Histórico
19 abril 2011Jose David López

Real Madrid: Mourinho, pastor del madridismo

Uno de cuatro pero uno clave. Un punto por bando, una igualdad justa en el marcador pero la sensación de que sigue habiendo enormes diferencias entre los dos grandes del fútbol español. La lectura del primer clásico de los que haremos frente en los próximos días, dejó mal parado a quien más tenía que perder, al que había reclamado más incógnitas previas y al que, en definitiva, tiene que cambiar su sistema conforme al rival al que se enfrenta. Admitir debilidades frente al máximo rival duele y mucho. Más si vistes de blanco, tienen 80.000 almas empujando en las gradas y no vale otro resultado que la victoria para pelear lo que ya está prácticamente perdido. Pero mejor es asumir que volver a curar heridas.

Mourinho, protagonista sempiterno antes y después del choque, convirtió la noche en un nuevo ejemplo de fidelidad. No sólo a sus ideales futbolísticos, sino a los siervos en los que ha transformado a todos los socios madridistas. Y es que por vez primera en la historia, celebraron un pírrico empate ante el rival que acababa de arrebatarles cualquier mínima opción a luchar por la Liga. Una estampa que, por sí misma, supone un elogio considerable al proyecto sólido y saludable del Barcelona. Una noche, que consolidó que Mourinho es el ídolo de una afición que lo venera por encima de todo, incluso a costa de mostrar las vergüenzas.

No crucifico la idea del entrenador portugués pues, tras el repaso sufrido en el Camp Nou y las consecuencias de aquella ‘manita’ en las declaraciones a posteriori, estaba claro que tenía que buscar soluciones alternativas. Lo que sí se debe discutir es si, como local y en el único partido que sí permitía cierta libertad estratégica (porque la final es a un partido y la cita de Champions es a doble partido con la Vuelta a domicilio), el mejor intento para regenerar la moral del madridismo, lo ejemplifica trastocar la vocación de un sistema al completo. Es decir, privarnos de Ozil para multiplicarnos la imprevisibilidad, pelea, energía descontrolada, de Pepe.

El portugués redobló esfuerzos en la medular, esa posición en la que una mala pesadilla y un peor despertar de Carlos Queiroz, le otorgó el rol de comodín. No faltará entrega, solidaridad, máximo desempeño físico ni tampoco buena capacidad destructiva si se precia. Su noche no fue mala desde el punto de vista estratégico, desde la mirada de quien no mira un global, sino un individual. Pero sí mostró un enorme déficit en aquello en lo que no puede ofrecer, organización, clarividencia, distribución y manejo concreto del tempo del partido. No hablamos de un jugador adaptable pese a que lo intenten, porque los cánones del luso son estables, muy direccionados hacia su única posición brillante, el centro de la defensa de cuatro. Porque es buen marcador, porque va bien por alto y porque todas esas cualidades están muy alejadas de las del mediocentro que lleve el peso en un partido. Al no ser que te llamen Stoke o que el rojiblanco haya surgido de la nada en la elástica madridista. Todo está por ver.

Pero Mourinho logró convencer a su afición pese al ‘engaño’, pese a dejar aislados a sus mejores jugadores sin un enganche creativo y sin el talento diferencial de quien lo tiene. Y el único que lo posee como norma básica de su ADN es Ozil, el ‘castigado’, el que no levantaría la voz y el que, desde luego, impedía ejercer la propuesta que el míster del madridismo había trabajado en su cabeza. El experimento dejó tantas dudas como temores pues, muy a pesar de la imagen, la clonación de estas intenciones en los tres próximos clásicos es una realidad. El ‘pastor’ habla. Sus secuaces, atienden sin rechistar.

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