofensivas por la propia libertad de su esquema, que ha ofrecido un show durante muchos momentos de la campaña. Tocó esperar un poquito más de lo esperado, pero los de Klopp, un grupo con 23,53 años de media, supieron rematar a lo grande el año de su regreso a la élite. Un baño de elogios que, esta vez, parece tener mucho más futuro y caminar por vías más sólidas que las de antaño. Intentarán evitar el desmantelamiento. Volverá el dinero (sólo ganar la Bundesliga conlleva 20 millones de euros), pero esta vez, con pies en el suelo. El dolor de la fatiga desapareció, pero el éxito, nunca.

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