Histórico
18 abril 2011Jose David López

Roma: La nueva ‘reina’ de DiBenedetto

Fueron los pilares de la primera banda de la marina, fueron los escultores-arquitectos de los edificios más atractivos de la imponente Washington y hasta presionaron para levantar la primera casa de ópera en los Estados Unidos. La contribución de los italianos en suelo americano tiene más de cuatro siglos de historia (sobre todo a partir de 1860), suficientes como para gestar una comunidad con enormes influencias políticas y sociales. La inmigración italiana se disparó, la pobreza en su país les obligó a buscar mejor vida y, a base de tolerar trabajos no deseados por los americanos y de leer con ambición las posibilidades de su entorno, lograron salir airosos.

Tenían reputación de ser sucios, analfabetos, delincuentes, agitadores de sindicatos y anarquistas. Muchos de ellos buscaban subsistir pero los más osados, alarmaron todo un país a base de violencia. Crearon mafias por todo el país y los nombres de Al Capone, Johnny Torrio o Bernardo Provenzano, pasaron a dominar calles americanas con sangre fría. Todos acabaron regresando a Italia o muriendo por el camino, pero sólo unos privilegiados lograron enriquecerse a base de aciertos financieros y brillantes inversiones. Ahora, siglos después, uno de aquellos descendientes del ‘sueño americano’, invertirá su ilusión en el fútbol capitalino. Thomas DiBenedetto vuelve a casa para salvar la Roma, “una Principessa e noi ne faremo una Regina” (“una princesa a la que hacer reina”).

Este fin de semana se hizo oficial el traspaso de poderes. La familia Sensi, dueña del club hace un lustro, colocó el cartel de venta hace ya unos años, pero fue hace unos meses cuando Unicredit (el banco que lleva las cuentas rojas de los Sensi), decidió empezar abrir la puerta a los adinerados y pudientes que se animaran. De todos ellos, un italo-americano descendiente de inmigrantes salernitanos a los que los negocios y las buenas compañías (está casado con la vicepresidenta de educación para ciegos de Estados Unidos), lo convirtieron en millonario, fue el que más empeño puso en adquirir la Lupa Capitolina. Y tras meses de negociaciones, dudas por la capacidad financiera real del inversor y despedida de los Sensi (lo hicieron ganando al Lazio en el último derbi), la operación se cerró en torno a los 150 millones de euros. Eso sí, Unicredit se queda con el 40% del accionariado, con lo que el coste final de DiBenedetto no superó los 80 millones.

Dueño de uno de los clubes más importantes del mundo del beisbol (Boston Red Sox), dirige la empresa Boston International Group y lidera casas de informática y de economía. Su mayor disfrute, sin embargo, es su espectacular casa, valorada en más de 2 millones de euros en el lujoso condado de Essex, a las afueras de Boston. Sin embargo, a su llegada a Roma, todo ha sido humildad. Hace un par de semanas aterrizó como turista en clase regular y vestido con un simplista polo naranja. Volvió horas después, con el papeleo listo en sus manos pero topándose con la dolorosa crueldad financiera del club romano. Y es que más allá de su inversión, en la capital mantienen litigios abiertos con medio país y deudas contraídas por más de 40 millones de euros.

Esa nefasta gestión ejercida durante los últimos años, no ha evitado que la llegada de DiBenedetto amontone críticas en el entorno romano. El origen italiano no ha servido para aplacar la tensión y pese a los rumores que ya empiezan a circulas por el mercado de refuerzos veraniegos, la única verdad es que existe escepticismo. La Federación y quienes la engloban, no están nada felices con la entrada al fútbol italiano de empresarios que no sean nacionales y ya hicieron saber a la Roma que su arriesgado cambio de manos podría ser fatal para el resto de rivales. Incluso Ignazio La Russa, ministro de defensa y nacionalista, criticó la compra del italo-americano: “Me recuerda a la película de Totó, cuando le vendía a uno la Fontana de Trevi”. Hay incluso quien lo compara con Gadafi, pues, como el líder libio, DiBenedetto tiene un hijo jugando de titular en los Red-Sox y comentan que, desde luego, no por sus cualidades en el terreno.

Y en un contexto tan controvertido, con el equipo intentando desesperadamente entrar en zona Champions, la afición es la única que decidirá. Apoyar o censurar a un millonario que no siente ni padece los colores romanistas pero que, pese a todo, limpia la deuda de las cuentas y hace soñar con un proyecto deportivo de primer nivel. Por ahora, ya se les intenta convencer con la más que posible llegada de Carlo Ancelotti al banquillo, posibles fichajes como Lavezzi o Pastore y hasta con la opción de instaurar medidas novedosas en el Olímpico, que tomará un aspecto más yankee. Todos necesitan tiempo y tranquilidad pues la princesa, no se convertirá en reina en un día.

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