Histórico
12 abril 2011Jesús Camacho

Peter Osgood: The King of Stamford Bridge

La austeridad de la elegante pose del personaje de bronce que nos recibe a las puertas del estadio, junto al West Stand de Stamford Bridge, contrasta con la biografía vital de un hombre que dio tanto que hablar dentro como fuera de los terrenos de juego. Su leyenda viajó incesantemente de la alfombra verde del estadio londinense hasta las alfombras rojas que cubrieron el asfalto de King’s Road en la década de los sesenta. Pues en aquel césped y en aquella calle, latió el corazón de un Rey que arrasó en la movida pop londinense de la época. Al pie de aquella estatua de bronce, una placa redacta y define la leyenda de uno de los jugadores más queridos y recordados de la historia del Chelsea.

Basta con leer las dos primeras frases para alzar la vista y percatarse de que al hacerlo contemplamos la icónica figura de un deportista que con su personalidad y talento se ganó el respeto y la admiración de sus coetáneos: “Stamford Bridge tiene muchos héroes pero un único Rey, técnicamente muy agraciado, un delantero con mucho temple. Icono de los años sesenta. Adorado por los aficionados. Goleador inmortal y máximo anotador de las finales de Copa. Un gran hombre de una edad de oro”. Su nombre, Peter Leslie Osgood. Recordado por todos como Ossie.

Grandeza porque como futbolista fue extraordinario, sus compañeros le definieron  como un jugador de primera clase, con talento suficiente como para destacar con su juego con ambos pies. Un tipo con un carisma bastante importante, dominador del juego aéreo, valiente como un león  e irresistiblemente embaucador. Todo ello llevado a la máxima expresión, pues siempre ejecutaba sus acciones de juego con una sonrisa dibujada en su rostro. Y secreto, porque como dicen en Inglaterra, Ossie fue un personaje muy cool, una estrella un tanto fugaz que brilló con fuerza, pues el conocido también como “Mago de Os” lideró a un equipo tan talentoso como anárquico y juerguista. No en vano, Osgood quemó la noche londinense a golpe de glamour, codeándose con personajes como George Harrison, Paul McCartney, Mick Jagger, Sir Richard Attenborough o Steve Mc Queen…

Su carrera, la de un chico nacido en una pequeña calle de Windsor llamada Kentons Lane, un 20 de febrero de 1947. Un joven dotado de un buen físico y una buena base técnica que ingresó en categoría junior del Chelsea para alcanzar la vida eterna en el área del Shed End.  Debutó con la camiseta del club de Fulham Road un 16 de diciembre de 1964, en la victoria 2 a 0 en Copa de la Liga sobre el Workington. Su debut no pudo ser más esperanzador puesto que los dos goles llevaron la firma de aquel joven de diecisiete años. Se recuerda de aquel día el impacto que causó en la afición el debut de aquel chaval alto y muy elegante. En su primer partido se ganó un sitio en el equipo reserva del club, y un año después, Osgood confirmó las más optimistas expectativas creadas con respecto a su olfato de gol.

Ossie encadenó  una racha de doce tantos en ocho encuentros y adornó su carrera de gritos de exclamación, goles y aplausos. Especialmente intensa y destacable la estelar actuación que protagonizó en un histórico partido de la Copa de Ferias ante la Roma, recordado como ‘La batalla de Stamford Bridge’. La leyenda de Osgood acababa de dar sus primeros pasos, aquellos que le llevaron a firmar un auténtico golazo tras una carrera de sesenta metros ante el Burnley, en una acción que le catapultó definitivamente al estrellato y le consolidó en el primer equipo. Una acción que no definía su estilo de juego, puesto que Ossie no era muy rápido en la arrancada y de conducciones tan largas, pero poseía otras cualidades que lo elevaron a los cielos de Stamford Bridge.

Para aquel entonces Osgood era la sensación y estrella de su equipo, aquel al que los relatores radiales calificaban como “Osgood is good”.  Tampoco pasó inadvertido para Sir Alf Ramsey, que pensó en él para el Mundial de Inglaterra de 1966, incluyéndole en una preselección pero dejándole fuera en beneficio de estrellas más consolidadas. Un duro revés en la carrera de Osgood, que vivió otra situación muy delicada poco después, cuando un 6 de octubre de 1966 fue víctima de una durísima entrada de Emlyn Hughes –que jugaba en el Blackpool en aquellos momentos- que puso en serio peligro su carrera. Afortunadamente se sobrepuso a tiempo para volver a hacer historia con la camiseta azul del Chelsea, firmando unos registros goleadores realmente envidiables en la posición de centro delantero durante cinco temporadas más.

Posteriormente el fantasma de las lesiones regresó a su carrera, por lo que inteligentemente y por recomendación de su  amigo Dave Sexton, retrasó su posición, demostrando en su nueva demarcación toda su grandeza. Ossie se destapó entonces como un  llegador letal, que logró mantener sus excelentes y habituales registros goleadores. Aquellos que solo pueden ser calificados como sobresalientes, puesto que Ossie firmó 150 goles en 380 partidos como futbolista del Chelsea.  Fue el jugador bandera de aquel equipo e icono de una generación, todo un fenómeno social. Aunque fuera de los terrenos de juego los dispersaba por caminos poco recomendables para unos deportistas, en el terreno de juego condujo a los Bonetti, ‘Choper’ Harris, Cooke, Hudson y Weller a la conquista de la FA Cup de 1970. Ossie firmó el crucial gol en la fase decisiva del partido ante el poderoso Leeds. Una leyenda que amplió aún más cuando en mayo de 1971, dinamitó con sus goles y su personalidad la final de la Recopa disputada en El Pireo. Y es que cuentan las crónicas que en el primer partido, el Chelsea fue superior al Madrid de los Goyo Benito, Zoco, Pirri, Gento… fruto de ello un gol de Osgood a los 55 minutos de juego pareció decantar la victoria del lado inglés, pero el empate in extremis de Zoco, forzó un partido de desempate en el que Osgood anotó uno de los dos goles con los que el Chelsea se adjudicó la Recopa, al derrotar 2 a 1 al Real Madrid. Se cuenta además que entre partido y partido, Osgood se llevó de fiesta a todo el equipo por la maravillosa noche ateniense.

Aunque fue internacional en cuatro ocasiones, y participó en el Mundial de 1970, su leyenda como futbolista solo tuvo un color, el azul de la casaca del Chelsea. Y es que aunque en 1974 dejara el club para marcharse al Southampton, su regreso cuatro campañas después, puso el merecido epitafio a su carrera en 1979. Su leyenda, la de un deportista a medias, pues su presencia, sus largas patillas y su personalidad hicieron estragos entre las chicas y la noche londinense.  Osgood quemó las calles de King’s Road y se convirtió en todo un fenómeno social. Las mujeres se lo rifaban, al punto de que la espectacular y tremenda Raquel Welch ‘El Cuerpo’, invitada por Richard Attenborough a ver un partido del Chelsea, se fue directa a por Osgood y no dudó en bajar a los vestuarios para citarse con posterioridad con el galán de King’s Road. Un tórrido romance que iniciaron aquella misma noche y que vivió su punto culminante cuando la actriz llegó a presentarse en las gradas de Stamford Bridge con una camiseta con la siguiente y esclarecedora misiva: ‘I scored with Peter Osgood’.

Genio y figura este Osgood, que jamás escondió la realidad que vivía fuera de los terrenos de juego: -‘Mi vida me encanta. Conduzco un coche de carreras, apuesto lo que me da la gana, tengo todas las chicas guapas que quiero y me bebo una botella de vodka al día. Encima, me pagan por jugar al fútbol, y la gente me quiere. ¿Qué más puedo pedir?’

Cuentan que aquel endiablado estilo de vida le cobró factura con el paso de los años, dicen que envejeció prematuramente y que perdió todo el glamour que le había llevado a convertirse en leyenda dentro y fuera de los terrenos de juego, pero su fallecimiento en marzo de 2006 a la edad de 59 años, puso de manifiesto que todos aquellos que habían gozado con la magia, la sonrisa y el carisma de Os, no le habían olvidado. Más de 2.000 seguidores asistieron emocionados a su última carrera eterna en el área del Shed End, lugar en el que desde aquel día, bajo el césped, sus inmortales cenizas dibujan una sonrisa que embellece cada gol que se canta en las gradas de Stamford Bridge.

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