Histórico
13 abril 2011Santi Retortillo

Schalke: Edu, premio al actor secundario

Como todo sudamericano, la llamada de Europa es el sueño de cualquier futbolista. Y si eres delantero y brasileño, más. A Eduardo Gonçalves de Oliveira le llegó con 22 años al fichar por el Bochum en el verano de 2003 que acaba de concluir noveno en la Bundesliga. Su ilusión era hacerse un nombre en un campeonato con mucho nivel. En lo individual no tuvo mucha fortuna (ningún tanto en sus 13 participaciones), pero en lo colectivo celebró una clasificación sobresaliente para la Copa de la UEFA. En esa campaña 2003/2004, Edu no se estrenó, pero vio en Ailton (máximo goleador con 28 dianas), Ewerthon (16 goles) y Franca (14) el espejo sobre el que crecer. Tres compatriotas que sí estaban triunfando.

Sus dos cursos siguientes con el club de Renania del Norte-Westfalia fueron extraños. Anotó cuatro tantos y jugó un partido en la Copa de la UEFA, de la que salieron a las primeras de cambio frente al Standard Lieja, pero descendieron a la Bundesliga 2. Una campaña muy mala que se cerró con una noticia desastrosa. El delantero brasileño vio como a los 23 años se despedía momentáneamente de la élite. Junto al bosnio Misimovic como compañero de fantasías, Edu fue pieza clave para que el destierro del Bochum en Segunda fuese únicamente de una temporada. El brasileño hizo 12 dianas, mientras que el entusiasta mediapunta aportó 11.

La mala noticia vino cuando el Bochum no confió en sus servicios, pese a ser factor diferencial del ascenso y cambio de equipo, pero no de país. El Mainz 05 le acogió con los brazos abiertos en la Bundesliga. Poco demostró en los 14 envites que disputó de agosto a diciembre porque en enero de 2007 iba a dar un vuelco a su carrera. Con los de Maguncia en una situación delicada (al final terminaron descendiendo), Edu tenía la decisión de decidir si quería cambiar de continente. Como ya hizo cuando dejó Brasil, el espigado delantero debía enfrentarse a una nueva cultura, un idioma que era un jeroglífico para él y un fútbol del que no tenía referencias. El Suwon Bluewings iba a ser su destino.

Pese a ser un admirador del Milan, del que ha declarado que sería un sueño defender, su avión puso rumbo a Corea del Sur. Ahí compartió vestuario con el defensa internacional croata Mato Nererljak o el ídolo Ahn Jung-Hwan, que en 2002 formó parte del combinado surcoreano que llegó a semifinales del Mundial. Pese a pensarse que iba a tener un nivel muy superior al resto, Edu anotó 12 goles en su mejor temporada. Estuvo tres en total, haciendo 25 goles en 70 choques ligueros. Un registro discreto. Ya con 28 años, y sin ser una estrella en Asia, el brasileño no quiso renovar el contrato, que expiró a finales de 2009. El delantero quiso escuchar ofertas y el 2 de enero ya tenía nuevo asentamiento.

El Schalke 04 decidió repatriarle a la Bundesliga en un año en el que los de Gelsenkirchen fueron subcampeones por detrás del Bayern. Edu aportó dos tantos en la media temporada que disputó, pero lo mejor es que volvía a primera escena mundial, aunque fuese con un papel secundario (el sino del sudamericano en toda su carrera). La buena nueva para él fue que iba a tener la oportunidad de disputar la máxima competición continental. Ya se estrenó en la Copa de la UEFA con el Bochum, pero ahora el Schalke de Magath le brindaba el mejor escenario para hacer su papel.

Sin ser una pieza clave en el esquema del Schalke, y por detrás de Raúl, Huntelaar, Farfán o Gavranovic, Edu ha sabido esperar su oportunidad. Su participación en la fase de grupos de la Champions League se limitó a 45 minutos divididos en las tres veces que Magath echó mano de él al ser carne de banquillo. La tónica siguió siendo habitual en los octavos de final, teniendo que sudar sólo en la ida frente al Valencia con siete minutos, mientras que el 3-1 en el Veltins Arena lo sufrió en su totalidad en la suplencia. Con dos goles en toda la temporada, y con su último gol con fecha del 13 de noviembre, el nuevo inquilino Ralf Rangnick debió darle la responsabilidad en el Giuseppe Meazza.

Sin que le pesase la responsabilidad, quizás sabiendo que como habitual actor secundario no iba a ser juzgado en demasía, Edu desarboló la defensa del Inter y pudo volver a gritar de alegría. Siempre quiso jugar en el Milan, y la semana pasada le hizo dos dianas a su eterno rival para deleite de Gelsenkirchen y asombro de los analistas. A pocos meses de cumplir los 30 años, el brasileño no estará nominado para los Oscars (Balón de Oro), pero seguro que puede guardar en su casa más de una estatuilla de un metal menor por esas actuaciones de forma esporádica. Ante el Inter lo demostró y hoy quiere repetir como el mejor actor secundario del momento.

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